A partir de este mes, me sumergiré dentro de vinos tintos y blancos para contar la historia de nuestro país, a través de 20 Capítulos, aproximadamente. Se trata de una iniciativa muy pretenciosa, una suerte de batalla virtual, librada encima de un escritorio.
No es el primer libro relacionado con el vino y su historia que escribo; soy autor de "El Vino en La Historia de Chile y el Mundo", cuya primera edición se encuentra agotada( Editorial Origo 2003) y circula con buen éxito y mejores críticas por Estados Unidos y el Reino Unido, la versión en inglés, titulada "Chilean Wine-The Heritage.
Sólo soy un fanático aficionado a la historia, a la del vino en particular, que nace desde mis tiempos de colegial, motivada por ser discípulo de un excelente profesor del ramo, se complementa con el ambiente docto de mi hogar, y madura cuando me encuentro con el vino, al comenzar mis funciones como ejecutivo de un gremio del área, hace ya muchos años. Este me embriagó con su encanto y desde entonces he leído, casi con exageración, cuanto se ha escrito en torno a su historia.
Respeto muchísimo a los historiadores que se refieren al vino. Sin embargo, casi no he encontrado quienes lo analicen relacionándolo, además, estrechamente, con las circunstancias técnicas que lo han envuelto durante su larga vida. Por ello que mi amistad con él va por la vía de analizarlo, con mayor acuciosidad desde los ángulos que marcan su historia científica-tecnológica es decir, interpretaciones de los por qué.
Todo este esquema se origina por el hecho de sentirme más cómodo ser considerado como cronista de la historia del vino y no como historiador, porque, obviamente, no lo soy. Algunos suponen que mi profesión es la de escritor y otros le agregan historiador; sin embargo la verdadera y oficial es la deingeniero agrónomo-enólogo. Lo señalo para evitar equívocos.
¿Qué les parece que convengamos esta condición y así, además, me blindo frente a los posibles dardos de los historiadores profesionales?
Rodrigo Alvarado Moore, Septiembre 2008
El autor agradecemuy sinceramamente la inestimable permanente colaboración de la Asociación Vinos de Chile A.G. y la gentileza de Revista LA CAV.
Las opiniones que se emiten en este capítulo y todos los siguientes, son de exclusiva responsabilidad del autor.
Para alcanzar una visión objetiva e integral de las consecuencias históricas y socio culturales del desarrollo de la vitivinicultura en Chile, se ha estimado pertinente indagar, como un primer paso, respecto a la conducta de los habitantes, frente a la producción y consumo de sus bebidas alcohólicas que producían , antes que conocieran el vino y otras derivadas de la vid (vitis vinífera sativa), introducida a sus territorios por los conquistadores, a principios del siglo XVI. Ello provocó profundos cambios en sus costumbres y conductas sociales que, de cierta manera, han definido aspectos muy significativos de nuestra nacionalidad y desarrollo. Estas influencias fueron especialmente notables en Chile, respecto al resto de América, pues en este territorio la adaptabilidad de la vid y consecuente divulgación, fue rapidísima.
Los indígenas americanos en la era precolombina y entre ellas casi todos los chilenos, incluían diferentes bebidas alcohólicas en sus dietas habituales, y muy especialmente en sus reuniones sociales y ceremonias rituales, de acuerdo a las diferentes disponibilidades de materias primas de la variada geografía que reúne el continente americano La excepción está dada por los pueblos australes, onas y alacalufes, entre otros, que carecieron por razones climáticas, de frutos y granos, materias primas necesarias para generar bebidas alcohólicas.
Las materias primas necesarias para generar bebidas que posean alcohol, pueden ser cereales u otros granos que contengan almidón, los frutos y toda expresión vegetal que posea azúcar. Estas, sobre la base de condiciones medioambientales determinadas no especialmente sofisticadas, generan alcohol diluido en diferentes concentraciones, en relación directa con la concentración de azúcar (fructuosa) o almidón desdoblado, según el caso, que posean las materias primas involucradas. El fenómeno es consecuencia de la fermentación efecto bioquímico natural, originado por levaduras indígenas o salvajes del género Saccaromyces (generalmente presentes en el medio ambiente) que, a través de sus fermentos, transforman el azúcar de los frutos en alcohol, con desprendimiento de anhídrido carbónico y generación de calor. Similar efecto ejercen sobre el almidón, que se obtiene a partir de granos.
Los integrantes de las civilizaciones más primitivas, "desde siempre", supieron que cualquier grano u otro elemento vegetal que contenga almidón, por efecto del agua (o la saliva) se desdobla transformándose en un materia prima fermentable, similar al azúcar. En consecuencia, si existe vegetación y se suma a ello otras condiciones suficientes para que los frutos o granos maduren, producir bebidas alcohólicas elementales resulta una faena que no requiere de conocimientos ni técnicas muy evolucionadas.
Los antecedentes conocidos respecto a este tema desde la prehistoria del Viejo Mundo, que se remonta a la existencia de los más primitivos asentamientos humanos y con mayor razón en periodos posteriores, han sido muy bien analizados por científicos de las distintas áreas involucradas en el tema. Todos coinciden en que, la producción, consumo y empleo de bebidas alcohólicas, especialmente en ceremonias rituales, han sido hechos inherentes a los hombres de todas las etnias identificadas, casi sin excepciones. El fenómeno es muy similar el referido respecto a lo encontrado por los conquistadores en la futura América. Obviamente que aquí los plazos se estrechan a la existencia de asentamientos humanos a partir de, "apenas" doce mil años, (el más antiguo encontrado hasta ahora, año 2008). Al llegar los europeos, el vino era conocido y consumido por sus ancestros desde que se presume se produjeron las primeras fermentaciones de mostos de vides, por lo menos siete mil años antes. Por lo tanto el vino no era para ellos una novedad, más bien parte natural de sus hábitos de consumo. Su consumo se matizaba en coexistencia con la cerveza, que se ha demostrado fue producida antes que el vino. Estas "cervezas" tenían un origen muy similar a las bebidas autóctonas americanas, llamadas genéricamente "chicha". En efecto, ambas se obtienen de la fermentación, junta o separada, de frutos y granos. En el actual Medio Oriente dátiles y granos, como la cebada y el trigo, en América maíz, quínoa, otros granos y varios frutos diferentes, dependiendo de la región que se trate.
Respecto a los procesos seguidos, para provocar el desdoblamiento del almidón presente en los granos, resultan ser sorprendentemente similares en ambos extremos del mundo: la acción , preferentemente de mujeres, que los masticaban y naturalmente agregaban saliva, es decir la humedad necesaria los escupían a un tiesto, donde se iniciaba el proceso fermentativo, reforzado por la presencia de un débil fermento llamado ptialina, presente en la saliva humana. Es decir se registraba un arcaico proceso "industrial" de maltaje, paso previo para la transformación de los almidones en azúcar y su posterior fermentación.
Varios autores coinciden en definir la palabra "chicha" que se refiere a todas las bebidas autóctonas producidas entre los habitantes precolombinos de América; a continuación se reproduce la más adecuada:
"Palabra que define a una bebida fermentada de baja graduación alcohólica, de dos a no más de siete grados, que se obtiene por la fermentación de azúcares o almidones que se transforman en alcohol gracias a la acción de las levaduras del género Saccaromyces".
Esta definición que refleja la realidad, muestra un hecho que es objetivamente válido es, sin embargo negativo, pues, además de haber generalizado y lamentablemente "borrado" el nombre propio de las muy diferentes bebidas autóctonas producidas en América, ha sido la causa de la pérdida de sus respectivas identidades y además, induce a graves errores de apreciación que se han mantenido hasta ahora.
En el caso de Chile la definición de "chicha" se asimila a lo que se entiende por "chicha" desde la llegada de la vid, un producto obtenido de ésta absolutamente distinto a la chicha genérica, definida en el párrafo anterior. Incluso dispone de definiciones legales que se encuentran en la Ley de Alcoholes (Nº 18455) y su Decreto Nº 78 que le asignan 11,5 y 4 grados de alcohol, respectivamente.
Por lo tanto, queda establecido que en Chile el uso de la expresión chicha, es una poco feliz asimilación a la costumbre heredada de los conquistadores ya que es absolutamente ajena, se insiste, a las bebidas autóctonas homónimas chilenas y del resto de América.
El origen de la palabra es, además, producto de un error. Se atribuye, aunque no existe consenso para ello, al nombre propio de una tribu del istmo de Panamá llamada chichab, y co-pah, la bebida que obtenían de él. Los conquistadores acogieron erróneamente aquella palabra, es decir el nombre de la tribu, (fonéticamente más amable), la que se impuso para referirse a todas las bebidas alcohólicas con que se encontraron durante sus conquistas y de hecho reemplazó, rápidamente, a otras autóctonas tan gratas como azúa en Perú, y a las mapuches mudai y pulcu.
Según diferentes historiadores y el folclorista Oreste Plath.las siguientes "chichas", entre otras, se producían en Chile precolombino:
Jora ocach ir hecha de maíz, en la actual Provincia de Tarapacá
Muday, obtenida a partir de maíz por los mapuches, entre los ríos Itata y Toltén. Además podía hacerse con mezclas de otros cereales y papas Según fueran los distintos sectores en que se producían y algunos cambios en su composición también recibieron el nombre de pulku, koncho,kekun y melan.
Los diaguitas y los atacameños llamaban ckilampana a la chicha de algarrobo(Prosopis s.p.). Los españoles la denominaron aloja de algarrobo.
La obtenida de maqui (Aristotelia chilensis) era llamada teca, tréco, teca o trecu,la que llegó a ser muy apreciada.
Otras muy conocidas fueron las obtenida del molle o lilén (Shinus latifolius) que se llamó müchu o muchi.
Mención especial merecen las preparadas por los indios pehuenches, con los frutos del pehuén (Araucaria araucana) , los llamados piñones, denominada chavid-pulco.Muy apetecida también la guarango o cancan obtenida de los frutos de la palma chilena (Jubaea chilensis).
Para poder comprender mejor el encuentro de las civilizaciones europeas del siglo XVI y las americanas, respecto a las bebidas alcohólicas, específicamente en el caso de Chile, es necesario tener en cuenta las consideraciones que se plantean a continuación.
Mientras en el Viejo Mundo se produjo una larga y progresiva coexistencia entre cervezas que no alcanzaban a más de 4º de alcohol y vino que superaba con creces los 10º, en Chile el "choque" entre ambas bebidas fue drástico y violento, no así en el resto de América del Sur, donde obtener vino u otras bebidas similares a éste, respecto a su graduación alcohólica, se debe tener presente que resultaba imposible, hasta fines del siglo XVI cuando comenzó la producción de bebidas destiladas, como por ejemplo el ron.
La vid se aclimató, como ya se dijo, mejor que en sus regiones originarias, generó vinos exquisitos, infinitamente más atractivos y estables que las mal llamadas chichas autóctonas y además muy pronto se fabricó aguardiente, destilado de vino provisto de 40º grados, o más.
Esta demostrado que la producción de vino y sus derivados fue explosiva, lo suficientemente rápida, como para impedir que los cronistas de la época hayan tenido contacto prolongado con poblaciones indígenas que consumían alcohol, sólo proveniente de sus propias chichas. Es presumible que las apreciaciones de ellos estuvieron referidas a pueblos ya influidos por los frutos de la vid. En efecto, a pesar de la guerra permanente entre los conquistadores y los mapuches el intercambio de vinos y aguardiente, especialmente, de una u otra manera existió, muy pronto después de la llegada de los conquistadores. Además hay versiones de uso de uva de viñedos abandonados con motivo de las guerras, cuyos mostos fueron empleados por los indígenas, y ¿ por qué no sus viñedos cultivados por ellos? (El fenómeno descrito ocurrió varios siglos antes cuando las tribus bárbaras derrotaban al Imperio romano.)
Los cronistas de la conquista coinciden en calificar muy negativamente las conductas de consumo de los pueblos nativos, en especial los mapuches. Pero, se insiste, ninguno de ellos los conoció o recibió informaciones lo suficientemente objetivas y claras de sus consumos, en la etapa precolombina, es decir antes que llegara la vid y se produjera vino.
Al revisar párrafos de estos detractores se puede leer por ejemplo a Núñez de Pineda quien escribe: sirven los cantaros de vino y de mudai. Una versión recogida por Pardo y Pizarro calificada como Anónimo señala: ...más el vino era más fuerte que ellos. Todavía se hallaron hombres que de una sentada se bebían más de una arroba1 de aquel vino...Nótese que menciona la palabra vino, para diferenciarlo de las otras bebidas alcohólicas.
Es válido formular una duda que cabe en el campo de lo absurdo ¿Cómo pudieron haber opinado objetivamente cronistas europeos sobre conductas precolombinas si contemporáneamente con el arribo de ellos y la vid el lugar analizado dejaba de ser precolombino? Obviamente no pueden haber conocido directamente lo que ocurría en América antes de su descubrimiento. Otro argumento: Sobre el pueblo mapuche se concentran las descalificaciones de los cronistas originales. ¿Por qué no ocurrió un fenómeno similar con otras etnias conquistadas en el resto de América? Se responde: Porque no conocieron el vino y sus derivados en cantidades significativas; en esos lugares fue una bebida sólo reservada para las elites, atendida su escasez.
