A partir de este mes, me sumergiré dentro de vinos tintos y blancos para contar la historia de nuestro país, a través de 20 Capítulos, aproximadamente. Se trata de una iniciativa muy pretenciosa, una suerte de batalla virtual, librada encima de un escritorio.
No es el primer libro relacionado con el vino y su historia que escribo; soy autor de "El Vino en La Historia de Chile y el Mundo", cuya primera edición se encuentra agotada( Editorial Origo 2003) y circula con buen éxito y mejores críticas por Estados Unidos y el Reino Unido, la versión en inglés, titulada "Chilean Wine-The Heritage.
Sólo soy un fanático aficionado a la historia, a la del vino en particular, que nace desde mis tiempos de colegial, motivada por ser discípulo de un excelente profesor del ramo, se complementa con el ambiente docto de mi hogar, y madura cuando me encuentro con el vino, al comenzar mis funciones como ejecutivo de un gremio del área, hace ya muchos años. Este me embriagó con su encanto y desde entonces he leído, casi con exageración, cuanto se ha escrito en torno a su historia.
Respeto muchísimo a los historiadores que se refieren al vino. Sin embargo, casi no he encontrado quienes lo analicen relacionándolo, además, estrechamente, con las circunstancias técnicas que lo han envuelto durante su larga vida. Por ello que mi amistad con él va por la vía de analizarlo, con mayor acuciosidad desde los ángulos que marcan su historia científica-tecnológica es decir, interpretaciones de los por qué.
Todo este esquema se origina por el hecho de sentirme más cómodo ser considerado como cronista de la historia del vino y no como historiador, porque, obviamente, no lo soy. Algunos suponen que mi profesión es la de escritor y otros le agregan historiador; sin embargo la verdadera y oficial es la deingeniero agrónomo-enólogo. Lo señalo para evitar equívocos.
¿Qué les parece que convengamos esta condición y así, además, me blindo frente a los posibles dardos de los historiadores profesionales?
Rodrigo Alvarado Moore, Septiembre 2008
El autor agradecemuy sinceramamente la inestimable permanente colaboración de la Asociación Vinos de Chile A.G. y la gentileza de Revista LA CAV.
Las opiniones que se emiten en este capítulo y todos los siguientes, son de exclusiva responsabilidad del autor.
Para alcanzar una visión objetiva e integral de las consecuencias históricas y socio culturales del desarrollo de la vitivinicultura en Chile, se ha estimado pertinente indagar, como un primer paso, respecto a la conducta de los habitantes, frente a la producción y consumo de sus bebidas alcohólicas que producían , antes que conocieran el vino y otras derivadas de la vid (vitis vinífera sativa), introducida a sus territorios por los conquistadores, a principios del siglo XVI. Ello provocó profundos cambios en sus costumbres y conductas sociales que, de cierta manera, han definido aspectos muy significativos de nuestra nacionalidad y desarrollo. Estas influencias fueron especialmente notables en Chile, respecto al resto de América, pues en este territorio la adaptabilidad de la vid y consecuente divulgación, fue rapidísima.
Los indígenas americanos en la era precolombina y entre ellas casi todos los chilenos, incluían diferentes bebidas alcohólicas en sus dietas habituales, y muy especialmente en sus reuniones sociales y ceremonias rituales, de acuerdo a las diferentes disponibilidades de materias primas de la variada geografía que reúne el continente americano La excepción está dada por los pueblos australes, onas y alacalufes, entre otros, que carecieron por razones climáticas, de frutos y granos, materias primas necesarias para generar bebidas alcohólicas.
Las materias primas necesarias para generar bebidas que posean alcohol, pueden ser cereales u otros granos que contengan almidón, los frutos y toda expresión vegetal que posea azúcar. Estas, sobre la base de condiciones medioambientales determinadas no especialmente sofisticadas, generan alcohol diluido en diferentes concentraciones, en relación directa con la concentración de azúcar (fructuosa) o almidón desdoblado, según el caso, que posean las materias primas involucradas. El fenómeno es consecuencia de la fermentación efecto bioquímico natural, originado por levaduras indígenas o salvajes del género Saccaromyces (generalmente presentes en el medio ambiente) que, a través de sus fermentos, transforman el azúcar de los frutos en alcohol, con desprendimiento de anhídrido carbónico y generación de calor. Similar efecto ejercen sobre el almidón, que se obtiene a partir de granos.
Los integrantes de las civilizaciones más primitivas, "desde siempre", supieron que cualquier grano u otro elemento vegetal que contenga almidón, por efecto del agua (o la saliva) se desdobla transformándose en un materia prima fermentable, similar al azúcar. En consecuencia, si existe vegetación y se suma a ello otras condiciones suficientes para que los frutos o granos maduren, producir bebidas alcohólicas elementales resulta una faena que no requiere de conocimientos ni técnicas muy evolucionadas.
Los antecedentes conocidos respecto a este tema desde la prehistoria del Viejo Mundo, que se remonta a la existencia de los más primitivos asentamientos humanos y con mayor razón en periodos posteriores, han sido muy bien analizados por científicos de las distintas áreas involucradas en el tema. Todos coinciden en que, la producción, consumo y empleo de bebidas alcohólicas, especialmente en ceremonias rituales, han sido hechos inherentes a los hombres de todas las etnias identificadas, casi sin excepciones. El fenómeno es muy similar el referido respecto a lo encontrado por los conquistadores en la futura América. Obviamente que aquí los plazos se estrechan a la existencia de asentamientos humanos a partir de, "apenas" doce mil años, (el más antiguo encontrado hasta ahora, año 2008). Al llegar los europeos, el vino era conocido y consumido por sus ancestros desde que se presume se produjeron las primeras fermentaciones de mostos de vides, por lo menos siete mil años antes. Por lo tanto el vino no era para ellos una novedad, más bien parte natural de sus hábitos de consumo. Su consumo se matizaba en coexistencia con la cerveza, que se ha demostrado fue producida antes que el vino. Estas "cervezas" tenían un origen muy similar a las bebidas autóctonas americanas, llamadas genéricamente "chicha". En efecto, ambas se obtienen de la fermentación, junta o separada, de frutos y granos. En el actual Medio Oriente dátiles y granos, como la cebada y el trigo, en América maíz, quínoa, otros granos y varios frutos diferentes, dependiendo de la región que se trate.
