Literatura
Rubaiyat de Omar Kahyyam y el Vino
Texto y Selección de Rodrigo Alvarado Moore.
Extraído del libro "Los Caminos del Vino".
Editorial Univeritaria 1999
RUBAIYAT DE OMAR KHAYYAM Y EL VINO
A los interesados en las artes poéticas acercarse a Omar Khayyam sin duda debe ser un profundo deleite. Sin embargo, para quienes además de apreciar sutilmente la poesía amamos el vino, es causa de un profundo éxtasis perdurable.
Existen numerosos escritos, antecedentes e incluso novelas, que desmenuzan a este extraordinario personaje. Inspirado en dichas disquisiciones de sesudos especialistas en él, que he analizado con óptica enológica, me atrevo a formular algunas originales desde un ángulo vinófilo, sin más inspiración y conocimiento que el propio vino.
Me atrevo a definir a nuestro personaje, por estricto orden de preferencia, como un enamorado del vino, matemático de alto vuelo, místico al revés, que usó el vino como un verdadero misil para "pelear" y quejarse nada menos que de Dios. Además, a través del vino desarrolla toda una conducta de vida, y vacía, también a través de él, sus inclinaciones eróticas, cargadas de poesía pura. Khayyam vivió la respetable cantidad de 84 años (94 para algunos autores). Concluyo, que a pesar de su apología permanente al vino tiene que haber sido un bebedor moderado pues, en caso contrario, no habría sido tan longevo, ni menos capaz de crear las rubaiyat y constituirse en uno de los científicos y matemáticos más destacados de su época.
Khayyam nació entre el 1030 y el 1040, en la ciudad persa de Nishpur. En esa importante ciudad (para su época), sus biógrafos coinciden en señalar que, muy joven, selló un pacto de mutua ayuda con dos amigos. El compromiso era muy simple: el que primero triunfara en la vida ayudaría a los otros dos. Uno de los amigos llegó a ser verdadero gobernante detrás del trono de Persia. Llegado el momento de hacer efectiva la promesa un camarada pidió cargos importantes y prebendas, que le fueron concedidas. Khayyam en cambio solicitó una especie de fuero para que lo dejaran pensar sus logros científicos y escribir sus rubaiyat (aunque con mucha reserva).
Todo este trato tiene especial significado, pues ocurrió dentro de un país y en una época en que la intolerancia religiosa era el centro del pensamiento. Omar Khayyam sólo prefirió sobrevivir frugalmente a cambio, como diríamos con vulgaridad en Chile, de que "no lo jodieran".
Recomiendo a quienes se interesen en este notable espécimen humano, adquirir una de las numerosísimas recopilaciones de sus rubaiyat todas acompañadas de análisis válidos y sorprendentes sobre el personaje. Llama la atención que fue descubierto por los occidentales recién a mediados del siglo XIX, gracias al inglés E. B. Cowell, y fue otro inglés, Edward Fitzgerald, discípulo del anterior, quien lo tradujo a ese idioma. La primera versión en castellano data recién de 1907. Para algunos fue un gnóstico, científico, historiador, experto en calendarios (inventó uno que tiene error de un día en mil años), matemático (creó métodos para extraer raíces cuadradas y cúbicas), astrónomo (director del observatorio de Merv), estudioso del derecho, de la metafísica y otras tantas disciplinas. Perteneció a la escuela mística de los sufis. Se estima que las rubaiyat mostrarían en forma alegórica este pensamiento (rubai significa cuarteta en persa, es decir una forma de escribir poesía, y rubaiyat es el plural).
Khayyam fue también un sensualista, pero no en el sentido hedónico en que esta palabra se entiende en el misticismo cristiano, tradición en la que lo sensual se opone a lo espiritual. En el sufismo persa, en cambio, existe una biunidad orgánica que Khayyam refleja en sus poemas: su sensualidad no sólo no se opone a la espiritualidad, sino que conduce a ella. Para los sufis el vino representa el éxtasis de la unión cuyo resultado es el conocimiento: el valor simbólico del vino en Khayyam sólo puede ser comprendido si se recuerda el aserto sumí:
No es el vino el que nos embriaga,
sino nosotros quienes embriagamos el vino
Para medir la profundidad y enfoque espirituales de Khayyam reproduzco los siguientes rubaiyat no enológicos, antes de entrar de lleno en el vino y la sensualidad.
KHAYYAM "PELEA" CON DIOS Y LA RELIGIÓN
¿Trataré aún durante mucho tiempo de llenar de piedras el Océano?
No siento más que desprecio por los libertinos y losDevotos.
Khayyam, ¿quién puede afirmar que tú irás al Cielo o al Infierno?
Primero, ¿qué es Cielo o Infierno? Conoces a algún Viajero que haya visitado territorios tan singulares?
En los monasterios, en las sinagogas y en las mezquitas
se refugian los débiles a los que el Infierno espanta.
El hombre que conoce la grandeza de Alá
no siembra en su corazón los granos del terror y de la Imploración.