Es aceptable que los mapuches precolombinos y otras etnias afines pueden haber sido proclives a la bebida. Pero resulta muy improbable que ella hubiere llegado a niveles casi patológicos, como se suele afirmar. Existen varias razones para sostener el aserto.
A continuación se plantean algunas:
Sus chichas apenas alcanzaban 4º, nivel alcohólico que difícilmente puede inducir al alcoholismo; además sus brebajes no pueden haber perdurado más de unos pocos días; se trataba de productos altamente inestables susceptibles a numerosos ataques microbiológicos pues, es obvio que la asepsia en los procesos productivos era completamente desconocida. Para producirla realizaban faenas esporádicas, con motivo de celebraciones sociales o rituales especiales. En el transcurso de ellas es muy posible que hayan bebido en exceso pues muy bien sabían que la misma, al día siguiente ya estaría convertida en vinagre o algo parecido, por supuesto imbebible. Cabe tener presente también que, aunque conocieron la fabricación de vasijas de greda muy primitivas, éstas eran pequeñas y por ende es improbable que hayan podido reunir cantidades significativas de chicha. El acopio de sus bebidas en cantidades importantes era, en consecuencia, una misión imposible. Se discrepa de algunos autores que mencionan disponibilidad de vasijas de madera, pues la técnica para fabricarlas y en forma muy arcaica, fue desarrollada en Europa recién a partir del siglo XV. Imposible en el período precolombino.
En consideración a lo expuesto se concluye que los indígenas chilenos precolombinos, al igual que casi todas las civilizaciones del mundo, consumían bebidas alcohólicas. Resulta muy aventurado e injusto calificarlos como bebedores desordenados, viciosos o sujetos de cualquiera otra expresión peyorativa.
Más adelante se analizarán las consecuencias de su encuentro con las bebidas derivadas de la vitis vinífera sativa, es decir en el Chile post colombino. Se trata de una historia completamente distinta.
Es habitual que las referencias relativas a la introducción de la vid (vitis vinífera sativa) al llamado Nuevo Mundo se restrinjan a exponer, muy brevemente y sin consideraciones adicionales, sólo al hecho que ello ocurrió en el segundo viaje de Cristóbal Colón. Desde esa fecha en adelante el tema se considera definido y las crónicas se reinician con la llegada de la vid al país que interesa analizar, en este caso Chile. Pero, se estima indispensable romper este criterio pues entre ambas fechas hay apasionantes historias, verdaderas epopeyas. Analizarlas y conocerlas contribuye a lograr una visión más integral de hechos cuyo significado va bastante más lejos que el de la simple introducción de una planta a América, originada en otro Continente. En el caso de la vid se colige al considerar los efectos económicos, culturales, sociales y costumbristas que ha originado en la formación de las identidades de los habitantes de los diferentes países que se crearon en América del Sur, como consecuencia de su introducción.
Antes de cinco meses de conocido el primer viaje de Colón la flor y nata de los navegantes, empresarios y aventureros de aquellos años, estuvieron preparados para iniciar la segunda expedición a su mand. Muchas especies vegetales y animales fueron embarcadas, para probar suerte en las nuevas tierras que se explorarían. Desde Cádiz zarparon 17 naves y 1500 hombres, y recalaron en las Islas Canarias para reaprovisionarse; el viaje se extendería hasta el 11 de junio de 1496.
Las primeras vides que llegaron a América fueron traídas personalmente por Colón, en la nave que él comandaba. Ello consta en el Memorial del Almirante de los Reyes, que elevara por medio de D. Antonio de Torrres. El referido documento dice textualmente como sigue:
".. y de unos poquitos sarmientos que se pusieron es cierto que no hará mengua el andalucía ni el sicilia aquí".
Basado en el párrafo anterior se colige que, muy posiblemente, Colón embarcó las vides desde las Islas Canarias, escala obligada para navegar hacia el sur, hecho indujo a muchos atribuir origen canario a las variedades País, Criolla, Negra peruana y Misión, cultivadas en Chile, Cuyo,Perú y México, respectivamente. Recién se ha demostrado, científicamente (en 2007 por el Instituto De Investigaciones de Chile ) que se trata en realidad de una sola variedad o cepa, cuyo nombre es Listán Prieto, originaria de España Sin embargo, Colón fracasó rotundamente al tratar de aclimatar esta variedad( lo mismo le habría ocurrido con cualquier otra). Durante su viaje desembarcó en varias islas de las Antillas Menores, además específicamente en Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo y Jamaica. Todas estas islas tropicales no son aptas para el cultivo de la vitis vinífera sativa, que requiere de clima conocido como mediterráneo, es decir con estaciones marcadas y diferencias importantes de temperatura ambiente, entre el día y la noche, entre otras características inexistente en el trópico (Existen registros que indican: Las vides echaban pámpanos en 7 días y a los 24 agraces.)
Por lo tanto, las plantas de Colón no fueron, ni remotamente, una base de descendencia para las futuras vides que prosperarían en México, 31 años más tarde. Lo más pertinente es afirmar que sus vides "se perdieron en la noche de los tiempos"
Al meditar la frase de Colón: y de unos poquitos sarmientos se demuestra que las vides se movilizaron por medio de estacas de sarmientos fértiles, provistos de yemas viables (esquejes, es la palabra correcta) que fueron traídos en esas pequeñas naves, o bien las primeras plantas se obtuvieron de semillas de pasas de uva, teniendo en cuenta que las pasas eran alimento obligado de los marinos de entonces. Algunos documentos demuestran que se trajeron vides, incluso arraigadas, lo que habría asegurado disponer de variedades completamente definidas. Hay numerosas constancias en el Archivo de Indias respecto a la forma, el nombre de las naos y los maestres que las condujeron:
Ellas se colocaban en grandes pipas o toneles, seccionados por el medio, con la parte abierta hacia arriba, se los rellenaba de tierra y se los colocaba en las cubiertas de los navíos, llevando allí la mayor cantidad de sarmientos y plantas vivas posibles.
En cambio, si bien es posible reproducir las vides, que son plantas hermafroditas, a partir de semillas, atendido su sistema de polinización que es "abierto", para obtener plantas con genotipo homogéneo es decir de variedades definidas, es preciso recurrir a técnicas de selección complejas, de lato desarrollo e inciertos resultados, que sin duda entonces no se conocían. Por lo tanto, no se descarta el hecho que en algunos casos durante el proceso de divulgación de la vid en América se emplearon semillas, pero a través de ellas se obtenían poblaciones de vides muy heterogéneas, posiblemente para cultivos caseros y excepcionalmente masivos, tema que se analizará más latamente ; por lo tanto, se puede presumir que los viticultores, siempre que les fue posible, recurrieron a esquejes de variedades definidas. Tal como lo indican los antecedentes ya reproducidos del Archivo de Indias hacerlo, aunque muy difícil, era posible.
No obstante que el cultivo de la vid en el Nuevo Mundo era una de las primeras prioridades que se plantearon los conquistadores, inducidos por la Iglesia, que requería vino para fines sacramentales y por supuesto con el respaldo de la Corona, se sabe que recién 31 años después del Descubrimiento se plantaron las primeras vides. Ello no fue un hecho espontáneo si no que consecuencia de una célebre orden emitida el 20 de marzo de 1524 por el Conquistador de México (Nueva España), Hernán Cortés, que dice textualmente lo que sigue:
"Cualquier vecino que tuviere indios de repartimiento, se obligue a poner proporcionalmente cada año mil sarmientos de vid aunque sean de la planta de su tierra, hasta que llegue a la cantidad de cada repartimiento de cinco mil cepas".
Agrega la orden más adelante: Ingerir las cepas de la tierra con las vides de España.
A partir de esta orden es posible deducir varios hechos de caracteres técnicos e históricos. Estos últimos muy conocidos. En especial la épica conquista de México y las cruentas batallas entre los propios conquistadores, que obviamente escapan de este análisis pero que, indudablemente, indujeron a postergar la realización de esta faena.
La orden de Cortés agrega, además, interesantes soluciones técnicas ya que al incluir la trascendente frase (desde el punto de vista técnico) "Ingerir en las cepas de la tierra con las vides de España" es decir injertar la vid europea sobre especies americanas, indica que la temible filoxera vatastris existía desde entonces en esos suelos. Además otorga a Cortés el mérito de anticiparse más de trescientos años a la solución que encontraron los europeos para controlar el flagelo cuando, accidentalmente, llegó a Europa arrasando con la vitis vinífera sativa , a mediados del siglo XIX y desde ahí a todo el mundo, salvo a Chile, hasta esta fecha(2008).
No era difícil abastecer con vinos a esos territorios desde España, lo que habría postergado la decisión imperativa de plantar Se dice por ejemplo que "Juan de Grijalva fue el primer español que compartió el vino con los representantes aztecas de Moctezuma, hacia 1517 en Tenochtitlan". Obviamente se trataba de vino español.
Según algunos historiadores hay evidencias del uso que los indígenas le daban a las llamadas vides silvestres o americanas, especialmente la cimarrón y otras como la riparia, rupestris, berlandieri y labrusca, para preparar el ahora llamado "vino de acahuil".Este se componía, además, de otras frutas y miel. Sin embargo, existen otros antecedentes que lo contradicen absolutamente: El Marqués del Valle, en su Historia General de las Indias, señala "No conocían el licor de las uvas, aunque habían vides (americanas) y por eso harían vinos de maíz, de frutas y de otras yerbas muy buenas" Las especies de vides antes nombradas ("parientes de la vitis vinífera sativa) en el siglo XIX se comenzaron a emplear en Europa y el resto del mundo, hasta la actualidad, como porta injertos para obviar los efectos excluyentes de la filoxera, ya que sus raíces son resistentes a la acción destructora del insecto.
México, en su extremo norte se acerca al paralelo 30 de latitud norte, límite que los especialistas consideran como el extremo sur de ese hemisferio, adecuado parra cultivar la vid. Por ello que las plantaciones pudieron fructificar, especialmente en tierras altas, de localidades ahora denominadas Guanajuato, Querétaro, Sonora, Baja California y Puebla, entre otras. (Es sabido que en tierras altas se morigeran las características del clima tropical, marcándose las estaciones y las caídas térmicas nocturnas adecuadas para el cultivo de la vid.)
Este análisis señala como título que en México la vitis vinífera sativa encontró raíces y se agrega para cerrarlo, pero no tierra.
Al descubrirse el Mar del Sur ahora conocido como Océano Pacífico, la expansión de de la Conquista pronto alcanzó al sur de América. Mientras los territorios dominados por los incas sucumbían entre 1532 y 1534 frente a un grupo de conquistadores comandados por Francisco Pizarro, hacia 1541 los españoles se establecen en Colombia y en Chile, liderados por Jiménez de Quezada y Pedro de Valdivia, respectivamente. En 1536, Diego de Almagro realizó la primera expedición a Chile muy dura y penosa, pero sin establecer asentamientos. Todos estos desplazamientos fueron "a lomo de caballo".
Existen antecedentes que refieren a los españoles dedicados a plantar vides con buen éxito en los territorios que rodean al Cuzco, y sin necesidad de injertar. Estas plantaciones fructificaron bien no obstante encontrarse muy distantes del límite norte del Hemisferio Sur, fijado como técnicamente adecuado para el cultivo de la vid, gracias a un clima de baja pluviosidad, y una amplia disponibilidad de tierras altas en sus variadas serranías, condiciones que obvian las características sub tropicales, negativas para el cultivo de la vid.
La historia de la vitivinicultura peruana es apasionante dado su espectacular auge y posterior caída.
De acuerdo a escritos del padre Cobo el primero en cultivar la vid en Perú fue Hernando de Montenegro en la ciudad de Lima en 1549. Otras fuentes señalan al fraile Bartolomé de Terrazas en 1548. El Inca Gracilazo de la Vega sostiene que fue el fraile Francisco de Carabantes en 1545 Al igual como ocurrió en Chile casi simultáneamente con estas fechas, como más adelante se describe, fueron los misioneros quienes junto con desarrollar sus funciones religiosas, plantaron, implantaron y extendieron el cultivo de la vid en las nuevas tierras. Esta tuición es muy similar a la establecida por la Iglesia en Europa, varios siglos antes, como consecuencia de la caída del Imperio romano.
El segundo país donde la vid se plantó en América fue en el futuro Brasil, en su costa meridional el año 1532, en un lugar denominado Capitanía de San Vicente. Tampoco en ese importante territorio el vino tuvo cabida como bebida popular, porque su vitivinicultura no encontró en su amplio territorio climas ideales y por ello siempre fue y es en la actualidad, una actividad comparativamente muy poco significativa, dentro de su variada economía.