Respecto a los procesos seguidos, para provocar el desdoblamiento del almidón presente en los granos, resultan ser sorprendentemente similares en ambos extremos del mundo: la acción , preferentemente de mujeres, que los masticaban y naturalmente agregaban saliva, es decir la humedad necesaria los escupían a un tiesto, donde se iniciaba el proceso fermentativo, reforzado por la presencia de un débil fermento llamado ptialina, presente en la saliva humana. Es decir se registraba un arcaico proceso "industrial" de maltaje, paso previo para la transformación de los almidones en azúcar y su posterior fermentación.
Varios autores coinciden en definir la palabra "chicha" que se refiere a todas las bebidas autóctonas producidas entre los habitantes precolombinos de América; a continuación se reproduce la más adecuada:
"Palabra que define a una bebida fermentada de baja graduación alcohólica, de dos a no más de siete grados, que se obtiene por la fermentación de azúcares o almidones que se transforman en alcohol gracias a la acción de las levaduras del género Saccaromyces".
Esta definición que refleja la realidad, muestra un hecho que es objetivamente válido es, sin embargo negativo, pues, además de haber generalizado y lamentablemente "borrado" el nombre propio de las muy diferentes bebidas autóctonas producidas en América, ha sido la causa de la pérdida de sus respectivas identidades y además, induce a graves errores de apreciación que se han mantenido hasta ahora.
En el caso de Chile la definición de "chicha" se asimila a lo que se entiende por "chicha" desde la llegada de la vid, un producto obtenido de ésta absolutamente distinto a la chicha genérica, definida en el párrafo anterior. Incluso dispone de definiciones legales que se encuentran en la Ley de Alcoholes (Nº 18455) y su Decreto Nº 78 que le asignan 11,5 y 4 grados de alcohol, respectivamente.
Por lo tanto, queda establecido que en Chile el uso de la expresión chicha, es una poco feliz asimilación a la costumbre heredada de los conquistadores ya que es absolutamente ajena, se insiste, a las bebidas autóctonas homónimas chilenas y del resto de América.
El origen de la palabra es, además, producto de un error. Se atribuye, aunque no existe consenso para ello, al nombre propio de una tribu del istmo de Panamá llamada chichab, y co-pah, la bebida que obtenían de él. Los conquistadores acogieron erróneamente aquella palabra, es decir el nombre de la tribu, (fonéticamente más amable), la que se impuso para referirse a todas las bebidas alcohólicas con que se encontraron durante sus conquistas y de hecho reemplazó, rápidamente, a otras autóctonas tan gratas como azúa en Perú, y a las mapuches mudai y pulcu.
Según diferentes historiadores y el folclorista Oreste Plath.las siguientes "chichas", entre otras, se producían en Chile precolombino:
Jora ocach ir hecha de maíz, en la actual Provincia de Tarapacá
Muday, obtenida a partir de maíz por los mapuches, entre los ríos Itata y Toltén. Además podía hacerse con mezclas de otros cereales y papas Según fueran los distintos sectores en que se producían y algunos cambios en su composición también recibieron el nombre de pulku, koncho,kekun y melan.
Los diaguitas y los atacameños llamaban ckilampana a la chicha de algarrobo(Prosopis s.p.). Los españoles la denominaron aloja de algarrobo.
La obtenida de maqui (Aristotelia chilensis) era llamada teca, tréco, teca o trecu,la que llegó a ser muy apreciada.
Otras muy conocidas fueron las obtenida del molle o lilén (Shinus latifolius) que se llamó müchu o muchi.
Mención especial merecen las preparadas por los indios pehuenches, con los frutos del pehuén (Araucaria araucana) , los llamados piñones, denominada chavid-pulco.Muy apetecida también la guarango o cancan obtenida de los frutos de la palma chilena (Jubaea chilensis).
Para poder comprender mejor el encuentro de las civilizaciones europeas del siglo XVI y las americanas, respecto a las bebidas alcohólicas, específicamente en el caso de Chile, es necesario tener en cuenta las consideraciones que se plantean a continuación.
Mientras en el Viejo Mundo se produjo una larga y progresiva coexistencia entre cervezas que no alcanzaban a más de 4º de alcohol y vino que superaba con creces los 10º, en Chile el "choque" entre ambas bebidas fue drástico y violento, no así en el resto de América del Sur, donde obtener vino u otras bebidas similares a éste, respecto a su graduación alcohólica, se debe tener presente que resultaba imposible, hasta fines del siglo XVI cuando comenzó la producción de bebidas destiladas, como por ejemplo el ron.
La vid se aclimató, como ya se dijo, mejor que en sus regiones originarias, generó vinos exquisitos, infinitamente más atractivos y estables que las mal llamadas chichas autóctonas y además muy pronto se fabricó aguardiente, destilado de vino provisto de 40º grados, o más.
Esta demostrado que la producción de vino y sus derivados fue explosiva, lo suficientemente rápida, como para impedir que los cronistas de la época hayan tenido contacto prolongado con poblaciones indígenas que consumían alcohol, sólo proveniente de sus propias chichas. Es presumible que las apreciaciones de ellos estuvieron referidas a pueblos ya influidos por los frutos de la vid. En efecto, a pesar de la guerra permanente entre los conquistadores y los mapuches el intercambio de vinos y aguardiente, especialmente, de una u otra manera existió, muy pronto después de la llegada de los conquistadores. Además hay versiones de uso de uva de viñedos abandonados con motivo de las guerras, cuyos mostos fueron empleados por los indígenas, y ¿ por qué no sus viñedos cultivados por ellos? (El fenómeno descrito ocurrió varios siglos antes cuando las tribus bárbaras derrotaban al Imperio romano.)
Los cronistas de la conquista coinciden en calificar muy negativamente las conductas de consumo de los pueblos nativos, en especial los mapuches. Pero, se insiste, ninguno de ellos los conoció o recibió informaciones lo suficientemente objetivas y claras de sus consumos, en la etapa precolombina, es decir antes que llegara la vid y se produjera vino.
