Literatura
Viaje por "Los caminos del vino"
El profesor Rodrigo Alvarado mira en retrospectiva una de sus célebres obras dedicadas al vino en donde "confieso, hidalgamente que he quedado sorprendido..."
12 de julio de 2008
Rodrigo Alvarado Moore
Es casi una norma rígida que cuando los padres de familia son consultados cuál de sus hijos es el preferido, la respuesta cliché es: "para mi son todos iguales". Sin embargo, a pesar que ello pudiera ser cierto, lo normal pero mantenido en estricto secreto, es que siempre hay uno que ocupa el primer lugar, conciente o inconcientemente. Respecto a los libros ocurre exactamente lo mismo, por lo menos a mí.
"Los Caminos del Vino" editado por Editorial Universitaria en 1999, no ocupa un lugar de privilegio dentro de mis preferencias, tanto que no lo había releído, por lo menos desde hace cinco años o más (escribo en 2008). Pero, los que "piensan el vino", que son pocos y muy selectos, no escatiman elogios para él:
La Enciclopedia Salvat del Vino, edición del año 2001, se refiere al libro en los siguientes términos:
Una obra genial que llega mucho más allá de la enología, destacando como investigación cultural de notable alcance humanista.
Cuando conocí tan loable párrafo estimé que se trataba de una opinión para "salir del paso", pues para mi "Los Caminos del Vino" era un libro "de segundo nivel", dentro de la decena ya publicados cuando apareció la Enciclopedia. Pero, hace poco tiempo, una persona muy docta, sin que mediara razón o interés alguno, se refirió a él:
"...como lo más importante que se ha escrito sobre la vitivinicultura chilena ya que existe un antes y un después, desde el día en que se publicó".
Ahora ya eran dos opiniones coincidentes, demasiado categóricas y profundas, procedentes de mentes despejadas objetivas y desinteresadas. Ello me indujo a releer el libro y confieso, hidalgamente que he quedado sorprendido conmigo mismo. Se trata de una obra absolutamente original en su génesis, que conceptualiza, es decir forja conceptos sobre un ente, en este caso el vino, que adquiere una personalidad propia, original, independiente e irrepetible.
He tenido que hacer un análisis introspectivo y recurrir a la buena memoria, que felizmente me acompaña, para dilucidar qué circunstancias lo inspiraron, hace ya casi diez años. La conclusión a que llego es bastante obvia; para mí el vino, ser humano real y tangible, había recorrido muchos caminos dentro de su "vida", que no se habían relatado, ni menos analizado. Hitos históricos, caminos recorridos de la mano de los hombres ilustres que conocen sus dificultades para imponer su verdad. Otros ángulos relacionados con los caminos pavimentados para él por poetas chilenos y entre los olvidados y poco considerados a Omar Khayyam , poeta persa de la Edad Media, recién descubierto en occidente a comienzos del siglo 20, que se jugó la vida por difundir su amor integral por él.
El fino humor que inspira es otro camino recorrido con especial cariño, inspirado en lo más genital, como diría Neruda, del pueblo chileno.
La última parte está referida a una suerte de queja o más bien profunda pena, que se expresa contrastando su influencia y asimilación ancestral a nuestra cultura y el actual olvido, al incluir "Réquiem para el vino en un pueblo que fue vinero".
Me parece que más allá de lo expuesto no me corresponde a mí exponerlo. Lo señalado es un reflejo de las razones que tuvo mi alma para, sin darse cuenta, acompañar al vino a través de los caminos siempre diferentes, tan simples como un anillo, pero tan diferentes todos pues, en la medida que se recorren, van dejando atrás lo que no se volverá a ver; ningún viaje es igual a otro. Me lo inculcó mi madre al escribir:
Ansiedad de vagar
por los vastos caminos
y mis noches pasar
en un valle dormido
SYLVIA MOORE (1948)
Artículo Original: http://www.lacavadebaco.cl//index.php?option=com_content&task=view&id=53&Itemid=4
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