Los conquistadores, una vez consolidados en el actual Perú, y haber obtenido importantes cantidades de oro, motivo central de sus desvelos, se generaron graves rencillas, e incluso guerrillas, motivadas por las insaciables búsqueda de más riquezas y la urgencia de consolidar el dominio de la totalidad del Imperio inca, que se extendía hasta el río Maule, casi 3000 km. hacia el sur. Deliberadamente engañados por los incas iniciaron muy pronto la conquista del actual Chile, donde en el lejano valle de Aconcagua, ubicado aproximadamente, 2.500 Kms. al sur del Cuzco, se les aseguraba que había abundante cantidades de oro. Pero, además de la enorme distancia, de por medio se encuentra el entonces llamado despoblado (Desierto) de Atacama, uno de los más áridos y extensos del orbe.
En julio de 1535 el adelantado Diego de Almagro (1475-1538) reunió 135 expedicionarios e inició una misión de reconocimiento hacia el actual Chile, desde el Cuzco. En el transcurso del viaje se unieron otros expedicionarios, hasta alcanzar a 250 españoles más 2000 yanaconas, (indígenas de servicio) Para evitar atravesar el despoblado de Atacama eligió una vía sur oriente, bordeando el lago Titicaca en el altiplano boliviano para, a continuación de varias jornadas virar, al sur poniente y cruzar la Cordillera de Los Andes, por el paso de San Francisco( 4726 m de altitud) .Después de una penosísima travesía agravada por un otoño especialmente crudo, llegó al valle de Copiapó, en abril de 1536. Desde Coquimbo se dirigió al Valle de Aconcagua, otros 400 Km. más al sur, donde sólo encontró indígenas que practicaban agricultura de subsistencia y lavaderos de oro agotados.
Una expedición ordenada a su lugarteniente Gómez de Alvarado sobrepasó el río Maule, 250Km más al sur, límite obligado del Imperio inca, establecido por los fieros indios mapuches, registrándose el primer combate entre éstos y españoles, en la batalla de Reinogüelen, la que les causó enormes pérdidas a ambos bandos.
Conocidas todas estas desgracias, los expedicionarios decidieron regresar al Cuzco en 1537, desordenadamente, esta vez cruzando el Desierto de Atacama.
Los innumerables inconvenientes que relataron desprestigiaron a Chile como proveedor de oro u otras riquezas y por ende, todo interés por aventurarse en sus territorios quedó postergado.
Pedro de Valdivia, (1497-1553) obtuvo autorización de Francisco Pizarro, para realizar otra expedición, quien le otorgó el título de "teniente de gobernador" de las tierras que conquistara. Partió del Cuzco en enero de 1540. Había logrado reunir apenas once soldados y mil yanaconas; eligió la ruta del Desierto de Atacama que empleó Almagro en su retorno. En el transcurso del viaje se unieron Rodrigo de Araya, a continuación Pedro de Villagra y finalmente, en la localidad de San Pedro de Atacama, Francisco de Aguirre.
En diciembre de 1540 llegó al valle del río Mapocho, donde poco después fundaría Santiago del Nuevo Extremo, la actual Santiago de Chile, el 12 de febrero de 1541.
Valdivia y sus lugartenientes eran soldados, hombres de armas, cuyo objetivo y vocación era conquistar los nuevos territorios descubiertos, fundar ciudades y doblegar a los indígenas que se les opusieran. La resistencia de los mapuches que dominaban el sur del país fue motivo de duras batallas. En la de Tucapel, al sur de la actual ciudad de Concepción, acaecida en 1553, murió en combate.
Existen numerosas versiones respecto a quién atribuirle el mérito de haber sido el primero en introducir la vid a Chile. Sobre la base de antecedentes de algunos muy autorizados historiadores parecería pertinente otorgárselo al fraile jesuita Francisco de Carabantes, quien por vía marítima habría traído desde Perú, esquejes que fueron desembarcados en la bahía de Talcahuano, en 1548.
Carabantes realizó numerosas actividades vitivinícolas en Perú, donde, entre muchas otras se le considera fundador de la primera viña establecida comercialmente. Se sabe que, entre 1551 y 1553 logró traer los primeros esquejes de uva tinta (variedad País?) desde Las Islas Canarias o directamente desde España . Las crónicas registran que debido al largo viaje, la mayor parte de ellos se perdieron; sólo quedaron "unos cuantos" que fueron plantados en el pago Tacaraca en Ica y en el Cuzco. Estas plantas eran consideradas como verdaderos tesoros y se protegían con guardias armados día y noche. Bernabé Cobo relata que Carabantes llevó a Chile una planta completa y varios esquejes. La primera le fue vendida en tres mil pesos y cada esqueje en cien.
No es posible asegurar si Carabantes además de haber introducido la vid a Chile, fue también viticultor. Se desconocen antecedentes al respecto, pero lo más probable es que no lo fue, pues como se indicará a continuación, existen relatos bastante detallados relativos a varios vitivinicultores, entre los que no aparece Carabantes.
Tornan más enigmáticos estos relatos "oficiales" la opinión del historiador Tomás Thayer Ojeda quien, en su obra "Reseña histórica y biográfica de los eclesiásticos en el descubrimiento y conquista de Chile", que incluye una lista completa de todos los hombres de Iglesia que arribaron a este país, entre 1536 y 1560, señala: "no se registra la llegada de ninguna persona con el nombre de Francisco de Carabantes".Además afirma que la primera viña fue la plantada por García de Cáceres, en 1554.
Más enreda este "ranking" la opinión del investigador René León Echaíz, quien sostiene con muchos antecedentes que un tal Jerónimo de Larco, poseía una viña y obtenía vinos en su chacra de Peñalolén, en ¡1546!
Respecto a Carabantes, es válido analizar::¿ Por que llevó sus plantas hasta territorios donde se sitúa la actual ciudad de Concepción, donde la existencia de indígenas hostiles era mucho más activa que en Santiago? Además, es presumible, de acuerdo a los antecedentes transcritos, que la cantidad de plantas que trajo fue bastante exigua. Se podría suponer que no obstante Concepción se fundó sólo en 1550, Valdivia ya había establecido, en 1548, algunos campamentos, verdaderas bases de apoyo para combatir a los mapuches. Estos fueron el origen de varias ciudades que se fundarían posteriormente.
Debe tenerse presente que el cultivo de la vid requiere riego, tanto natural, por efecto de las lluvias (lo que habría inducido a Carabantes desembarcar sus esquejes en el lluviosa Talcahuano) o por agua provista a través de obras hidráulicas, como las construidas por los indígenas antes que llegaran los conquistadores.
Ello explica que Santiago comenzó a desarrollarse, con medios muy precarios, entre dos brazos que entonces tenía el río Mapocho, no obstante sometido a normas urbanas inspiradas en la de España, como por ejemplo, el trazado de los terrenos en forma de damero. Las construcciones se hicieron de barro, piedras y algo de madera. Conjuntamente con la fundación se constituyó el Cabildo, institución española de origen medieval, donde la comunidad confía la administración de la ciudad a los vecinos más importantes.
A los pocos meses de su fundación, el 11 de septiembre de 1541, Santiago fue destruida por el cacique local, Michimilonco quien, entre otras fechorías, se apoderó de la dotación de vinos provenientes de España, que los colonos guardaban, celosamente, para celebrar la Eucaristía. La carencia de él se mantuvo hasta septiembre de 1543, cuando arribó a Valparaíso la nao "Santiaguillo" cuyo capitán era Juan de Saavedra, a quien se le considera fundador de esa ciudad. Esta embarcación transportó una importante dotación de ropas y armas enviadas desde Lima. Entre los refuerzos obviamente se incluía el vino para la Santa Misa, hecho que el conquistador agradeció efusivamente, a través de carta que remitió a Gonzalo Pizarro, máxima autoridad en aquellos días, en la que se lee textualmente:
"Vuesa Merced me favoreció con un navío en el cual me envió diez o doce mil pesos de empleo de armas, herraje, fierro y vino para decir misa, que hacía cuatro meses que no la oímos por falta de él".
Era muy complejo trasladar vinos españoles desde Perú. Las naos demoraban hasta dos meses en sus viajes, sujetos a enormes riesgos. Hay registros que señalan la pérdida de diez , de un total de 50, embarcaciones que ,entre 1543 y 1545, navegaron entre Perú y Chile.
Pero ya estaba cercana la obtención del primer vino chileno. Un valioso hallazgo documental del historiador José Toribio Medina, gran conocedor del Archivo de Indias, comienza a ordenar los hechos. Sobre la base del "Memorial de Diezmos" del Obispado", se reproduce el siguiente significativo texto:
"Cómprese a Alonso Moreno dos botijas de vino para celebrar los oficios divinos".(6 de octubre de 1550) Se debe descartar que haya sido importado, debido a que la Iglesia habría intervenido en la operación comercial y se habría ahorrado el subido sobre precio que cobró Alonso Moreno. Al no existir pruebas que demuestren lo contrario, es posible afirmar que Moreno fue la primera persona que produjo vino en el hemisferio sur. Además, se debe descartar que este vino haya sido obtenido de plantas traídas por Carabantes, quien arribó recién en 1548; pues la vid demora, por lo menos cuatro años, en madurar y generar frutos: Las uvas de Moreno presumiblemente eran originarias de plantas desarrolladas a partir de pepas de pasas (semillas), alimento muy común en aquellos años. Otra posibilidad es que, sin mayores aspavientos, en más de alguna nave proveniente de Perú, hubieran llegado a Santiago, algunos esquejes traídos por "alguien", desde Valparaíso.
Respecto a Francisco Aguirre se debe descartar la opinión de los principales historiadores que, equivocadamente, lo califican como el primer vitivinicultor chileno. Este personaje fue, fundamentalmente ,un guerrero nato. Además, la primera vendimia atribuida a él ocurrió en Copiapó, en 1556 ,y no como, majaderamente se repite, en Santiago el año 1551.Una no muy veraz carta de Valdivia, dirigida al rey de España, donde otorgaba el mérito a de Aguirre, habría sido el origen del error.
De lo expuesto hasta aquí, no es válido ni justo, otorgar con carácter exclusivo, la autoría de la introducción de la vid a Chile, ni la primera obtención de vinos, a una persona en particular.
Es pertinente postular que casi todos los colonos cultivaban, la vid en torno a sus elementales casas, construyendo lo que hoy denominamos parrones y que las uvas obtenidas, al comienzo, eran administradas por el Cabildo. Es bello decirlo ¡La primera viña de Chile fue la ciudad de Santiago! ,en la parte de la ciudad que hoy denominamos el "casco histórico". Es posible que esta realidad constituya un caso extraño en la historia mundial del vino. Es más, no es aventurado aseverar que la inclusión de un parronal en los solares de los habitantes de Santiago, como también hasta en casas modestas, fue un costumbre muy acendrada entre los hábitos de sus moradores, hasta muy avanzado el siglo XX , que aún persiste en algunos barrios antiguos.
Atendidas las condiciones del clima y suelo, la vid recaló si no en el mejor, en uno de los mejores lugares del mundo, para generar vinos y uvas superlativos. Clima mediterráneo integral y constante. Carencia de accidentes climáticos en períodos álgidos para el desarrollo de la vid y aislamiento geográfico que lo pone a cubierto de las pestes y enfermedades más indeseables Por ello no es propio de chauvinistas sostener:
¡ Chile Tierra del Vino!
Es simplemente expresar una feliz realidad.
El Capítulo anterior termina con una frase hermosa y trascendente: ¡Chile Tierra del Vino!, y se sostiene que en este sector del mundo se dan las mejores características que existen para producir los más superlativos vinos del Orbe. Es necesario fundamentar, aunque sea muy brevemente, esta categórica afirmación. Para este fin se detallan, las condiciones naturales básicas, casi inmejorables, que se disponen en Chile que permiten emitir un aserto tan categórico como el expuesto.
Para mayor claridad y comprensión del tema, se ha estimado necesario incluir algunos conceptos que pudieran parecer como muy elementales; se optó por esta opción pues el texto está también destinado a extranjeros y personas que no tienen un visión clara de de la geografía del territorio chileno.
No está demás recordar que Chile es un país muy largo y angosto, flanqueado por la Cordillera de Los Andes, que alcanza un promedio de altura de 5000 m., por el este, el Océano Pacífico por el oeste, adosado a a una cadena montañosa llamada Cordillera de la Costa, cuya altura promedio es de 1000 m. Hielos eternos por el sur y un desierto extenso, calificado como uno de los más áridos del mundo, por el norte. Aunque geográficamente no lo es, en la práctica tiene características de aislamiento propios de una isla. Además, la distancia promedio entre ambas cordilleras, en las regiones vitivinícolas definidas en la actualidad, apenas superan los 200 kilómetros. La influencia de ellas y del mar para determinar la condiciones agro climáticas, son tangibles.
En Chile, la vid (vitis vinífera sativa) prospera, prácticamente sin limitaciones, entre los paralelos 30º, que corresponde al Valle del Elqui, que se encuentra al este de la ciudad de La Serena, y 37ª de latitud sur, que se ubica aproximadamente en la latitud en que se encuentra la ciudad de Temuco. Desde el punto de vista meteorológico, el clima de esta extensión territorial se clasifica como "templado cálido con régimen de lluvias de tipo mediterráneo", es decir, precipitaciones abundantes en invierno, escasas en primavera, casi nulas en verano y también limitadas en otoño. Influencia significativa de la ya mencionada cercanía a la cordillera de los Andes, el anticiclón que genera el Océano Pacifico, muy frío, por efecto de la corriente antártica, llamada de Humboldt.