Al revisar párrafos de estos detractores se puede leer por ejemplo a Núñez de Pineda quien escribe: sirven los cantaros de vino y de mudai. Una versión recogida por Pardo y Pizarro calificada como Anónimo señala: ...más el vino era más fuerte que ellos. Todavía se hallaron hombres que de una sentada se bebían más de una arroba1 de aquel vino...Nótese que menciona la palabra vino, para diferenciarlo de las otras bebidas alcohólicas.
Es válido formular una duda que cabe en el campo de lo absurdo ¿Cómo pudieron haber opinado objetivamente cronistas europeos sobre conductas precolombinas si contemporáneamente con el arribo de ellos y la vid el lugar analizado dejaba de ser precolombino? Obviamente no pueden haber conocido directamente lo que ocurría en América antes de su descubrimiento. Otro argumento: Sobre el pueblo mapuche se concentran las descalificaciones de los cronistas originales. ¿Por qué no ocurrió un fenómeno similar con otras etnias conquistadas en el resto de América? Se responde: Porque no conocieron el vino y sus derivados en cantidades significativas; en esos lugares fue una bebida sólo reservada para las elites, atendida su escasez.
Es aceptable que los mapuches precolombinos y otras etnias afines pueden haber sido proclives a la bebida. Pero resulta muy improbable que ella hubiere llegado a niveles casi patológicos, como se suele afirmar. Existen varias razones para sostener el aserto.
A continuación se plantean algunas:
Sus chichas apenas alcanzaban 4º, nivel alcohólico que difícilmente puede inducir al alcoholismo; además sus brebajes no pueden haber perdurado más de unos pocos días; se trataba de productos altamente inestables susceptibles a numerosos ataques microbiológicos pues, es obvio que la asepsia en los procesos productivos era completamente desconocida. Para producirla realizaban faenas esporádicas, con motivo de celebraciones sociales o rituales especiales. En el transcurso de ellas es muy posible que hayan bebido en exceso pues muy bien sabían que la misma, al día siguiente ya estaría convertida en vinagre o algo parecido, por supuesto imbebible. Cabe tener presente también que, aunque conocieron la fabricación de vasijas de greda muy primitivas, éstas eran pequeñas y por ende es improbable que hayan podido reunir cantidades significativas de chicha. El acopio de sus bebidas en cantidades importantes era, en consecuencia, una misión imposible. Se discrepa de algunos autores que mencionan disponibilidad de vasijas de madera, pues la técnica para fabricarlas y en forma muy arcaica, fue desarrollada en Europa recién a partir del siglo XV. Imposible en el período precolombino.
En consideración a lo expuesto se concluye que los indígenas chilenos precolombinos, al igual que casi todas las civilizaciones del mundo, consumían bebidas alcohólicas. Resulta muy aventurado e injusto calificarlos como bebedores desordenados, viciosos o sujetos de cualquiera otra expresión peyorativa.
Más adelante se analizarán las consecuencias de su encuentro con las bebidas derivadas de la vitis vinífera sativa, es decir en el Chile post colombino. Se trata de una historia completamente distinta.
Es habitual que las referencias relativas a la introducción de la vid (vitis vinífera sativa) al llamado Nuevo Mundo se restrinjan a exponer, muy brevemente y sin consideraciones adicionales, sólo al hecho que ello ocurrió en el segundo viaje de Cristóbal Colón. Desde esa fecha en adelante el tema se considera definido y las crónicas se reinician con la llegada de la vid al país que interesa analizar, en este caso Chile. Pero, se estima indispensable romper este criterio pues entre ambas fechas hay apasionantes historias, verdaderas epopeyas. Analizarlas y conocerlas contribuye a lograr una visión más integral de hechos cuyo significado va bastante más lejos que el de la simple introducción de una planta a América, originada en otro Continente. En el caso de la vid se colige al considerar los efectos económicos, culturales, sociales y costumbristas que ha originado en la formación de las identidades de los habitantes de los diferentes países que se crearon en América del Sur, como consecuencia de su introducción.
Antes de cinco meses de conocido el primer viaje de Colón la flor y nata de los navegantes, empresarios y aventureros de aquellos años, estuvieron preparados para iniciar la segunda expedición a su mand. Muchas especies vegetales y animales fueron embarcadas, para probar suerte en las nuevas tierras que se explorarían. Desde Cádiz zarparon 17 naves y 1500 hombres, y recalaron en las Islas Canarias para reaprovisionarse; el viaje se extendería hasta el 11 de junio de 1496.
Las primeras vides que llegaron a América fueron traídas personalmente por Colón, en la nave que él comandaba. Ello consta en el Memorial del Almirante de los Reyes, que elevara por medio de D. Antonio de Torrres. El referido documento dice textualmente como sigue:
".. y de unos poquitos sarmientos que se pusieron es cierto que no hará mengua el andalucía ni el sicilia aquí".
Basado en el párrafo anterior se colige que, muy posiblemente, Colón embarcó las vides desde las Islas Canarias, escala obligada para navegar hacia el sur, hecho indujo a muchos atribuir origen canario a las variedades País, Criolla, Negra peruana y Misión, cultivadas en Chile, Cuyo,Perú y México, respectivamente. Recién se ha demostrado, científicamente (en 2007 por el Instituto De Investigaciones de Chile ) que se trata en realidad de una sola variedad o cepa, cuyo nombre es Listán Prieto, originaria de España Sin embargo, Colón fracasó rotundamente al tratar de aclimatar esta variedad( lo mismo le habría ocurrido con cualquier otra). Durante su viaje desembarcó en varias islas de las Antillas Menores, además específicamente en Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo y Jamaica. Todas estas islas tropicales no son aptas para el cultivo de la vitis vinífera sativa, que requiere de clima conocido como mediterráneo, es decir con estaciones marcadas y diferencias importantes de temperatura ambiente, entre el día y la noche, entre otras características inexistente en el trópico (Existen registros que indican: Las vides echaban pámpanos en 7 días y a los 24 agraces.)
