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Poesía

Poesía y Vino

El vino está tan ligado a la vida de los chilenos que casi todos los poetas le han dedicado algunos versos en su honor. Así lo descubrió Mario Ferrero, hace algunos años, quien tuvo la gran ocurrencia de preparar una antología poética del vino, en la cual recoge poemas de ilustres autores. Entre ellos figuran Ángel Cruchaga, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Nicanor Parra, Julio Barrenechea, Juvencio Valle, y otros.

Mario Ferrero escribió en el prólogo de su curiosa antología que "En la poesía, el vino ha sido cantado en todos los tiempos y en todas las lenguas. Fue motivo de exaltada inspiración en los pueblos antiguos y en los modernos. Lo encontramos en los textos líricos de la antigua Mesopotamia; en la vieja poesía egipcia, en la arábica, la griega, la indostánica y la persa..."

Y la romana: "Baco, desde lo alto del entusiasmo divino, está presente en la jornada. El viejo dios de los escanciadores y los maromeros, sonríe detrás de las estrofas..."

Sin beber nadie mitiga los pesares que nos mandan altas órdenes divinas; sólo bebiendo evitamos que los males nos persigan. Con el vino, ¿quién la guerra o la pobreza no olvida? ¿Y quién a ti, padre Baco y a Venus lauros no brinda? (Horacio)

"Y así de siglo en siglo, volcando las vasijas y los fudres, llegó el vino a la poesía moderna..."

"En Chile, país de espléndidos viñedos y rotos de garganta seca, el vino es algo más que un motivo de canto lírico: es la definición de un carácter, la compleja riqueza humana de una singular sicología. Entre nosotros, el vino es el presidente honorario de la chilenidad. El primer invitado del último banquete".

Por su profundidad y extraordinaria expresión hemos elegido dos obras de dos maestros de la poesía chilena: Coplas del vino, de Nicanor Parra, y Oda al vino, de nuestro insigne Premio Nobel Pablo Neruda.

Coplas del vino
(Nicanor Parra)

Ilustración

Nervioso, pero sin duelo
A toda la concurrencia
Por la mala voz. suplico
Perdón y condescendencia.
Con mi cara de ataúd Y mis
mariposas viejas Yo también me
hago presente En esta solemne
fiesta.

¿Hay algo, pregunto yo, Más noble
que una botella De vino bien
conversado Entre dos almas
gemelas?
El vino tiene un poder Que admira
y que desconcierta Transmuta la
nieve en fuego Y al fuego lo, vuelve
piedra.

El vino es todo, es el mar Las
botas de veinte leguas La alfombra
mágica, el sol El loro de siete
lenguas.

Algunos toman por sed
Otros por olvidar deudas
Y yo por ver lagartijas Y
sapos en las estrellas.

El hombre que no se bebe Su
copa sanguinolenta No puede
ser, creo yo, Cristiano de
buena cepa.
El vino puede tomarse
En lata, cristal o greda
Pero es mejor en copihue
en fucsia o en azucena.

El pobre toma su trago Para
compensar las deudas Que no
se pueden pagar Con
lágrimas ni con huelgas.

Si me dieran a elegir Entre
diamantes y perlas Yo
elegiría un racimo De uvas
blancas y negras.
El ciego con una copa Ve
chispas y ve centellas Y el
cojo de nacimiento Se pone a
bailar la cueca.
El vino cuando se bebe
Con inspiración sincera
Sólo puede compararse
Al beso de una doncella.

Por todo lo cual levanto Mi
copa al sol de la noche Y
bebo el vino sagrado Que
hermana los corazones.

Oda al vino
(Pablo Neruda)

Ilustración

Vino color de día,
vino color de noche,
vino con pies de púrpura
o sangre de topacio,
vino.
estrellado hijo
de la tierra,
vino, liso
como una espada de oro,
suave
como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado
y suspendido.
amoroso,
marino,
nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.
A veces,
te nutres de. recuerdos
mortales,
en tu ola
vamos de tumbo en tumbo,
picapedrero de sepulcro helado,
y lloramos
lágrimas transitorias,
pero
tu hermoso
traje de primavera
es diferente,
el corazón sube a las ramas,
el viento mueve el día,
nada queda
dentro de tu alma inmóvil.
El vino
mueve la primavera,
crece como una planta de alegría.
caen muros,
peñascos,
se cierran los abismos,
nace el canto.
Oh tú. jarra de vino, en el desierto
con la sabrosa que amo,
dijo el viejo poeta.
ríe el cántaro del vino
al peso del amor sume su beso.
Amor mío, de pronto
tu cadera
es la curva colmada
de la copa,
tu pecho es tu racimo,
la luz. del alcohol tu cabellera,
las uvas tus pezones,
fu ombligo sello puro
estampado en tu vientre de vasija.
v tu amor la cascada
de vino inextinguible,
la claridad que cae en mis sentidos,
el resplandor terrestre de la vida.
Pero no sólo amor,
beso quemante
o corazón quemado,
eres, vino de vida.
sino
amistad de los seres, transparencia,
coro de disciplina,
abundancia de flores.
Amo sobre una mesa,
cuando se habla.
la luz de una botella
de inteligente vino.
Que lo beban.
que recuerden en cada
gota de oro
o copa de topacio
o cuchara de púrpura
que trabajó el otoño
hasta llenar de vino ¡as vasijas
Y aprenda el hombre obscuro,
en el ceremonial de su negocio,
a recordar la tierra y sus deberes,
a propagar el cántico del fruto.

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