Respecto a las temperaturas medias diarias, máximas y mínimas, destacan por ser muy amplias, adecuadas para cultivar la vid y determinar por ello las aptitudes necesarias para obtener uvas que son materia prima apta para elaborar vinos muy selectos.
El hecho de disponer, en la gran mayoría de los diferentes sectores, de veranos y comienzos de otoños secos y prolongados, radiación solar muy elevada y homogénea, determinan, un medioambiente sano y carente de casi todas las pestes y enfermedades, que afectan a la vid en otras partes del mundo. Se desconocen los accidentes climáticos como los granizos (piedra) y las heladas de primavera, muy negativas para la vid, son una rareza.
Entre las latitudes definidas, las precipitaciones fluctúan dentro de un año tipo, desde 118,4 mm en el límite norte, donde obviamente el viñedo se riega artificialmente, hasta 1107 mm, en el extremo sur vitícola. Ello explica que, en gran parte del territorio acotado, la vid puede prosperar con el riego que generan las precipitaciones naturales. Desde el punto de vista histórico explica el por qué , como se analizará en el capítulo pertinente, el comienzo del desarrollo de la vitivinicultura chilena se generó por el extremo sur vitícola, definido en este análisis.
Al margen de varias circunstancias adicionales positivas para el cultivo de la vid, destaca como la más importante, la mencionada amplia variación térmica que se registra entre el día y la noche, en los períodos de madurez de la uva (noviembre a marzo, principalmente), que fluctúa entre 15 y 20º C. con temperaturas máximas de 32º y mínimas de 10ª. Se trata de una circunstancia muy escasa en todo el mundo. Por ello que el cultivo de vides que generan uvas selectas, que requieren temperaturas moderadas en el día y relativamente bajas en la noche, es suficiente acercarse a la costa que otorga la frescura que, en otras partes del mundo se logra cultivando la vid en suelos ubicados en cotas elevadas, que generan temperaturas moderadas. En Chile ello no es necesario.
Tantas condiciones positivas que son la base fundamental de las aptitudes, que no determinan una homogeneidad de sus vinos. Ello se debe a que existen variaciones apreciables, según sea la latitud y longitud del sector que se trate. Ello permite una diversidad enorme de diferentes variedades y tipos de vinos, tanto tintos como blancos, sobre la base de un sello común característico de vino chileno. Respecto a este importante tópico se incluirá un capítulo específico, mas adelante.
La circunstancia más marcada del sector que se analiza, es el hecho de estar constituido por suelos de corta evolución, claramente definidos por factores geológicos, geomorfológicos, climáticos y a la siempre presente actividad volcánica. Esta característica se atribuye, fundamentalmente, a las condiciones montañosas, que determina elevadas pendientes, al comparar los relieves de la cordillera de Los Andes con el océano Pacífico. Todo lo expuesto determina disponer de suelos jóvenes, de corta evolución, que muy raramente dificultan, ni menos impiden, el cultivo de la vid.
Al referir el clima se mencionó el relieve de la zona vitivinícola definida, que está acotado por dos cadenas montañosas importantes: la cordillera de los Andes y la cordillera de la Costa. Ello determina la existencia de una planicie central y otra litoral las dos delimitadas por ambas cordilleras.
La disponibilidad de suelos con aptitudes adecuadas para el cultivo de la vid son virtualmente ilimitados.
En términos generales sobre el piedmont de la cordillera de los Andes las vides habitualmente se plantan hasta alcanzar una cota de 1000 m y en la de la Costa 600 m. La generalización del empleo de riego tecnificado permite en la actualidad excederse de estos límites.
Finalmente, la disponibilidad de agua para regadío también es suficiente para satisfacer la demanda donde es requerida.
Naturalmente, los Conquistadores no tuvieron conciencia de tantas virtudes que favorecen el cultivo de la vid en tierras chilenas, pero para ellas ella y la casi totalidad de otras explotaciones frutícolas, sin duda, las intuyeron y con mucho interés, atendidas la facilidad, sanidad y productividad con que se desarrollan las vides y demás frutas en este rincón del mundo.
La introducción de la vid a América, que refieren casi todos los historiadores al abordar el período de la Conquista, estaba llena de contradicciones y era muy insuficiente. La afirmación expuesta se expresa en tiempo pretérito, pues las dudas y contradicciones, como ya se insinuó en el Capítulo II, han quedado casi todas definitivamente dilucidadas gracias a una valiosa investigación publicada por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile, en agosto de 2007, titulada: "Determinando el Origen Español de Antiguas Vides Representativas Cultivadas en América".
En el Capítulo II se explicó la forma física como se presume que llegó la vid y la manera de transportarla. Se he podido demostrar que el tránsito de esquejes provenientes de España, con toda seguridad sujetos a recaladas en México u otros sectores de Centroamérica, se mantuvo constante. También es válido pensar que pequeñas cantidades de plantas se originaron de la fructificación de pepas obtenidas de las pasas, alimento muy recurrido por navegantes de aquellos años. Este derrotero dio origen a numerosísimas variedades regionales es decir híbridos intra específicos entre dos o más variedades de vitis vinífera sativa, las que habrían sido usadas para realizar plantaciones masivas sobre la base de sucesivas selecciones hasta lograr una homogeneidad genética relativamente estable y homogénea.
Aparentemente, no hay documento alguno que mencione cuáles fueron las variedades de vides que se trajeron desde España: Todos coinciden que entre las tintas predominó la que nosotros denominamos país, los argentinos criolla chica los peruanos negra peruana y los californianos misión o mission.. Respecto a la relación entre ellas los textos señalan que son parecidas o semejantes, pera nadie hasta ahora, había realizado una investigación científica seria sobre este tema, ni tampoco respecto a la Moscatel de Alejandría que muestra un esquema similar de distribución y menos aún explicar cómo y de que origen, son las múltiples variedades regionales surgidas en el Nuevo Mundo.
Por tratarse de un tema muy controvertido, se ha estimado pertinente incluir "in extenso", la positiva norma que siguen rigurosamente los investigadores al incluir, al comienzo de sus trabajos, un resumen ("abstract"), que al leerse permite conocer los alcances del estudio que, en no más de diez líneas, nos explica claramente en qué consistió la investigación y sus conclusiones. Se reproduce a continuación:
El análisis genotípico de antiguas variedades de vides existentes en Argentina, Bolivia, Chile, Perú y los Estados Unidos revela que casi todas corresponden a dos antiguas variedades, que aún se cultivan en España : Moscatel de Alejandría y Listán Prieto. Esta última se cultiva a través de sur y norteamérica bajo diferentes nombres tales como País, Criolla chica, Negra peruana, Misión y Mission. Los genotipos de la mayoría de otras antiguas variedades que se cultivan, debidamente analizadas, demuestran que son originarios de cepas o variedades híbridas de Moscatel de Alejandría, Listán Prieto, o ambos. Nosotros concluimos que estos dos cultivares (o variedades) son los principales fundadores de la antigua viticultura americana.
La investigación descrita comprende un enorme valor científico; tan es así que ha sido publicado por la Revista especializada estadounidense American Journal of Enology and Viticulture.
A la luz de lo expuesto es pertinente presumir que todas las variedades (o casi todas), como "cocos de gallo","negra huasquina", "dedos de dama", "San Francisco" y una cantidad enorme de otras no muy bien definidas y la mayoría actualmente desaparecida, tienen como progenitores a la Listán Prieto (pais) y la moscatel de Alejandría o Italia. Lo notable de ambas variedades es que, transcurridos más de cuatrocientos años, desde que ambas se introdujeron a Chile, en el secano costero continúan siendo variedades cultivadas exitosamente.
Es necesario detenerse a reconocer la excelente intuición de los Conquistadores al optar fundamentalmente por la variedad Listán Prieto, como la elegida para desarrollar la viticultura americana entre las variedades tintas y la Moscatel de Alejandría entre las blancas, dos verdaderos pilares. No se pueden presumir estudios académicos ni investigaciones científicas como las concebimos ahora, ni remotamente. Es consecuencia, del buen sentido técnico y la intuición que logró como recompensa la rápida y exitosa introducción de la vid pues, es muy posible que la fructificación de las primeras, si no hubiese sido por la rusticidad, resistencia a la sequía, pestes y enfermedades y otras virtudes, casi únicas en la Listán Prieto,( nuestra popular cepa país), no se habrían manifestado tan exitosamente. La mejor muestra de ello es que transcurridos 450 años, ambas variedades siguen plenamente vigentes.
Para evitar equívocos es pertinente precisar que de acuerdo a la estructura política y administrativa dispuesta por España para sus Colonias, Chile era clasificado como un Reino, dependiente del Virreinato de Lima, que estaba regido por un virrey representante plenipotenciario del rey de España, que en la práctica disponía de autonomía casi plena, atendidas las enormes distancias y las lentas, como también muy difíciles, comunicaciones de entonces.
También, es preciso tener presente que Cuyo y gran parte de los territorios allende los Andes, actualmente pertenecientes a la República Argentina, eran parte del Reino de Chile, hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata, recién en 1778.
Para los efectos de los análisis y descripciones de este libro sólo excepcionalmente, se harán referencias a la vitivinicultura trasandina, pues se trata de una área amplísimo, muy bien analizado y explicada por muchos autores argentinos de gran jerarquía, Si se consideraran aquí los análisis señalados se ampliarían, excesivamente, los alcances de esta obra, que se refiere, exclusivamente, a la historia vitivinícola de la actual República de Chile.
Anteriormente, se señalaron clima, suelos, variedades de vides adecuadas y se debe agregar la tradición vitivinícola que imbuía a casi todos los Conquistadores que permitieron hacer de Chile la "Tierra del vino". Además, la necesidad de producirlo para celebrar la Eucaristía, era entonces un catalizador muy significativo para esmerarse en su producción.
Atendidos los antecedentes expuestos, al revés de lo que debería indicar la lógica, resulta difícil encontrar personas, ni menos personajes, actores de la Conquista durante sus primeros años de consolidación, que no hubiesen tenido algún tipo de relación con la vitivinicultura.
Otro aspecto generalmente dejado al margen de toda consideración y análisis, salvo en círculos especializados, se refieren a la forma jurídica que determinó la formación de los predios agrícolas y la constitución de la propiedad privada, en general. Satisfacer esta duda es básico para entender la evolución del cultivo de la vid, otros frutales, cultivos anuales y ganadería, como una evolución del huerto casero, a la etapa de constitución de verdaderos predios agrícolas. Para responder esta inquietud se refirieren, brevemente, conceptos sobre este tema inspirados en escritos de un jurista especialista en derecho indiano: *1
El Rey de España consideraba que los virreinatos, las capitanías generales y las presidencias del Nuevo Mundo, no eran sino las diferentes secciones de una gran hacienda, que le pertenecía en propiedad, y cuya gerencia le había sido confiada por el Vicario de Jesucristo.
En tres órdenes principales ejercitó el monarca sus derechos; gobierno de los indígenas, la distribución de la tierra y la distribución del intercambio de productos.
Los naturales de América fueron reconocidos en teoría, desde los primeros tiempos, como personas libres; pero en la práctica, quedaron sometidos a la servidumbre española. Y, no pudo menos que ser así: el número de Conquistadores era muy escaso y, por lo tanto, habría sido imposible colonizar las inmensas comarcas del Nuevo Mundo, sin el auxilio de los brazos indígenas.
A fin de iniciar obras y cultivar la tierra, el Rey autorizó a sus adelantados y gobernadores para conceder encomiendas (merced vitalicia) de indígenas a los españoles beneméritos, para permitir que sirvieran a aquellos en la explotación de las minas, lavaderos de oro actividades agropecuarias y otras En la práctica, redujo a la esclavitud a los naturales americanos.
Es importante no confundir las estancias o tierras de crianza y labradío que los gobernadores daban a los conquistadores, con las encomiendas de indígenas; se consideraba que aquellas tenían un pequeñísimo valor, mientras que las últimas que constituían una cesión gratuita de un determinado número de indios de trabajo, eran muy solicitadas. Además, las encomiendas eran movibles y personales, de manera tal que los propietarios de ellas las trasladaban a diferentes lugares del territorio, según sus interesases y necesidades.
Así nació la propiedad particular en los virreinatos y capitanías generales. En el hecho, sin embargo, esta clase de propiedad estaba restringida por el mayor o menor número de los indígenas encomendados.