Por lo tanto, las plantas de Colón no fueron, ni remotamente, una base de descendencia para las futuras vides que prosperarían en México, 31 años más tarde. Lo más pertinente es afirmar que sus vides "se perdieron en la noche de los tiempos"
Al meditar la frase de Colón: y de unos poquitos sarmientos se demuestra que las vides se movilizaron por medio de estacas de sarmientos fértiles, provistos de yemas viables (esquejes, es la palabra correcta) que fueron traídos en esas pequeñas naves, o bien las primeras plantas se obtuvieron de semillas de pasas de uva, teniendo en cuenta que las pasas eran alimento obligado de los marinos de entonces. Algunos documentos demuestran que se trajeron vides, incluso arraigadas, lo que habría asegurado disponer de variedades completamente definidas. Hay numerosas constancias en el Archivo de Indias respecto a la forma, el nombre de las naos y los maestres que las condujeron:
Ellas se colocaban en grandes pipas o toneles, seccionados por el medio, con la parte abierta hacia arriba, se los rellenaba de tierra y se los colocaba en las cubiertas de los navíos, llevando allí la mayor cantidad de sarmientos y plantas vivas posibles.
En cambio, si bien es posible reproducir las vides, que son plantas hermafroditas, a partir de semillas, atendido su sistema de polinización que es "abierto", para obtener plantas con genotipo homogéneo es decir de variedades definidas, es preciso recurrir a técnicas de selección complejas, de lato desarrollo e inciertos resultados, que sin duda entonces no se conocían. Por lo tanto, no se descarta el hecho que en algunos casos durante el proceso de divulgación de la vid en América se emplearon semillas, pero a través de ellas se obtenían poblaciones de vides muy heterogéneas, posiblemente para cultivos caseros y excepcionalmente masivos, tema que se analizará más latamente ; por lo tanto, se puede presumir que los viticultores, siempre que les fue posible, recurrieron a esquejes de variedades definidas. Tal como lo indican los antecedentes ya reproducidos del Archivo de Indias hacerlo, aunque muy difícil, era posible.
No obstante que el cultivo de la vid en el Nuevo Mundo era una de las primeras prioridades que se plantearon los conquistadores, inducidos por la Iglesia, que requería vino para fines sacramentales y por supuesto con el respaldo de la Corona, se sabe que recién 31 años después del Descubrimiento se plantaron las primeras vides. Ello no fue un hecho espontáneo si no que consecuencia de una célebre orden emitida el 20 de marzo de 1524 por el Conquistador de México (Nueva España), Hernán Cortés, que dice textualmente lo que sigue:
"Cualquier vecino que tuviere indios de repartimiento, se obligue a poner proporcionalmente cada año mil sarmientos de vid aunque sean de la planta de su tierra, hasta que llegue a la cantidad de cada repartimiento de cinco mil cepas".
Agrega la orden más adelante: Ingerir las cepas de la tierra con las vides de España.
A partir de esta orden es posible deducir varios hechos de caracteres técnicos e históricos. Estos últimos muy conocidos. En especial la épica conquista de México y las cruentas batallas entre los propios conquistadores, que obviamente escapan de este análisis pero que, indudablemente, indujeron a postergar la realización de esta faena.
La orden de Cortés agrega, además, interesantes soluciones técnicas ya que al incluir la trascendente frase (desde el punto de vista técnico) "Ingerir en las cepas de la tierra con las vides de España" es decir injertar la vid europea sobre especies americanas, indica que la temible filoxera vatastris existía desde entonces en esos suelos. Además otorga a Cortés el mérito de anticiparse más de trescientos años a la solución que encontraron los europeos para controlar el flagelo cuando, accidentalmente, llegó a Europa arrasando con la vitis vinífera sativa , a mediados del siglo XIX y desde ahí a todo el mundo, salvo a Chile, hasta esta fecha(2008).
No era difícil abastecer con vinos a esos territorios desde España, lo que habría postergado la decisión imperativa de plantar Se dice por ejemplo que "Juan de Grijalva fue el primer español que compartió el vino con los representantes aztecas de Moctezuma, hacia 1517 en Tenochtitlan". Obviamente se trataba de vino español.
Según algunos historiadores hay evidencias del uso que los indígenas le daban a las llamadas vides silvestres o americanas, especialmente la cimarrón y otras como la riparia, rupestris, berlandieri y labrusca, para preparar el ahora llamado "vino de acahuil".Este se componía, además, de otras frutas y miel. Sin embargo, existen otros antecedentes que lo contradicen absolutamente: El Marqués del Valle, en su Historia General de las Indias, señala "No conocían el licor de las uvas, aunque habían vides (americanas) y por eso harían vinos de maíz, de frutas y de otras yerbas muy buenas" Las especies de vides antes nombradas ("parientes de la vitis vinífera sativa) en el siglo XIX se comenzaron a emplear en Europa y el resto del mundo, hasta la actualidad, como porta injertos para obviar los efectos excluyentes de la filoxera, ya que sus raíces son resistentes a la acción destructora del insecto.
México, en su extremo norte se acerca al paralelo 30 de latitud norte, límite que los especialistas consideran como el extremo sur de ese hemisferio, adecuado parra cultivar la vid. Por ello que las plantaciones pudieron fructificar, especialmente en tierras altas, de localidades ahora denominadas Guanajuato, Querétaro, Sonora, Baja California y Puebla, entre otras. (Es sabido que en tierras altas se morigeran las características del clima tropical, marcándose las estaciones y las caídas térmicas nocturnas adecuadas para el cultivo de la vid.)
Este análisis señala como título que en México la vitis vinífera sativa encontró raíces y se agrega para cerrarlo, pero no tierra.
Al descubrirse el Mar del Sur ahora conocido como Océano Pacífico, la expansión de de la Conquista pronto alcanzó al sur de América. Mientras los territorios dominados por los incas sucumbían entre 1532 y 1534 frente a un grupo de conquistadores comandados por Francisco Pizarro, hacia 1541 los españoles se establecen en Colombia y en Chile, liderados por Jiménez de Quezada y Pedro de Valdivia, respectivamente. En 1536, Diego de Almagro realizó la primera expedición a Chile muy dura y penosa, pero sin establecer asentamientos. Todos estos desplazamientos fueron "a lomo de caballo".