Nuestra cosecha en este mundo
es sufrir hasta el último instante.
¡Felices aquellos que parten pronto!
¡Más felices aquellos que no nacerán!
Dime: ¿Dónde está el hombre que no haya pecado?
Dime: Quien no haya pecado... ¿Como habrá podido vivir?
Si por el mal que yo hice me castigas haciendo Tú el mal:
¿Cuál es la diferencia que existe entre Tú y yo?
Soy indigno del infierno y del paraíso.
Dios sabrá con qué tierra me ha modelado.
Soy hereje como un derviche , feo como una hetaira.
Carezco de religión y de esperanza del cielo.
En la mezquita, en la sinagoga y en la iglesia
se aterran con el infierno y buscan el paraíso.
Semejante semilla no germina en el hombre
que conoce el secreto del Autor de las horas.
RUBAIYAT EN LAS QUE EL VINO ES LA PIEDRA BÁSICA DE SU PENSAMIENTO, O BIEN UN ARMA CONTRA LA INSATISFACCIÓN, Y LA MUERTE
Cuando me
eclipse la
sombra de la Muerte y
se sujete el hacecillo de
mis días, os he de lla-
mar, amigos mío, para
que me conduzcáis al
sepulcro. En polvo
convertido, modelaréis
un ánfora que colma-
réis de vino. Quizás en-
tonces me veréis
resucitar.
Perdona, mi Dios, mi corazón prisionero.
Perdona mi alma rebosante de pena.
Perdona a estos pies míos que me llevan a la taberna.
Perdona a mi mano que acerca la copa.
No sometas tu cuerpo a la pena
para conquistar la plata y el oro.
Brinda con tus amigos antes que el aliento se enfríe.
Después de ti tus enemigos serán quienes brinden.
¿Nuestro tesoro? El vino. ¿Nuestro palacio? La taberna.
¿Nuestros fieles compañeros? La sed y la embriaguez.
Ignoramos la inquietud porque sabemos que nuestras
Almas,
nuestros corazones, no tienen nada que temer del polvo,
del agua, del fuego .........
Me dicen: "¡No beba más, Khayyam!"
Yo les digo: "Cuando he bebido,
Oigo lo que dicen las rosas, los tulipanes y los jazmines.
Digo, incluso, lo que no puede decirme mi bienamada".
Cuando la sombra de la muerte se alargue hacia mí,
cuando la gavilla
de mis días haya sido anulada, os llamaré y vosotros me
llevaréis, amigos míos.
Cuando me haya convertido en polvo, haréis, con mis
cenizas, una urna que llenaréis de vino.
Quizás, entonces, me veáis revivir.
¡Bebe vino! Recibirás vida eterna.
El vino es el único filtro que puede devolverte tu
Juventud.
¡Divina estación de las rosas, del vino y de los amigos
sinceros!
Goza de este instante fugitivo que es la vida.
Ten cuidado porque te separarán de tu alma.
Te pondrán detrás del telón de los secretos de Dios.
Bebe vino, porque no sabes de dónde vienes.
Toma tu alegría, porque no sabes a dónde vas.
Date prisa en atrapar algún fruto en la tromba del mundo.
Siéntate en el trono de la alegría y aproxima a tus labios tu copa.
A Dios le importan un bledo la oración y el pecado:
Goza a fondo aquí de tu dulce placer.
Bebe vino igual que la raíz del sauce bebe la onda clara
del torrente.
Alá sólo es Alá ¿Qué sólo Alá lo sabe todo, dices?
Cuando me creó, sabía que yo bebería vino.
Si me abstengo de beber, la ciencia de Alá estaría en falta.
Tú has quebrado mi cántaro de vino, mi Dios.
Tú me has clausurado la puertas del gozo, mi Dios.
Soy yo quien bebe, pero tú cometes los verdaderos desórdenes.
Llénese mi boca de tierra: ¿Estarás borracho, mi Dios?
No me preocupa saber dónde podría comprar el manto de la Mentira y del Engaño,
pero voy siempre en busca del buen vino.
Mi cabellera ya es blanca. Tengo setenta años. Y no dejo hoy la ocasión
de ser feliz porque mañana, quizás, ya no tendré fuerzas.
El vino procura a los sabios una embriaguez semejante a la de los elegidos.
Nos devuelve nuestra juventud, nos devuelve lo que habíamos perdido.
Y nos da lo que deseamos. Nos quema como un torrente de fuego, pero también
Puede cambiar nuestra tristeza en agua refrescante.
Aunque el vino ha podrido mi alta reputación,
Yo no lo rechazaré, mientras aún respire,
A menudo cavilando sobre aquello
que los Viñateros compran
Igual en valor a aquel vino
que ellos venden.
Bebido esta noche, al pasar
por la taberna,
Un compañero en la bebida
Me convidaba de una jarra.
Grité: "Viejo hombre, ¿no temes al
Creador?"
"Ven", me dijo. "¡Dios es generoso!
¡Ven a beber!