Al margen de ser Santiago la primera ciudad fundada por los Conquistadores, se puede considerar como el núcleo inicial de la actividad vitícola en Chile y en segunda instancia, La Serena. Por ello que resulta especialmente valioso el documento titulado "Viñas en las visitas del licenciado Hernando de Santillán oidor de S. M. hizo en las ciudad de Santiago provincias de Chile de los repartimientos de indios de sus términos de la ciudad de la Serena, 1558 (*2), quien, además de extraer los nombres y orígenes de muchos viticultores, se explaya en detallar el número de indígenas ocupadas en estas labores( En el Capítulo III se adelantaron los nombres de algunos viticultores, que se consideran los principales, o más conocidas) En el recuadro se incluyen otros, sin adentrarse en sus antecedentes y obras específicas, por escapar de los alcances de este análisis, salvo Juan Jufré(*3)quien por sus características personales y obras realizadas fue tan excepcional, que ha sido motivo de varios análisis especiales Además, se estima que la inclusión de esta lista es de mucho interés, también, para los genealogistas.
Pedro Gómez- Francisco Martínez- Pedro de Miranda-Capitán Baptista (Pastene) Rodrigo de Quiroga-capitán Francisco de Riberos-Jerónimo de Alderete-Fernández de Alderete
De la Serena: Francisco de Aguirre- Pedro de Cisternas-Garci Díaz ( de Castro)-Juan González-Pedro de Herrera-Luis Ternero- Alonso de Torrres.
Lista de familias de orígen griego e italiano que participaron de la viticultura temprana de Santiago:
Griegos: Juan Martín de Candia-Jorge de Rodas- Juliana de Rodas-Nicolao de Xío.
Italianos: Capitán Juan Bautista Camilo-Ana Camilo-Margarita Camilo-Teniente Gaspar Venegas-Juan Ambrosio Escalaferna-Nicolás Octavio Escorza-Pedro Fernández Perín -Nicolás Genovés, Juan Ambrosio Ginebra,Pedro,e Isabel Justiniano- Capitán Jerónimo de la Cámara-Vicencio del Monte - Capitán Luis Monte de Sotomayor- Guillermo de Niza-Juan Bautista Pastene-Capitán Tomás Pastene-María Pastene Lantadilla- Licenciado Francisco Pastene-Ana María de Pastene- Vicencio Pascual- Agustín Vicencio Vergara.
El estudio señala que esta presencia se atribuye "a que la corona española poseyera extensos dominios en la península itálica y el espíritu emprendedor, manifestado en la navegación y el comercio ultramarino que caracterizaba especialmente a los genoveses." Agrego: que también debe haber influido la enorme utilidad de estas personas e los aspectos técnicos del arte de navegar, desde pilotos o maestres hasta calafatearos, en Chile donde el mar era y es actor fundamental de su de su desarrollo.
Respecto al análisis sobre el empleo de mano de obra que refiere Santillán es tan interesante y a la vez ilustrativo, que se reproduce, aunque abreviadamente lo más significativo:
"Se puede inferir que la actividad vitivinícola no era muy desarrollada, atendida la reducida cantidad de mano de obra empleada en la mayoría de los repartimientos. Por ejemplo el de Juan Jufré contaba con sólo ocho indios, el de Pedro Miranda con dos para ser empleados en la viña, e igual número os de Alonso de Córdova. Estos y otros antecedentes permiten afirmar que el cultivo de la vid comenzó tempranamente en Santiago y La Serena, pero no masivamente"
Esta apreciación concuerda con la cantidad de habitantes de aquellos años, sumados españoles e indígenas, muy limitada, como se detalla a continuación, según antecedentes del historiador Francisco Antonio Encina.*4
Al margen de las características etnográficas heterogéneas de la población autóctona de Chile en 1600, según el historiador antes citado, la demografía chilena era la siguiente:
Don García Hurtado de Mendoza quien asumió después de la muerte de Valdivia, acaecida en 1553, contaba apenas con mil españoles, casi todos soldados. Desde esa fecha, hasta el término del siglo, el número de ellos se había duplicado, gracias a nuevos reclutamientos enviados directamente de España o del virreinato de Lima.
Durante ese periodo se formó una nueva clase social, los mestizos, y mermado el número de indios chilenos y yanaconas de origen peruano.
El soldado español "se ayuntaba" (que significa practicar el coito, término empleado por Encina), con cuanta india picunche, hulliche, o mapuche encontraba a mano. Esto sumado a la alta fecundidad de la mujer aborigen, restada la alta mortalidad que se registraba en aquellos años, el historiador calcula que entre peninsulares originarios y mestizos, la población alcanzaba a quince mil habitantes. Respecto a los indios encomendados, su población por efecto de las pestes, en especial la viruela y el tifus, había disminuido sólo a cinco mil seiscientos individuos.
En resumen: Las estimaciones indican que los habitantes de Chile al terminar el S. XVI alcanzaba a dos mil cuatrocientos españoles, unos cuatrocientos mil indígenas ubicados, casi todos, al sur del río Bío Bio., (en total eran más de un millón a la llegada de los Conquistadores) diecisiete mil mestizos, cinco mil negros, mulatos y zambos.( mezclas entre negros e indias).
Esta relación se expone con detalle dentro de un libro sobre historia del vino, pues para este autor y toda persona que desee conciliar la oferta de productos derivados de la vid, vino, chicha y muy pronto aguardiente, con la demanda se intuye para aquellos años una suerte de incongruencia, que induce a algunas elucubraciones:
No obstante, como se demostrará en los capítulos siguientes, tanto los habitantes originarios de España, los mestizos y la población indígena, muy especialmente, eran muy bebedores, resulta de cierta manera poco explicable el volumen que habría alcanzado la oferta.
En efecto, si restamos los indígenas independientes, casi todos mapuches hostiles radicados al sur del rio Bío Bío., la población consumidora total alcanzaba sólo a veinticinco mil personas, incluidos niños y mujeres. Exportaciones no se registran y de haber existido, deben haber sido insignificantes.
Si se supone, con mucha holgura, que la mitad de esa población bebía vinos y chichas; que su consumo bordeaba un litro diario (también estimación holgada) el consumo anual potencial alcanzaba apenas a poco más de cuatro millones y medio de litros. Si presumimos una producción por pie de vid de 0,7 litros( En aquellos años no se medían superficies para estos casos), se concluye que la demanda habría sido plenamente satisfecha con el equivalente a menos de lo que hoy calcularíamos, dentro de una superficie de viñedos cercana a las 800 has Conclusión: La oferta era muy excesiva.
Esta interrogante será tema para los próximos capítulos, pero por ahora, presumamos que existía un activo comercio con los mapuches no sometidos ¿Legal o ilegal?
Es necesario entender en forma integral lo que literalmente significa el concepto de "sociedad" término simple, pero de amplios y significativos alcances que implica literalmente la conjunción o "reunión mayor o menor de familias, pueblos o naciones".
El cultivo de la vid y particularmente la producción y consumo de vino como bebida nacional, tuvo una influencia muy significativa en la sociedad chilena, desde sus albores. Para facilitar y acotar su comprensión se analizan a continuación en este Capítulo, una de sus influencias tangibles que se refiere primordialmente al criterio aplicado para la elección de los lugares o áreas que los Conquistadores optaron para fundar ciudades. Desde un comienzo y durante todo el período colonial, aparece como una de las condiciones básicas para definirlas, la factibilidad que en sus suelos prosperara la vid, en condiciones óptimas. No se incluyen en este grupo las ciudades que también son puertos marítimos.
La segunda, que se expone con mucho detalle en el Capítulo siguiente menciona, y analiza sin reservas, objetivamente, la implicancia del consumo masivo de vinos, y otros derivados de la vid, su dramático impacto entre la población autóctona, sus primeras consecuencias negativas al comienzo de la Colonia que, inexorablemente, han marcado a este país, en muchos aspectos, hasta ahora (2009).
Es preciso recordar que el cultivo de la vid es posible sólo si se dispone de regadío Las primeras ciudades fundadas en Chile se abastecían de agua para el riego básico aledaño a las casas, (donde virtualmente en todas era una suerte de norma poseer vides), ya sea a través de obras hidráulicas muy elementales heredadas de los aborígenes, provenientes de lluvias, en regiones donde no sólo precipita en invierno, o de norias, es decir napas freáticas poco profundas. Si el análisis, que se esboza en estas líneas se profundiza, es demostrable que la creación de nuevas ciudades o simples villorrios, estuvieron supeditadas además de la accesibilidad al agua de regadío, a la disponibilidad de suelos dotados de aptitudes agros climáticas adecuadas para cultivar la vid. El fenómeno se repite durante toda la Colonia, lo que se analizará a través de los capítulos que se refieran al tema, cada vez que corresponda. Se podría argumentar que en "todo" Chile central la vid prospera pero, no se debe confundir este hecho, con la ubicación de lo que hoy llamamos "terroirs" (terruños) especialmente adecuados para cultivar la vid. Los responsables de ubicar lugares para erigir ciudades, sin duda, que intuitivamente o por experiencia ganada con el ejercicio de sus funciones, en la práctica conocían muy bien donde se encontraban los mejores terruños viníferos:. Este aserto es fácilmente demostrable sobre la base de verificar que los mejores vinos se obtienen en Chile desde viñedos ubicados en "el corazón de las ciudades". Permanentemente nos lamentamos por el hecho que los suelos más excelsos para cultivar vides, están cubiertos por las ciudades. Santiago, es un ejemplo muy categórico de lo que se afirma.
El desarrollo de la vitivinicultura en Chile y su expansión repite con muchas similitudes a lo ocurrido en la Antigüedad, en el actual Medio Oriente y Europa, es decir la expresión práctica del efecto primero civilizador y muy pronto colonizador de la vid que, por requerir cultivos casi durante todo el año, obliga a sus cultores a dejar de ser nómades y transformarse en gregarios, y como lógica consecuencia, verdadero catalizador para inducir la creación de nuevas ciudades, u otros asentamientos menores, según el caso.
Se responde de antemano a quienes con cierta lógica podrían dudar de esta categórica afirmación al preguntarse ¿y por qué el argumento no se aplica además al resto de los frutales, que también son cultivos permanentes? En parte es válida la duda; pero es preciso considerar que, hasta hace menos de medio siglo, la producción y consumo de frutas era posible, exclusivamente, en relación a la estacionalidad de la maduración de ellas y a la cercanía de los centros de consumo, salvo poco significativas cantidades de frutos secados al sol y con la excepción del cultivo del olivo, para la obtención de aceite, que en Chile, recién en el siglo XXI, se desarrolla como una verdadera agroindustria. Por lo tanto, en la práctica, salvo la vid ninguno genera un vínculo de arraigamiento tan profundo como el cultivo de ella.. Además, por ser la fuente para generar vinos, producto que requiere, además del cuidado de las plantas, por lo menos, la construcción de infraestructura para procesarlas, tal vez muy elementales al comienzo, pero imprescindibles e indispensables. Se trata en todos los casos de una suerte de inversiones inmobiliarias, las que como su nombre lo indica, no son transportables ni nadie estaría dispuesto a perderlas.
Y, tal vez lo principal, el vino es un, producto estable y obviamente muy atractivo, que satisface la demanda de un año completo o mucho más, si se observan normas de cuidado posibles de cumplir.
Tampoco debe olvidarse la exacerbada religiosidad que inspiraba a los habitantes de entonces; ello los inducía a tener la certeza de disponer de vino con plena seguridad para celebrar la Eucaristía; esa seguridad sólo se podía alcanzar con producción propia de vino pues, los caminos eran casi inexistentes y en inviernos rigurosos el aislamiento prolongado de determinados sectores, era un fenómeno muy recurrente.
En síntesis, la vid y el vino obligaron a sus cultores quedarse, casi definitivamente, en un determinado lugar y no migrar durante todo el año.
Si se expone el argumento desde otro ángulo, es posible presumir con un alto grado de certeza, que la geografía política de Chile sería hoy muy diferente a la actual, si el cultivo de la vid no hubiese existido, o sido factible con la prodigalidad que entrega, casi sin límites, en todo el territorio chileno dotado de clima mediterráneo.
El análisis y la argumentación, expuesta corresponden a una antigua tesis original del autor, de cierta manera está ratificada, parcialmente, en un valioso libro, muy desconocido, cuyo nombre es simplemente: "Viaje a Chile", cuyo subtítulo dice: "Relación del viaje a Chile, año de 1600, contenida en la crónica de viaje intitulada, "A través de la América del Sur".Autor: Fray Diego de Ocaña ( Editorial Universitaria, Colección Escrituras Coloniales, 1995)
Se trata de una pequeña gran obra, cuyo texto alcanza sólo a veinticinco páginas, donde el autor al recorre Chile el año 1600, en forma comparable a como la haría hoy un reportero moderno. Registra y comenta varias observaciones muy valiosas y veraces, que son dignas de rescatarse y permiten "sentirse", a ratos ,viajando por el país durante aquel remoto año, lo que facilita poder entender mejor como era la vida de nuestros conciudadanos de entonces, y especialmente la precariedad de nuestro desarrollo.
Fray Diego de Ocaña (1570-1608), Jerónimo guadalupense, era natural de la Villa de Ocaña en España. Casi nada se sabe sobre su formación intelectual y artísticas pero si místicas.
En Coquimbo comienza su peregrinación "hasta llegar a lo último de la tierra de Chiloé". Escribe: "No estuve de asiento en parte alguna ni descansé en los dos años dos meses, siempre caminando".En cuatro mapas muy prolijos, dibujados por el mismo, va marcando los derroteros de Chile, documentos que forman una interesante carta de geografía histórica del siglo XVII, donde indica pueblos aborígenes, aldeas, fuertes, minas, y otros tipos de producción. Describe las costumbres de los promaucaes, indios de la zona agrícola, que opone a los indios de guerra, en especial a los aguerridos de Arauco.