Existen antecedentes que refieren a los españoles dedicados a plantar vides con buen éxito en los territorios que rodean al Cuzco, y sin necesidad de injertar. Estas plantaciones fructificaron bien no obstante encontrarse muy distantes del límite norte del Hemisferio Sur, fijado como técnicamente adecuado para el cultivo de la vid, gracias a un clima de baja pluviosidad, y una amplia disponibilidad de tierras altas en sus variadas serranías, condiciones que obvian las características sub tropicales, negativas para el cultivo de la vid.
La historia de la vitivinicultura peruana es apasionante dado su espectacular auge y posterior caída.
De acuerdo a escritos del padre Cobo el primero en cultivar la vid en Perú fue Hernando de Montenegro en la ciudad de Lima en 1549. Otras fuentes señalan al fraile Bartolomé de Terrazas en 1548. El Inca Gracilazo de la Vega sostiene que fue el fraile Francisco de Carabantes en 1545 Al igual como ocurrió en Chile casi simultáneamente con estas fechas, como más adelante se describe, fueron los misioneros quienes junto con desarrollar sus funciones religiosas, plantaron, implantaron y extendieron el cultivo de la vid en las nuevas tierras. Esta tuición es muy similar a la establecida por la Iglesia en Europa, varios siglos antes, como consecuencia de la caída del Imperio romano.
El segundo país donde la vid se plantó en América fue en el futuro Brasil, en su costa meridional el año 1532, en un lugar denominado Capitanía de San Vicente. Tampoco en ese importante territorio el vino tuvo cabida como bebida popular, porque su vitivinicultura no encontró en su amplio territorio climas ideales y por ello siempre fue y es en la actualidad, una actividad comparativamente muy poco significativa, dentro de su variada economía.
Los conquistadores, una vez consolidados en el actual Perú, y haber obtenido importantes cantidades de oro, motivo central de sus desvelos, se generaron graves rencillas, e incluso guerrillas, motivadas por las insaciables búsqueda de más riquezas y la urgencia de consolidar el dominio de la totalidad del Imperio inca, que se extendía hasta el río Maule, casi 3000 km. hacia el sur. Deliberadamente engañados por los incas iniciaron muy pronto la conquista del actual Chile, donde en el lejano valle de Aconcagua, ubicado aproximadamente, 2.500 Kms. al sur del Cuzco, se les aseguraba que había abundante cantidades de oro. Pero, además de la enorme distancia, de por medio se encuentra el entonces llamado despoblado (Desierto) de Atacama, uno de los más áridos y extensos del orbe.
En julio de 1535 el adelantado Diego de Almagro (1475-1538) reunió 135 expedicionarios e inició una misión de reconocimiento hacia el actual Chile, desde el Cuzco. En el transcurso del viaje se unieron otros expedicionarios, hasta alcanzar a 250 españoles más 2000 yanaconas, (indígenas de servicio) Para evitar atravesar el despoblado de Atacama eligió una vía sur oriente, bordeando el lago Titicaca en el altiplano boliviano para, a continuación de varias jornadas virar, al sur poniente y cruzar la Cordillera de Los Andes, por el paso de San Francisco( 4726 m de altitud) .Después de una penosísima travesía agravada por un otoño especialmente crudo, llegó al valle de Copiapó, en abril de 1536. Desde Coquimbo se dirigió al Valle de Aconcagua, otros 400 Km. más al sur, donde sólo encontró indígenas que practicaban agricultura de subsistencia y lavaderos de oro agotados.
Una expedición ordenada a su lugarteniente Gómez de Alvarado sobrepasó el río Maule, 250Km más al sur, límite obligado del Imperio inca, establecido por los fieros indios mapuches, registrándose el primer combate entre éstos y españoles, en la batalla de Reinogüelen, la que les causó enormes pérdidas a ambos bandos.
Conocidas todas estas desgracias, los expedicionarios decidieron regresar al Cuzco en 1537, desordenadamente, esta vez cruzando el Desierto de Atacama.
Los innumerables inconvenientes que relataron desprestigiaron a Chile como proveedor de oro u otras riquezas y por ende, todo interés por aventurarse en sus territorios quedó postergado.
Pedro de Valdivia, (1497-1553) obtuvo autorización de Francisco Pizarro, para realizar otra expedición, quien le otorgó el título de "teniente de gobernador" de las tierras que conquistara. Partió del Cuzco en enero de 1540. Había logrado reunir apenas once soldados y mil yanaconas; eligió la ruta del Desierto de Atacama que empleó Almagro en su retorno. En el transcurso del viaje se unieron Rodrigo de Araya, a continuación Pedro de Villagra y finalmente, en la localidad de San Pedro de Atacama, Francisco de Aguirre.
En diciembre de 1540 llegó al valle del río Mapocho, donde poco después fundaría Santiago del Nuevo Extremo, la actual Santiago de Chile, el 12 de febrero de 1541.
Valdivia y sus lugartenientes eran soldados, hombres de armas, cuyo objetivo y vocación era conquistar los nuevos territorios descubiertos, fundar ciudades y doblegar a los indígenas que se les opusieran. La resistencia de los mapuches que dominaban el sur del país fue motivo de duras batallas. En la de Tucapel, al sur de la actual ciudad de Concepción, acaecida en 1553, murió en combate.
Existen numerosas versiones respecto a quién atribuirle el mérito de haber sido el primero en introducir la vid a Chile. Sobre la base de antecedentes de algunos muy autorizados historiadores parecería pertinente otorgárselo al fraile jesuita Francisco de Carabantes, quien por vía marítima habría traído desde Perú, esquejes que fueron desembarcados en la bahía de Talcahuano, en 1548.