¡Toda mi juventud florece hoy de nuevo!
¡Vino! ¡Vino! ¡Que tus llamas me abracen!
¡Vino! No importa cuál.... Yo no soy difícil.
Creedme, el mejor lo encontraré amargo, ¡como la vida!
Cuando el árbol de mi existencia no dé más frutos.
Cuando mis miembros se hallen dispersos.
Cuando hagan copas con mis cenizas,
Esas cenizas revivirán con tu vino.
Procurad despertarme con vino.
Lavadme con él si persisto en mi muerte.
Hacedme con pámpanos mi mortaja y enterradme
en un jardín con rosas que recubran mi tumba.
Quien bebe es el que escucha cómo hablan las rosas
y no las pobres gentes de pensamientos tardos.
Ésas no saben nada. Preciso es perdonarlas
porque sólo los ebrios gozan del bien del mundo.
Nadie puede comprender lo misterioso. Nadie es capaz de ver
qué se esconde bajo las apariencias. Todas nuestras moradas
son provisionales, salvo la última: la tierra.
¡Bebe vino! ¡Basta de palabras inútiles!
Oigo decir que los amantes del vino serán condenados.
No hay verdades, pero sí hay mentiras evidentes.
Si los amantes del vino y del amor van al Infierno,
el Paraíso debe estar vacío.
Ya que de tus placeres te queda tan sólo el recuerdo
y no tienes otro amigo que la copa de vino,
regocíjate de que aún sea tuya
y no la dejes escapar de tus manos.
Una noche vi en sueños a un sabio y me dijo:
"Nadie mientras dormía se encontró con su dicha.
¿Por qué cometer un acto parecido a la muerte?
Bebe vino, porque pronto dormirás bajo tierra".
Si has bebido vino toda la semana,
bebe también el viernes porque para el que cree
no existe diferencia entre viernes y sábado.
Adora a Dios y no a los días.
Un beato le dijo a una hetaira:
"Borracha, caes a cada instante en los brazos de todos".
Respondió ella: "¡Oh beato: Soy todo cuanto dices!
¿Eres tú el que pareces?"
A nadie le ha sido prometido un mañana.
Mantén en la dicha tu alma nostálgica.
Bebe el vino en el claro de luna,
mi amor, que la luna brillará muchas noches sin volver a encontrarnos.
RUBAIYAT DEDICADOS AL AMOR Y AL VINO
En primavera voy a veces a sentarme en la orilla de un campo florido.
Cuando una hermosa muchacha me trae una copa de vino,
no pienso siquiera en mi salvación.
Si tuviera esa preocupación, valdría menos que un perro.
Bebe vino porque dormirás mucho tiempo
bajo tierra, sin amigo, sin mujer.
Yo te confío un secreto:
los tulipanes marchitos no vuelven a florecer.
Al poderío de Kai-Kaus, a la gloria de Kai-Kobad.
A las riquezas del Khorassan, yo prefiero una urna de Vino.
Estimo al amante que gime de felicidad,
y desprecio al hipócrita que murmura una plegaria.
Lo mejor es que abandones tus estudios y rezos.
Abrázate a una novia, que despierte en ti el éxtasis.
Escancia en tu copa la sangre de los racimos.
Antes de que las horas derramen la tuya.
No mancilles tu corazón alegre.
No tritures en una muela tus instantes felices.
Ya que nadie conoce el futuro, lo mejor es el vino,
una niña adorable y un muelle reposo.
Un jardín, una jovencita ondulante,
una urna de vino, mi deseo y mi amargura:
Éstos son mi Paraíso y mi Infierno.
Pero, ¿quién ha recorrido el Cielo y el Infierno?
Ya nada me interesa. ¡Levántate y escánciame vino!
Esta noche tu boca es la más bella rosa del universo...
¡Vino! ¡Que sea rojo como tus mejillas
y que mis remordimientos sean tan ligeros como tus bucles!
Levántate. El alba ha llegado y tú me enloqueces.
Puntea el arpa y bebe vino muy calmadamente.
Aquellos que aún duermen no serán molestados.
Aquellos que se marchan jamás volverán.
¡Un poco más de vino, mi bienamada!
Tus mejillas no tienen aún el resplandor de las rosas.
¡Un poco más de tristeza, Khayyam!
Tu bienamada va a sonreírte.
Bebe vino antes de que tu nombre desaparezca.
Cuando este néctar te inunde narcotizarás tu tristeza.
Deshace bucle a bucle los cabellos de una diosa
antes de que deshagan tus articulaciones los gusanos.
Los sabios no te enseñarán nada.
Pero la caricia de las largas pestañas de una mujer te revelará la felicidad.
No olvides que tus días están contados y que pronto será la presa de la tierra.
Cómprate vino, llévalo aparte y luego déjate consolar.
A nadie le ha sido prometido un mañana.
Mantén en la dicha tu alma nostálgica.
Bebe el vino en el claro de la luna,
mi amor, que la luna brillará muchas noches sin volver e encontrarnos
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