Coquimbo: "Es el primer pueblo de españoles y tiene cien vecinos. Abundante en trigo, maíz y vino. Varias explotaciones mineras". "Es gente pobre por la falta de indios que labren y laven el oro".(Nótese como un hombre de Iglesia y muy piadoso en aquellos años, considera la esclavitud como una condición absolutamente natural.).
Relata a continuación su viaje a Santiago "distante a setenta leguas" y refiere su paso a los poblados habitados por indios, de Limarí, el Valle del Choapa, de Longotoma, La Ligua y Quillota."Todos estos valles son fértiles de todos géneros de mantenimiento y un paraíso de frescura".
Al llegar a Santiago se remite a indicar que este "pueblo",, se encuentra a diez leguas del mar (ello permitiría presumir que las leguas de Ocaña alcanzaban a una extensión del orden de los 10 Km , si nos basamos en la distancia que separa a Santiago de la costa, como pauta de control) Agrega; está situada a orillas de un río y "tiene este pueblo alrededor de 500 vecinos".
Al continuar su viaje anuncia que su destino es Chillán "que está a 60 leguas de Santiago" Para Ocaña, entre Santiago y Chillán entonces "no había nada" rescatable de ser mencionado y es lógico, pues se trataba de un sector de Chile no colonizado, lo que ocurrió muchos años después, cuando se realizaron importantes obras de regadío. Benjamín Vicuña Mackenna, lo ratifica, quien, en una de sus tantas crónicas sobre Chile durante el período colonial, califica a la zona comprendida entre el sur del río Maipo y Talca como un extenso espinal, que denominó el "gran pequeño Sahara".
En Chillán a nuestro viajero le llaman profundamente la atención la pródiga existencia de parronales de uva mollar (término que significa blando y fácil de partir) "que desde el día que los pusieron, hasta el día de hoy no se han podado y van trepando por grandísimos árboles y llevan tanto fructo que es cosa de espanto porque hay parras destas que cogen de ella veinte a treinta botijas de arroba de mosto y así se lo beben sin aguardar a que se haga".
Relata a continuación su paso por Concepción y posterior viaje a Angol, "distante 18 leguas de aquella". En Angol quedó muy gratamente impresionado respecto a la calidad y abundancia de sus vinos, lo que menciona reiteradamente; al seguir hacia el sur, desde donde los españoles muy pronto serían expulsados cruentamente por los mapuches, situación que se mantuvo sin cambios hasta la llamada "Pacificación de la Araucanía" ocurrida recién a fines del siglo XIX:, Continúa sus relatos con enorme talento natural y refiere que debe afrontar graves contratiempos, frente a los mapuches belicosos, lo que estuvo muy cerca de costarle la vida.
Las observaciones del Padre Ocaña en cuanto a vitivinicultura , son coincidentes con los análisis expuestos en capítulos anteriores, respecto al incipiente desarrollo de la actividad, hacia fines del siglo XVI.. Esta circunstancia es también concordante con la pequeña población que era necesario satisfacer con productos de la vid.
Coincide también con lo que se aprecia, en el sentido que aún no se había establecido en Chile lo que se entiende como una Viña, o explotación vitivinícola organizada. Es más, su observación sobre la vid que trepa los árboles, es una muestra tangible que el cultivo de ella era muy rústico, aunque a él lo sorprende como un hecho positivo, o tal vez novedoso.
Lo expuesto sustenta y refrenda la virtual negativa del autor de este libro a establecer nombres de fundadores de viñas, pioneros y otros. El cultivo de la vid, la producción de vinos y chichas eran (y como veremos siguen siendo hasta hoy en muchas partes marginales del centro sur de Chile) incipientes industrias para satisfacer "el gasto de la casa" agasajar a los amigos, y muy elementalmente desarrollar el comercio.
El tema que se analiza a continuación es demasiado trascendente para la sociedad chilena, pues se proyecta a través de toda su historia. Atendido este hecho, se reiteran algunos conceptos ya expuestos en capítulos anteriores para facilitar su comprensión, y se agrega un objetivo análisis sobre este delicado tema.
La llegada de los europeos al Nuevo Mundo significó para ellos, de cierta manera, conocer "en vivo" bebidas alcohólicas, muy primitivas, comparadas a las que existían en Europa a principios del siglo XVI.
La población indígena en todo ese continente que luego se llamaría América, consumía alcohol en circunstancias parecidas a las que existían en el mundo antiguo, por lo menos desde seis mil años antes. Al llegar los conquistadores a Chile (y casi toda América) encontraron que los indígenas disponían de bebidas muy diferentes entre ellas pero que, genéricamente, eran conocidas como chicha. Hasta ahora casi siempre se ha supuesto que dicha palabra es de origen aimara o quechua. Error. Se recuerda que se trata de una voz indígena centroamericana de la tribu panamá, que designa con el término chichab al maíz y de ello se derivaría chicha. La expresión ha sido motivo de muchas confusiones entre los historiadores, pues algunos suponen que las diferentes chichas aborígenes de América son similares a la que hoy conocemos con ese nombre en Chile, proveniente de uvas.
Se insiste: la estricta verdad es que chicha aborígen y chicha chilena nada tienen que ver, lo que, por fin, corrobora el diccionario de la Real Academia, que diferencia una de otra.
Los indígenas sin excepción, cualesquiera fueran las etnias, bebían alcohol a través de sus chichas, todas de concentración alcohólica no superiores a los 4º. Recordemos que constituyen una excepción los onas, alacalufes y otras del extremo sur del continente, que por carecer de fuentes naturales como frutos o granos para generar azúcar, es dable presumir que no conocían el alcohol.
Los conquistadores refieren que los indígenas, especialmente los mapuches, eran proclives inveterados para consumir bebidas alcohólicas, lo que en ningún caso los hace diferentes a otros grupos humanos del resto del mundo. Sin embargo, dada la baja graduación alcohólica y dificultades para producir y acopiar sus brebajes autóctonos, se demostró que antes de la llegada de los conquistadores y la consiguiente producción de vino, es improbable que pudieren haber llegado, cotidianamente, a extremos excesivos en sus libaciones. Ello ocurría fundamentalmente durante sus celebraciones rituales.
Pero cuando se generó vino y estuvo al alcance de todos, gracias a la extraordinaria, amplia y generosa aptitud vitivinícola de este lugar del mundo, se produjo un cambio dramático entre los nativos. Tuvieron acceso a bebidas alcohólicas muchísimo más atractivas que las de ellos. Consumir vino de 10 grados de alcohol, o más, casi "de un día para otro", frente a las muy mediocres chichas autóctonas de 4º, tiene que haber sido un impacto demasiado agudo. Recordemos que el consumo de vino originó en los pueblos primitivos de Oriente Medio, muchos siglos antes, sentimientos sobrenaturales, por su efecto embriagante que dio origen, entre muchos otros hechos, a reemplazar con él a la sangre humana y animal en sus sacrificios rituales. Pero, la significativa diferencia está en el hecho que el fenómeno de accesibilidad al vino para ellos fue gradual, por ser un producto de élite, generalmente difícil de producir y por lo tanto, escaso, que un comienzo consumían los muy poderosos y por ello causó trastornos menores.
También debe tenerse presente que las chichas autóctonas americanas eran bebidas esporádicas, que era necesario producirlas, previamente, casi a pedido, pues no se podían guardar. En cambio, el vino estuvo siempre, o casi siempre, disponible durante todo el año, gracias a su mayor estabilidad, lo que permitía su acopio y disponibilidad permanente.
El contacto de los indígenas chilenos con el vino fue "Un amor a primera vista" pues se transformaron, rápidamente, en entusiastas clientes de los futuros vitivinicultores de esta parte del mundo. Más impactante aún fue la práctica de la destilación del vino, iniciada hacia fines del siglo XVI con la introducción del alambique y la producción de aguardiente, destilado que alcanza una graduación alcohólica aún mucho mayor (presumiblemente cercana a los cuarenta grados). Es casi seguro que la calidad potable de aquellos aguardientes, a la luz de los conocimientos actuales se puede presumir que, al ser consumidos por los indígenas, además de alcoholizarlos se hayan registrado muchos casos de envenenamientos. Ello porque el proceso de destilación no es una actividad elemental ni natural; requiere de ciertos conocimientos y aplicación de técnicas sofisticadas para que se generan bebidas inocuas. Se dificulta que durante la Colonia ello se alcanzó, especialmente si se tiene en cuenta que aún existen en Chile, aunque felizmente en muy bajas proporciones, los llamadas aguardientes caseros o artesanales, que son absolutamente no recomendables, por sus reconocidos efectos nocivos
Una de las características que se deben respetar cuando se interpretan los hechos históricos, es la veracidad y objetividad plena frente a los acontecimientos.
La facilidad que se observó en Chile para producir vinos, su excelente calidad y producción factible en casi todo su territorio, además de considerarse y ser de hecho una verdadera bendición, también fue, si no la causa, el medio con el que manifestaron graves trastornos sociales, como lo son la embriaguez y el alcoholismo desde los comienzos de la formación del Reino.
El gobernador Ruiz de Gamboa fue el primer gobernante de nuestra historia que se enfrentó al problema del consumo desordenado de vinos y por ello dicta la primera "ley de alcoholes" que se conoce como "mandamiento del 14 de octubre de 1581" y nombra un funcionario especial para aplicarla: "El Alcalde de las Borracheras". Se reproduce el texto de la orden o "mandamiento" por ser a la vez pintoresca y dramática:
"Por cuanto de tener los indios naturales de los términos de esta ciudad, alrededor de ella, viña e higuerales en sus solares y chácaras y cercados, resulta grande perjuicio de Dios, nuestro Señor, porque el esquilmo de ellos lo hacen mosto y lo beben y se emborrachan, de manera que se matan unos a otros, y estando borrachos hacen muchos insultos, hasta el pecado nefando; mando que se apregone públicamente que todos los indios que tuvieren en sus solares y cercados viñas é parrales higuerales, dentro de cuatro meses siguientes los decepen y arranquen de raíz, o vendan a españoles las dichas viñas y heredades"
(Pero los indios, que también tenían algunas penas que ahogar, no se resignaron a la abstinencia decretada por oficio. Y entonces el Gobernador Martín Ruiz de Gamboa decidió nombrar un "Alcalde de las Borracheras").
"Por cuanto prohíbo que agora é de aquí adelante ninguno ni alguno de los dichos indios en la ciudad ni en las estancias é chácaras é viñas della hagan en sus casas é chácaras ni en otro lugar público ni secreto, borracheras ni juntas para beber ningún género de vino ni chicha ni otros brebajes con que se emborrachan, ni aunque sea so color de facer sus sementeras ni casamientos ni otras fiestas ni banquetes, so pena al auctor de las tales borracheras de cien azotes ó perdimiento de todas las vasijas que tuvieran de los tales vinos ó brebajes, que sean tresquilados: é pena de cincuenta azotes e trasquilados los cabellos a cada uno de los indios é indias que se tomaren borrachos en las dichas borracheras é a los que se prendieren después que se averiguare haberse hallado en ellas; esto por la primera vez, é por la segunda la pena de azotes doblada, ó por la tercera la pena de azotes doblada y diez días en el cepo; y doy comisión a Cristóbal Rodríguez para que, trayendo vara de la real justicia, tenga a cargo en la dicha ciudad de Santiago é sus términos, de deshacer las dichas borracheras é prender a los autores é borrachos é convidados dellas y ejecutar en sus personas las dichas penas; é le mando que quebre é haga quebrar las tinajas é cántaros que hallaren en las dichas borracheras é casas dellas"
Según varias crónicas de la Conquista, sus cultores tampoco fueron un ejemplo de sobriedad cuando se trataba de beber. Según el célebre folclorólogo Oreste Plath, basado en diferentes fuentes de información, señala:
"Los conquistadores bebían sin moderación en los banquetes. Uno de los cargos que se le hicieron a don Pedro de Valdivia fue el haber introducido en Chile la moda de los ‘brindis a la flamenca’, acusación que se hizo más intensa contra el gobernador Alonso de Rivera, en 1602, por su ‘afición a los brindis de Flandes, que se realizaban con muy gran descomposturas y fealdad, poniendo las botijas de vino en las mesas sobre los manteles y brindando con mil ceremonias por cuantos hombres y mujeres le vienen a la memoria, y a la postre, a los ángeles, porque así se usa en Flandes".