Carabantes realizó numerosas actividades vitivinícolas en Perú, donde, entre muchas otras se le considera fundador de la primera viña establecida comercialmente. Se sabe que, entre 1551 y 1553 logró traer los primeros esquejes de uva tinta (variedad País?) desde Las Islas Canarias o directamente desde España . Las crónicas registran que debido al largo viaje, la mayor parte de ellos se perdieron; sólo quedaron "unos cuantos" que fueron plantados en el pago Tacaraca en Ica y en el Cuzco. Estas plantas eran consideradas como verdaderos tesoros y se protegían con guardias armados día y noche. Bernabé Cobo relata que Carabantes llevó a Chile una planta completa y varios esquejes. La primera le fue vendida en tres mil pesos y cada esqueje en cien.
No es posible asegurar si Carabantes además de haber introducido la vid a Chile, fue también viticultor. Se desconocen antecedentes al respecto, pero lo más probable es que no lo fue, pues como se indicará a continuación, existen relatos bastante detallados relativos a varios vitivinicultores, entre los que no aparece Carabantes.
Tornan más enigmáticos estos relatos "oficiales" la opinión del historiador Tomás Thayer Ojeda quien, en su obra "Reseña histórica y biográfica de los eclesiásticos en el descubrimiento y conquista de Chile", que incluye una lista completa de todos los hombres de Iglesia que arribaron a este país, entre 1536 y 1560, señala: "no se registra la llegada de ninguna persona con el nombre de Francisco de Carabantes".Además afirma que la primera viña fue la plantada por García de Cáceres, en 1554.
Más enreda este "ranking" la opinión del investigador René León Echaíz, quien sostiene con muchos antecedentes que un tal Jerónimo de Larco, poseía una viña y obtenía vinos en su chacra de Peñalolén, en ¡1546!
Respecto a Carabantes, es válido analizar::¿ Por que llevó sus plantas hasta territorios donde se sitúa la actual ciudad de Concepción, donde la existencia de indígenas hostiles era mucho más activa que en Santiago? Además, es presumible, de acuerdo a los antecedentes transcritos, que la cantidad de plantas que trajo fue bastante exigua. Se podría suponer que no obstante Concepción se fundó sólo en 1550, Valdivia ya había establecido, en 1548, algunos campamentos, verdaderas bases de apoyo para combatir a los mapuches. Estos fueron el origen de varias ciudades que se fundarían posteriormente.
Debe tenerse presente que el cultivo de la vid requiere riego, tanto natural, por efecto de las lluvias (lo que habría inducido a Carabantes desembarcar sus esquejes en el lluviosa Talcahuano) o por agua provista a través de obras hidráulicas, como las construidas por los indígenas antes que llegaran los conquistadores.
Ello explica que Santiago comenzó a desarrollarse, con medios muy precarios, entre dos brazos que entonces tenía el río Mapocho, no obstante sometido a normas urbanas inspiradas en la de España, como por ejemplo, el trazado de los terrenos en forma de damero. Las construcciones se hicieron de barro, piedras y algo de madera. Conjuntamente con la fundación se constituyó el Cabildo, institución española de origen medieval, donde la comunidad confía la administración de la ciudad a los vecinos más importantes.
A los pocos meses de su fundación, el 11 de septiembre de 1541, Santiago fue destruida por el cacique local, Michimilonco quien, entre otras fechorías, se apoderó de la dotación de vinos provenientes de España, que los colonos guardaban, celosamente, para celebrar la Eucaristía. La carencia de él se mantuvo hasta septiembre de 1543, cuando arribó a Valparaíso la nao "Santiaguillo" cuyo capitán era Juan de Saavedra, a quien se le considera fundador de esa ciudad. Esta embarcación transportó una importante dotación de ropas y armas enviadas desde Lima. Entre los refuerzos obviamente se incluía el vino para la Santa Misa, hecho que el conquistador agradeció efusivamente, a través de carta que remitió a Gonzalo Pizarro, máxima autoridad en aquellos días, en la que se lee textualmente:
"Vuesa Merced me favoreció con un navío en el cual me envió diez o doce mil pesos de empleo de armas, herraje, fierro y vino para decir misa, que hacía cuatro meses que no la oímos por falta de él".
Era muy complejo trasladar vinos españoles desde Perú. Las naos demoraban hasta dos meses en sus viajes, sujetos a enormes riesgos. Hay registros que señalan la pérdida de diez , de un total de 50, embarcaciones que ,entre 1543 y 1545, navegaron entre Perú y Chile.
Pero ya estaba cercana la obtención del primer vino chileno. Un valioso hallazgo documental del historiador José Toribio Medina, gran conocedor del Archivo de Indias, comienza a ordenar los hechos. Sobre la base del "Memorial de Diezmos" del Obispado", se reproduce el siguiente significativo texto:
"Cómprese a Alonso Moreno dos botijas de vino para celebrar los oficios divinos".(6 de octubre de 1550) Se debe descartar que haya sido importado, debido a que la Iglesia habría intervenido en la operación comercial y se habría ahorrado el subido sobre precio que cobró Alonso Moreno. Al no existir pruebas que demuestren lo contrario, es posible afirmar que Moreno fue la primera persona que produjo vino en el hemisferio sur. Además, se debe descartar que este vino haya sido obtenido de plantas traídas por Carabantes, quien arribó recién en 1548; pues la vid demora, por lo menos cuatro años, en madurar y generar frutos: Las uvas de Moreno presumiblemente eran originarias de plantas desarrolladas a partir de pepas de pasas (semillas), alimento muy común en aquellos años. Otra posibilidad es que, sin mayores aspavientos, en más de alguna nave proveniente de Perú, hubieran llegado a Santiago, algunos esquejes traídos por "alguien", desde Valparaíso.
Respecto a Francisco Aguirre se debe descartar la opinión de los principales historiadores que, equivocadamente, lo califican como el primer vitivinicultor chileno. Este personaje fue, fundamentalmente ,un guerrero nato. Además, la primera vendimia atribuida a él ocurrió en Copiapó, en 1556 ,y no como, majaderamente se repite, en Santiago el año 1551.Una no muy veraz carta de Valdivia, dirigida al rey de España, donde otorgaba el mérito a de Aguirre, habría sido el origen del error.
De lo expuesto hasta aquí, no es válido ni justo, otorgar con carácter exclusivo, la autoría de la introducción de la vid a Chile, ni la primera obtención de vinos, a una persona en particular.
Es pertinente postular que casi todos los colonos cultivaban, la vid en torno a sus elementales casas, construyendo lo que hoy denominamos parrones y que las uvas obtenidas, al comienzo, eran administradas por el Cabildo. Es bello decirlo ¡La primera viña de Chile fue la ciudad de Santiago! ,en la parte de la ciudad que hoy denominamos el "casco histórico". Es posible que esta realidad constituya un caso extraño en la historia mundial del vino. Es más, no es aventurado aseverar que la inclusión de un parronal en los solares de los habitantes de Santiago, como también hasta en casas modestas, fue un costumbre muy acendrada entre los hábitos de sus moradores, hasta muy avanzado el siglo XX , que aún persiste en algunos barrios antiguos.
Atendidas las condiciones del clima y suelo, la vid recaló si no en el mejor, en uno de los mejores lugares del mundo, para generar vinos y uvas superlativos. Clima mediterráneo integral y constante. Carencia de accidentes climáticos en períodos álgidos para el desarrollo de la vid y aislamiento geográfico que lo pone a cubierto de las pestes y enfermedades más indeseables Por ello no es propio de chauvinistas sostener:
¡ Chile Tierra del Vino!
Es simplemente expresar una feliz realidad.
El Capítulo anterior termina con una frase hermosa y trascendente: ¡Chile Tierra del Vino!, y se sostiene que en este sector del mundo se dan las mejores características que existen para producir los más superlativos vinos del Orbe. Es necesario fundamentar, aunque sea muy brevemente, esta categórica afirmación. Para este fin se detallan, las condiciones naturales básicas, casi inmejorables, que se disponen en Chile que permiten emitir un aserto tan categórico como el expuesto.
Para mayor claridad y comprensión del tema, se ha estimado necesario incluir algunos conceptos que pudieran parecer como muy elementales; se optó por esta opción pues el texto está también destinado a extranjeros y personas que no tienen un visión clara de de la geografía del territorio chileno.
No está demás recordar que Chile es un país muy largo y angosto, flanqueado por la Cordillera de Los Andes, que alcanza un promedio de altura de 5000 m., por el este, el Océano Pacífico por el oeste, adosado a a una cadena montañosa llamada Cordillera de la Costa, cuya altura promedio es de 1000 m. Hielos eternos por el sur y un desierto extenso, calificado como uno de los más áridos del mundo, por el norte. Aunque geográficamente no lo es, en la práctica tiene características de aislamiento propios de una isla. Además, la distancia promedio entre ambas cordilleras, en las regiones vitivinícolas definidas en la actualidad, apenas superan los 200 kilómetros. La influencia de ellas y del mar para determinar la condiciones agro climáticas, son tangibles.
En Chile, la vid (vitis vinífera sativa) prospera, prácticamente sin limitaciones, entre los paralelos 30º, que corresponde al Valle del Elqui, que se encuentra al este de la ciudad de La Serena, y 37ª de latitud sur, que se ubica aproximadamente en la latitud en que se encuentra la ciudad de Temuco. Desde el punto de vista meteorológico, el clima de esta extensión territorial se clasifica como "templado cálido con régimen de lluvias de tipo mediterráneo", es decir, precipitaciones abundantes en invierno, escasas en primavera, casi nulas en verano y también limitadas en otoño. Influencia significativa de la ya mencionada cercanía a la cordillera de los Andes, el anticiclón que genera el Océano Pacifico, muy frío, por efecto de la corriente antártica, llamada de Humboldt.
Respecto a las temperaturas medias diarias, máximas y mínimas, destacan por ser muy amplias, adecuadas para cultivar la vid y determinar por ello las aptitudes necesarias para obtener uvas que son materia prima apta para elaborar vinos muy selectos.
El hecho de disponer, en la gran mayoría de los diferentes sectores, de veranos y comienzos de otoños secos y prolongados, radiación solar muy elevada y homogénea, determinan, un medioambiente sano y carente de casi todas las pestes y enfermedades, que afectan a la vid en otras partes del mundo. Se desconocen los accidentes climáticos como los granizos (piedra) y las heladas de primavera, muy negativas para la vid, son una rareza.
Entre las latitudes definidas, las precipitaciones fluctúan dentro de un año tipo, desde 118,4 mm en el límite norte, donde obviamente el viñedo se riega artificialmente, hasta 1107 mm, en el extremo sur vitícola. Ello explica que, en gran parte del territorio acotado, la vid puede prosperar con el riego que generan las precipitaciones naturales. Desde el punto de vista histórico explica el por qué , como se analizará en el capítulo pertinente, el comienzo del desarrollo de la vitivinicultura chilena se generó por el extremo sur vitícola, definido en este análisis.
Al margen de varias circunstancias adicionales positivas para el cultivo de la vid, destaca como la más importante, la mencionada amplia variación térmica que se registra entre el día y la noche, en los períodos de madurez de la uva (noviembre a marzo, principalmente), que fluctúa entre 15 y 20º C. con temperaturas máximas de 32º y mínimas de 10ª. Se trata de una circunstancia muy escasa en todo el mundo. Por ello que el cultivo de vides que generan uvas selectas, que requieren temperaturas moderadas en el día y relativamente bajas en la noche, es suficiente acercarse a la costa que otorga la frescura que, en otras partes del mundo se logra cultivando la vid en suelos ubicados en cotas elevadas, que generan temperaturas moderadas. En Chile ello no es necesario.
Tantas condiciones positivas que son la base fundamental de las aptitudes, que no determinan una homogeneidad de sus vinos. Ello se debe a que existen variaciones apreciables, según sea la latitud y longitud del sector que se trate. Ello permite una diversidad enorme de diferentes variedades y tipos de vinos, tanto tintos como blancos, sobre la base de un sello común característico de vino chileno. Respecto a este importante tópico se incluirá un capítulo específico, mas adelante.