No resulta aventurado sostener que la equivocada actitud que muestra nuestra sociedad frente al consumo desordenado o excesivo de bebidas alcohólicas, tiene su origen más remoto en lo expuesto. Aunque ello es sólo una muestra representativa, de un fenómeno negativo, que ha perdurado a través de toda nuestra historia. Los antecedentes sobre incidencia de enfermedades como la cirrosis hepática, que fueron durante mucho tiempo la primera o unas de las primeras causas de muerte, sumados a cuadros de miseria social fueron muy bien descritos por diferentes autores de los siglos XIX y XX, González Vera y Valdés Cange. En la actualidad el mal muestra toda su rudeza en los accidentes del tránsit. Agréguese a tan ingratos hechos las penosas agresiones y desencuentros intrafamiliares, la destrucción de los menguados presupuestos para atender las necesidades básicas de innumerables familias modestas y otra larga serie de males fáciles de colegir, causados por un consumo inculto de bebidas alcohólicas.
Dentro de toda esta triste realidad el vino, por desgracia, siempre apareció como causa y no medio del problema que encierra múltiples taras, propias del hecho de ser. Agréguese al hecho que hasta hace muy poco la fuente de alcohol para el consumo humano provenía lejos, mayoritariamente, del vino, chichas y aguardientes. Nuestra sociedad en todos sus estratos ve en los "curaditos" seres simpáticos y entre los populares, especialmente campesinos, se considera que los muchachos al embriagarse "se hacen hombres".
Estas realidades, que constituyen sólo unos pocos ejemplos, de una u otra manera han empañado el desarrollo de la industria vitivinícola, como consecuencia de la aplicación permanente de políticas de estado, proclives a establecer impuestos especiales, barreras arancelarias, leyes restrictivas y normas de consumo, que lindan en lo absurdo, entre otras trabas. Dentro de todo, estas realidades no encuentran en el análisis histórico ninguna acción de fomento o coordinación de la industria, salvo excepciones ínfimas.
Lo expuesto es sólo el enunciado incompleto de una negativa realidad, que se analizará a través de los capítulos que siguen.
Es penoso comprobar que el consumidor chileno es altamente desordenado: Una entidad denominada World Advertising Research Center (Warc), publicó recién un sesudo estudio denominado "Tendencias de Consumo de Alcohol en 2004". En él se aprecia una sorpresa que intuía: somos moderados para tomar, pues en función del volumen que ingerimos, comparativamente, bebemos poco. En efecto, de un total de cuarenta y cinco países analizados ocupamos el lugar treinta y cinco. Nos superan todos los países de Europa, y fuera del viejo continente, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, Japón, Argentina y Uruguay. Le "ganamos" sólo a diez países, ninguno productor de vinos, salvo Sudáfrica que ocupa el lugar treinta y ocho. Es "público y notorio" que forma parte de nuestra idiosincrasia empezar a consumir desordenadamente el viernes en la noche y frenarse el domingo a mediodía, para amanecer con el "cuerpo malo" el lunes y retornar al trabajo, por lo menos sobrio. Si en lugar de lo reseñado las conductas se orientaran a descargar la nave en siete días, lo que se acostumbra en dos.
La disponibilidad de antecedentes sobre los temas que derivan del título de este Capítulo, aunque existían, se encontraban dispersos y sin ser motivo de análisis historiográficos integrales; en consecuencia, no aparecían en los textos tradicionales y eran escasos en publicaciones eruditas. En la práctica se trataba de temas desconocidos, sólo era posible intuirlos.
La falencia expuesta ha quedado en gran parte resuelta, debido a una investigación, desarrollada gracias al patrocinio de la "Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas. (CONICYT) .Ella se inició en 2004 y terminó en 2007,con el título de "Las Viñas y el Vino en el Chile Central, siglos XVII y XVIII".Bajo la dirección del profesor Juan Guillermo Muñoz Correa y la participación de varios profesionales, y estudiantes del área, permitió la ejecución y posterior publicación de, aproximadamente, veinticinco documentos de trascendente valor historiográfico, referidos al enunciado ya expuesto, tema principal de este capítulo y siguientes.
Otra fuente también consultada es el libro" La Agronomía en la Agricultura Chilena", de Patricia Arancibia Clavel y Aldo Yávar Meza. (Edición del Colegio de Ingenieros Agrónomos, 1994)
Los antecedentes que proporcionan los documentos indicados, sumados a apreciaciones personales y otras fuentes menores permiten, en primer lugar, analizar y divulgar informaciones completamente desconocidas para la gran mayoría de las personas y para los estudiosos de la historia del vino chileno, elaborar teorías y alcanzar conclusiones, sobre la base de antecedentes válidos.
Para poder comprender más cabalmente como se desenvolvía la vitivinicultura chilena durante la Colonia, es condición previa poseer una visión general de las características agropecuarias de Chile central, entendiendo por tal, aproximadamente, el territorio que abarca desde el rio Elqui por el norte hasta el límite fijado por el río Bío-Bio, por el sur.
Los historiadores modernos coinciden en que las apreciaciones de las actividades agropecuarias desarrolladas en Chile, durante los siglos que se analizan, discrepan substancialmente respecto a la de los historiadores tradicionales, decimonónicos, muy proclives a ponderarlas positivamente casi sin reservas, concepto que aún persiste entre muchas personas.
Se atribuye como causa original de este fenómeno, entre otras, a las famosas cartas "promocionales" sobre Chile que Pedro de Valdivia remitió al rey de España, avaladas posteriormente por el cronista Alonso de Góngora y Marmolejo, que no escatima elogios respecto a un supuesto desarrollo superlativo de la agricultura y la ganadería en estas tierras. Decisiva influencia en el mismo sentido tuvo la brillante obra poética "La Araucana", de Alonso de Ercilla y Zúñiga.
Las ventajas agro climáticas de Chile, la riqueza y feracidad de sus tierras, fue un axioma aceptado por todos y refrendados por los testimonios de numerosos viajeros, gratamente sorprendidos con nuestro entorno rural. Muy especialmente influyentes fueron las impresiones vertidas en sus obras por el célebre Abate Molina.
Lo expuesto no corresponde a irrealidades o visiones quiméricas, pero contrastan severamente con la forma en que efectivamente estos excelentes recursos naturales eran explotados.
Se registran opiniones negativas muy bien fundamentadas, de observadores independientes que señalan:"El trabajo agrícola era abiertamente rudimentario y de hecho, la falta de técnicas de cultivos, de instrumentos, de infraestructura y de todos aquellos elementos necesarios para hacer producir la tierra no había variado casi nada, desde la llegada de los españoles, haciendo de Chile un país de gran pobreza, "agronómicamente" hablando.
Refuerza lo expuesto una crónica de Vicente Carvallo y Goyeneche , referida a los albores de la independencia (se colige que no hay razones para suponer que, en el mejor de los casos ,en los siglos anteriores que se analizan era, por lo menos, igual) relata, después de observar predios aledaños a Santiago, un acertado cuadro sobre la zona rural más importante de Chile:
"….El cultivo que le dan a la tierra es surcarla y contra surcarla, y sin abono alguno la dejan hasta el fin del otoño o entrada de invierno, que repiten esta misma operación….su cosecha- trigo o cebada-se hace en verano con tanto desperdicio, que para hacer otra cosa no era preciso sembrarlo…"
Al comienzo de la República se registran varias opiniones similares entre otras, de hombres tan ilustres como Manuel de Salas y el francés Claudio Gay.
Al margen de las delimitaciones territoriales oficiales, cabe señalar que la ocupación efectiva de Chile se realizó desde el despoblado de Atacama hasta el Bío-Bío y desde la Cordillera de los Andes hasta el océano Pacifico. Se definieron tres zonas identificadas con el nombre de las respectivas ciudades cabecera: La Serena, Santiago y Concepción, las que se han entendido de hecho como el "Chile tradicional". El proceso de ocupación de tierras se registró originalmente en torno a las citadas ciudades. Pero la limitante básica estuvo constituida por la disponibilidad de agua para regadío. La Serena presentaba características semi desérticas, la región central circunstancias similares aunque menos extremas, Otra limitante fue la inexistencia o precariedad de las comunicaciones terrestres; nada podía lograrse incorporando extensiones importantes al cultivo si sus frutos no podían ser enviados a los consumidores. Existía, por lo tanto, una gran extensión territorial no efectivamente ocupada.
Por ejemplo, desde el límite fijado por el río Maipo hasta, aproximadamente, la actual ciudad de Talca,como consecuencia de la política expansiva seguida por los conquistadores, orientada hacia los extremos del país, determinó que durante los siglos XVI y XVII no se fundara ninguna ciudad en todo este amplio sector, que entonces carecía casi absolutamente de riego. La actual importante región vitivinícola del Maule a diferencia de lo que se señaló para La Serena, Santiago y Concepción, se formó en torno a pequeños núcleos rurales y haciendas. Las comunicaciones terrestres, contrariamente a lo que indica nuestra lógica, no transcurrían por el Valle Central si no que atravesaban longitudinalmente los valles de la Cordillera de la Costa.
Sólo a mediados del siglo XVIII, los gobernantes de Chile llevaron a cabo, después de muchos esfuerzos, un proceso de urbanización del territorio referido, y para ello fundaron ciudades cabeceras, partidas y villas, tanto para españoles como para nativos. El Gobernador Manso de Velasco fundó las ciudades de Talca y Cauquenes (1742), Curicó (1743) y Linares 1755, dos siglos después que las ciudades de lo que se llamó Chile tradicional, con la excepción de Cauquenes y Mataquito donde los conquistadores, expulsados de Arauco por los mapuches, encontraron las condiciones agro climáticas que permiten el desarrollo exitoso del cultivo de la vid, en suelos carentes de riego artificial.
Sin necesidad de recurrir a la imaginación sino que sólo a indagaciones fundamentadas en circunstancias agronómicas casi elementales, se puede afirmar que el paisaje de Chile central en los siglos que comentamos, era substancialmente distinto al actual en cuanto a su vegetación.
En primer lugar se debe tener presente que los espacios de suelos regados constituían una excepción; por lo tanto es necesario asumir por ejemplo, que el valle central, estaba cubierto por vegetación autóctona, de mayor o menor desarrollo, en casi toda su extensión, dependiendo de la suma de lluvias anuales y la extensión de las mismas a través del año. Con toda seguridad más desarrolladas y densas a medida que se avanzaba hacia el sur, por coincidir con un aumento de la cantidad y extensión anual de las lluvias, al margen de las características propias del suelo en cada sector. Para tener una visión real sobre como fue ese entorno es preciso ubicar algún rincón de alguna cadena montañosa en la que aún persevere algo de vegetación autóctona desarrollada, e imaginarla ubicada en el valle. Debe recordarse, aunque obvio, que no formaban parte del paisaje la numerosa flora exótica que ahora es claramente mayoritaria, representada por especies tales como álamos, eucaliptos, pinos, sauces , zarzamora y otros que hoy invaden y copan el paisaje.
Como contrapartida valga tener presente que atendida la ausencia de riego artificial, especialmente desde Talca al norte, el territorio era muy inhóspito, pues la carencia habitual de lluvias desde octubre a mayo, hacía de estos territorios casi un desierto, la mitad del año. Se ha repetido la impactante opinión de Vicuña Mackenna quien sostenía que en el siglo XVIII la extensión territorial entre la línea del río Maipo y Talca era "el pequeño Sahara de Chile donde, además, existía el espinal más extenso del mundo".
Según el historiador Villalobos, durante los inicios del Siglo XVII la población total alcanzaba sólo a menos de 200.000 habitantes. De ellos cerca de 160.000 era población indígena, tanto sometidos como libres. Si se compara esta cifra con el millón de habitantes que calcula existían al momento de llegar los españoles, fácil es colegir la crisis demográfica que afectó a este sector de la población. Los hispanos criollos alcanzaban a 7.500, los mestizos a 20.000 y la población negra más sus mezclas a poco más de 3.000 individuos. Agrega: De esta población ya de por si reducida, los hispanos criollos, tenían posibilidades de acceder a la propiedad de la tierra situación que necesariamente contribuyó a cimentar la imagen de un país que contaba con un rico y extenso territorio a explotar agrícolamente".
Al finalizar el siglo XVIII y en vísperas de los inicios de constituirse Chile en un país independiente, la población alcanzó a 900.000 habitantes, la misma que existía casi tres siglos antes, cuando llegaron los conquistadores.
No deben confundirse estos antecedentes demográficos, con los expuestos en el Capitulo V, referidos por Encina y correspondientes al término del Siglo XVI.
Al comenzar el siglo XVIII, se registra una clara apertura hacia el comercio exterior. Las exportaciones, dan paso a masivas ventas de trigo a Perú. Ello originó cambios substanciales en la tenencia de la tierra, la estructura social y los sistemas de trabajo. En la zona central la, estancia da paso a la hacienda, propiedad agrícola de significativa extensión, pero más reducida que aquella, se consolida como una unidad social y económica. En torno a las ciudades, especialmente Santiago, se formaron cordones de las llamadas quintas, que la surtían, principalmente, de hortalizas y frutos. Más grandes eran las chacras (se calcula que su extensiones eran del orden de cien has), las que proveían vino, trigo y aceite .A continuación las estancias, y haciendas, dedicadas fundamentalmente a la ganadería, generadora de sebo, charqui y cuero.
El suelo y el clima permiten una agricultura muy variada que hace posible la explotación tanto de especies nativas como la papa y el maíz y los tomates y la adaptación de especies europeas de varias hortalizas, cereales, olivo , numerosas especies frutales y por supuesto la vid, objetivo de este análisis.