La circunstancia más marcada del sector que se analiza, es el hecho de estar constituido por suelos de corta evolución, claramente definidos por factores geológicos, geomorfológicos, climáticos y a la siempre presente actividad volcánica. Esta característica se atribuye, fundamentalmente, a las condiciones montañosas, que determina elevadas pendientes, al comparar los relieves de la cordillera de Los Andes con el océano Pacífico. Todo lo expuesto determina disponer de suelos jóvenes, de corta evolución, que muy raramente dificultan, ni menos impiden, el cultivo de la vid.
Al referir el clima se mencionó el relieve de la zona vitivinícola definida, que está acotado por dos cadenas montañosas importantes: la cordillera de los Andes y la cordillera de la Costa. Ello determina la existencia de una planicie central y otra litoral las dos delimitadas por ambas cordilleras.
La disponibilidad de suelos con aptitudes adecuadas para el cultivo de la vid son virtualmente ilimitados.
En términos generales sobre el piedmont de la cordillera de los Andes las vides habitualmente se plantan hasta alcanzar una cota de 1000 m y en la de la Costa 600 m. La generalización del empleo de riego tecnificado permite en la actualidad excederse de estos límites.
Finalmente, la disponibilidad de agua para regadío también es suficiente para satisfacer la demanda donde es requerida.
Naturalmente, los Conquistadores no tuvieron conciencia de tantas virtudes que favorecen el cultivo de la vid en tierras chilenas, pero para ellas ella y la casi totalidad de otras explotaciones frutícolas, sin duda, las intuyeron y con mucho interés, atendidas la facilidad, sanidad y productividad con que se desarrollan las vides y demás frutas en este rincón del mundo.
La introducción de la vid a América, que refieren casi todos los historiadores al abordar el período de la Conquista, estaba llena de contradicciones y era muy insuficiente. La afirmación expuesta se expresa en tiempo pretérito, pues las dudas y contradicciones, como ya se insinuó en el Capítulo II, han quedado casi todas definitivamente dilucidadas gracias a una valiosa investigación publicada por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile, en agosto de 2007, titulada: "Determinando el Origen Español de Antiguas Vides Representativas Cultivadas en América".
En el Capítulo II se explicó la forma física como se presume que llegó la vid y la manera de transportarla. Se he podido demostrar que el tránsito de esquejes provenientes de España, con toda seguridad sujetos a recaladas en México u otros sectores de Centroamérica, se mantuvo constante. También es válido pensar que pequeñas cantidades de plantas se originaron de la fructificación de pepas obtenidas de las pasas, alimento muy recurrido por navegantes de aquellos años. Este derrotero dio origen a numerosísimas variedades regionales es decir híbridos intra específicos entre dos o más variedades de vitis vinífera sativa, las que habrían sido usadas para realizar plantaciones masivas sobre la base de sucesivas selecciones hasta lograr una homogeneidad genética relativamente estable y homogénea.
Aparentemente, no hay documento alguno que mencione cuáles fueron las variedades de vides que se trajeron desde España: Todos coinciden que entre las tintas predominó la que nosotros denominamos país, los argentinos criolla chica los peruanos negra peruana y los californianos misión o mission.. Respecto a la relación entre ellas los textos señalan que son parecidas o semejantes, pera nadie hasta ahora, había realizado una investigación científica seria sobre este tema, ni tampoco respecto a la Moscatel de Alejandría que muestra un esquema similar de distribución y menos aún explicar cómo y de que origen, son las múltiples variedades regionales surgidas en el Nuevo Mundo.
Por tratarse de un tema muy controvertido, se ha estimado pertinente incluir "in extenso", la positiva norma que siguen rigurosamente los investigadores al incluir, al comienzo de sus trabajos, un resumen ("abstract"), que al leerse permite conocer los alcances del estudio que, en no más de diez líneas, nos explica claramente en qué consistió la investigación y sus conclusiones. Se reproduce a continuación:
El análisis genotípico de antiguas variedades de vides existentes en Argentina, Bolivia, Chile, Perú y los Estados Unidos revela que casi todas corresponden a dos antiguas variedades, que aún se cultivan en España : Moscatel de Alejandría y Listán Prieto. Esta última se cultiva a través de sur y norteamérica bajo diferentes nombres tales como País, Criolla chica, Negra peruana, Misión y Mission. Los genotipos de la mayoría de otras antiguas variedades que se cultivan, debidamente analizadas, demuestran que son originarios de cepas o variedades híbridas de Moscatel de Alejandría, Listán Prieto, o ambos. Nosotros concluimos que estos dos cultivares (o variedades) son los principales fundadores de la antigua viticultura americana.
La investigación descrita comprende un enorme valor científico; tan es así que ha sido publicado por la Revista especializada estadounidense American Journal of Enology and Viticulture.
A la luz de lo expuesto es pertinente presumir que todas las variedades (o casi todas), como "cocos de gallo","negra huasquina", "dedos de dama", "San Francisco" y una cantidad enorme de otras no muy bien definidas y la mayoría actualmente desaparecida, tienen como progenitores a la Listán Prieto (pais) y la moscatel de Alejandría o Italia. Lo notable de ambas variedades es que, transcurridos más de cuatrocientos años, desde que ambas se introdujeron a Chile, en el secano costero continúan siendo variedades cultivadas exitosamente.
Es necesario detenerse a reconocer la excelente intuición de los Conquistadores al optar fundamentalmente por la variedad Listán Prieto, como la elegida para desarrollar la viticultura americana entre las variedades tintas y la Moscatel de Alejandría entre las blancas, dos verdaderos pilares. No se pueden presumir estudios académicos ni investigaciones científicas como las concebimos ahora, ni remotamente. Es consecuencia, del buen sentido técnico y la intuición que logró como recompensa la rápida y exitosa introducción de la vid pues, es muy posible que la fructificación de las primeras, si no hubiese sido por la rusticidad, resistencia a la sequía, pestes y enfermedades y otras virtudes, casi únicas en la Listán Prieto,( nuestra popular cepa país), no se habrían manifestado tan exitosamente. La mejor muestra de ello es que transcurridos 450 años, ambas variedades siguen plenamente vigentes.