A comienzos del siglo XVIII, la principal actividad agrícola sigue siendo la producción de trigo y problemas en las producciones agrícolas en Perú, abren un importante mercado para los productos chilenos, lo que determina un auge del sector agropecuario hasta llegar constituirse, en la principal fuente de ingresos públicos y privados hasta, aproximadamente 1730.
Las informaciones respecto a las actividades de importantes viticultores como Juan Jufré y otros, resultan muy válidas pues, si aunque la población española era incipiente, la indígena era numerosa y consumía en exceso. La producción de vinos, chichas y aguardientes en cantidades de relativa importancia, no se originó en viñedos como hoy día los concebimos sino que, en parrones caseros de las incipientes ciudades y respecto a sectores rurales, tampoco en forma de viñedos organizados sino que obtenidos de plantas dispersas asociadas a otros frutales, cultivos anuales, e incluso sin separación clara de la ganadería. La producción de vino, al parecer era una industria de auto subsistencia y muy limitado comercio, pero de haberlo, lo hubo, sobre todo en el caso de Santiago y sus sectores aledaños, sin perjuicio de ventas clandestinas a lo indígenas rebeldes.
En 1654 había que pedir permiso para plantar nuevos viñedos, medida que fue derogada muy pronto pues el consumo de vino, aguardientes y chichas era tan importante, que las autoridades incluso requisaban estos productos desde las bodegas, para ser vendidos en lugares céntricos como la Plaza de Armas de Santiago. Lo expuesto ocurrió en varias oportunidades entre 1621 y 1623; incluso más, las autoridades recurrían a la fijación de precios. Impacta el hecho que todas estas medidas de carácter "socialista" se aplicaban hace ya cuatro siglos.
Debe tenerse muy en cuenta que todos los primeros viñedos cultivados en Chile dependían del regadío, o bien fueron plantados en suelos semi húmedos (comúnmente llamados vegas), aledaños a los ríos. Pero, es absolutamente imposible suponer la existencia de viñedos productivos en estas regiones, sin disponer de alguna fuente hídrica ajena a la lluvia natural, inexiste en verano en Santiago y más al norte.
Los conquistadores españoles fundaron Concepción y por ello en sectores cercanos a ese lugar plantaron extensiones importantes de viñedos, que no requerían de regadío artificial, que fructificarían en buenas condiciones, pero posteriormente debieron abandonarlos por la acción bélica de los mapuches. Estos contrariamente a lo que pudiera creerse no destruyeron todos los viñedos y tampoco disponían de tecnología elemental para cultivarlos. Sin embargo, mientras los viñedos sobrevivieron cosecharon la uva produciendo "vinos elementales" para satisfacer su natural interés por el producto. Este fenómeno es similar a lo ocurrido entre los bárbaros y el Imperio romano, varios siglos antes. Los mapuches fueron lo suficientemente astutos, como los bárbaros, para hacer un grato uso de la uva a la que tuvieron acceso. Los relatos históricos reiteran en mencionar a Antinecul, cacique mapuche de fines del siglo XVI, quien destruyó viñedos en Concepción ¿Los habrá destruido o tal vez explotado arcaicamente?
Es presumible, que el empleo de extensiones importantes de suelos dedicadas exclusivamente a la producción de uva para vino, aunque las hubo, no fue una constante generalizada sino más bien una excepción, pues recién a fines el siglo XIX se registra la existencia de viñedos extensos, en todo caso pequeños comparados con el promedio de extensión de la subdivisión actual (2008)
Lo que entendemos por secano (suelos sólo regados por lluvias naturales), en su gran mayoría estaban plantados en laderas, criterio heredado de los españoles, bastante plausible ya que coincide con el concepto técnico que la vid no debe ocupar los suelos más fértiles. Referente a la estructura del diseño de las plantaciones, los antecedentes permiten colegir que no se seguía un plan uniforme pues, las plantas se ubicaban donde "caía la mano"; de ahí que resulte muy difícil pretender expresar extensiones físicas exactas de viñedos plantados en las distintas etapas de la Colonia. Las pocas informaciones que hay sobre catastros realizados se refieren a número de "pies de vides", en ningún caso de extensiones físicas. Sobre la base de esos antecedentes se ha podido colegir, con un alto margen de error, que la superficie plantada con viñedos, sobre la base de estimar, arbitrariamente, una densidad de plantación de 5000 plantas por ha, pueden haber alcanzado a unas 12 a 15.000 hectáreas, a fines del siglo XVIII.
Como norma general se puede estimar que 100 kilogramos de uva son necesarios para producir una arroba de vino cuyo volumen "oficial" entonces, se calcula, bordeaba los 36 litros. La productividad unitaria de cada planta promedio, dada la incidencia del viñedo de secano, no debe haber sido superior a 1,5 kilogramos por planta, y por ende se podría estimar una producción anual fluctuante entre 50 a 60 millones de litros, hacia fines del siglo indicado. El volumen calculado es aceptable si tiene en cuenta que la población se estima que alcanzaba a 900.000 habitantes, lo que habría determinado un consumo per cápita cercano a los 60 litros /hab año
Como referencia valga señalar que recién en el siglo XVIII el sector central de Chile entre, aproximadamente, Santiago y Chillán comenzó a ser sujeto de obras de urbanización y regadío, que cambiaron la faz de este sector del país lo que ya se ha referido con más detalle.
La viticultura, en consecuencia, pudo desarrollarse en proporciones de carácter industrial, para la época, sólo en regiones del país donde las lluvias eran lo suficientemente copiosas y repartidas a través del año. Ello explica entonces que, si bien es cierto, los primeros cultivos fueron en Santiago, La Serena, Copiapó y todas las regiones nortinas regadas, el verdadero desarrollo se gestó en regiones como Cauquenes, Mataquito, Concepción y otras del centro sur donde las lluvias, hasta hoy, permiten fructificar la vid sin recurrir al riego artificial
En cuanto al comercio exterior de la época, los vinos y aguardientes se calcula que alcanzaban a un total exportado de 40.000 y 5.000 arrobas, respectivamente.
Al margen de lo anterior, es destacable el hecho que al igual como ocurrió en la Europa medieval y también en la Antigüedad, en Chile la vid fue factor de asentamientos humanos y creación de futuros pueblos. En efecto, ampliando conceptos ya emitidos sobre este tema, existe una curiosa línea geográfica de pueblos y aldeas asentadas en suelos de secano, aptos para generar uvas, que nace en San Francisco de Limache, cercano a la costa de Valparaíso por el norte hasta, aproximadamente, el pueblo de San Rosendo al este de la ciudad de Concepción, por el sur.
La chicha que es muy parecida a los vinos dulces medievales y de la Antigüedad como por ejemplo el pramnio, el retxina y muchos otros. Se producía en Chile (aún se produce) en determinadas localidades sobre la base de concentrar mosto por la vía del calor, guardar el producto una vez terminada la fermentación primaria dentro de las conocidas tinajas de greda, dentro de las cuales se produce un fenómeno de fermentación lenta y continua (en estado reductivo, sin oxígeno, o muy poco) que da origen a la chicha cocida. Es contradictorio que respecto a esta forma de beber un "casi" vino, propio de Chile, no existe bibliografía técnica sobre ella ya que en la práctica se ignora.
Sin embargo, un personaje de la envergadura de Claudio Gay hace una breve, pero muy interesante referencia a ella, que se reproduce textualmente:
Esta chicha (la de uva) —dice—," es una bebida muy apreciada en Chile; y las familias ricas, como las pobres, hacen un gran consumo de ella, mientras conserva su dulzura. La de Aconcagua tiene mucha fama, sobre todo la que preparaba el señor Lastra; pero hoy casi toda la gente fabrica igualmente buena.
Se prepara con lagrimilla, eligiendo de preferencia la que se saca de las uvas más dulces (mosto del primer escurrido y por lo tanto potencialmente más dulce y generador de una graduación alcohólica más elevada).
A esta lagrimilla se le da un cocido ligero, que frecuentemente no alcanza a hervir, y después de enfriarla, se echa en barriles, cuya boca se tapa perfectamente. Desde luego se opera la fermentación con gran producción de ácido carbónico, lo que pondría en riesgo el barril, si no se tuviera cuidado de abrirle un pequeño agujero, para dar salida a este gas. Este agujero queda tapado por una clavija, que se quita cada dos horas, mientras dura la fermentación. La chicha así preparada se transvasa en barriles para el consumo. Al cabo de seis a ocho días, se puede ya hacer uso de ella; y muchas personas así la prefieren, por ser entonces espumosa y fogosa, pero desarrolla muchos flatos, y por este motivo se suele tomar sólo uno o dos meses después. Es de poca duración; ya en octubre principia a picarse, y se emplea entonces para la destilación. Se necesita ordinariamente cinco arrobas de este licor para conseguir una de aguardiente. Sin embargo, hay chichas que duran hasta enero, cuando están bien preparadas, y según un buen método"
No se debe confundir esta chicha, también llamada cocida, con la obtenida de mostos en plena fermentación, durante la vendimia. El consumo de el es esencialmente peligroso, salvo que se le someta a una suerte de pasteurización, pues contiene levaduras en plena actividad, las que al ser bebidas continúan su acción fermentadora dentro del estómago humano, con consecuencias muy ingratas para quien la consume.
La chicha, tiene otra implicancia socioeconómica. En efecto, por el hecho de no poder ser transportable, ya que las tinajas de greda donde se elaboraban eran y son casi imposibles de mover crearon, una suerte de "denominaciones de origen" que la caracterizan hasta nuestros días las producidas en distintas partes del país: Chicha de Villa Alegre, de Curacaví de Quilicura, entre otras. La razón de este fenómeno ocurría porque ella no podía llegar al consumidor, sino que éste quien debía llegar a ella, para poder consumirla.
Al analizar las características de la chicha, del vino y del aguardiente, se concluye que la primera fue, aparentemente, la bebida predilecta de los habitantes coloniales, pues se trataba de un producto bastante más estable que el vino de aquellos años, y más grato que el aguardiente.. Se producía (aún se produce) en determinadas localidades sobre la base de concentrar mosto por la vía del calor, guardar el producto una vez terminada la fermentación primaria dentro de las conocidas tinajas de greda, en las cuales se produce un fenómeno de fermentación lenta (en estado reductivo) y continúo que da origen a la chicha cocida.
En capítulos anteriores desde distintos puntos de vista, se ha destacado el efecto civilizador y urbanizador que tiene como consecuencia el hecho de practicar la viticultura; en efecto ella determina de inmediato el desarrollo de la vitivinicultura, sobre todo en tiempos pretéritos cuando las comunicaciones a través de caminos medianamente confiables era casi inexistente, lo que obligaba a la fermentación del mosto de la uva en el mismo lugar en que obtenía, o muy cerca. En consecuencia, salvo para distancias cortas, resultaba inconcebible comercializar uva para vinificar, como es de ordinaria ocurrencia en nuestros días. Categóricamente entonces, el hecho de cultivar la vid implicaba tener instalaciones para procesarla, o tener acceso a alguna cercana. Por lo tanto, además por ser este un vegetal que demanda mucha mano de obra permanente y más especializada que el resto de las actividades agrícolas de la época origina, también, un factor de desarrollo industrial es decir, la base de una agroindustria. Este hecho que por evidente y tangible nos parece como algo natural y casi obvio merece sin embargo, algunas reflexiones:
El cultivo de la vid no sólo implica un cuidado permanente y dedicado con un cierto grado de especialización pues es, además, el germen de un desarrollo que comienza por la creación de infraestructuras, como bodegas, vasijas y maquinarias, elementales al comienzo, pero progresivamente complejas en el transcurso del avance la historia. Estos requerimientos deben ser satisfechos a su vez por otras industrias. La necesidad de envasar y todo los insumos y servicios derivados que ello implica, más el transporte, los servicios relacionados y otros crearon, junto con el desarrollo de la industria en si una compleja y completa cadena productiva débil y elemental al comienzo pero, en el presente, no obstante estar separada varios siglos de los albores de la industria, es una muestra muy categórica de la importancia integral y verdadero polo de desarrollo que cobija la vid, para la economía de un país en el transcurso de su historia. Chile es precisamente un buen ejemplo de lo expuesto.
La palabra lagar (derivado de lago y antes de lacus) y el lagar en si, o trujal término sinónimo, resultan ser conceptos completamente desconocidos para una gran mayoría de nuestros compatriotas y en general para los que hablamos español, menores de cincuenta años.
(Los eruditos es posible que lo asocien con el libro de poesías titulado "Lagar" de nuestra Premio Nobel, Gabriela Mistral.)
Lagar significa:
"Recipiente donde se pisa la uva para obtener el mosto".
En otras palabras la infraestructura básica de toda bodega destinada a la pisa de la uva para reunir los mostos o jugos destinados a la fermentación. Actualmente, como la uva dejó de pisarse hace muchísimo tiempo, el término quedó en completo desuso pues, como reemplazo de la fuerza de los pies humanos, paulatinamente se fue desarrollando el uso de maquinarias, cada vez más sofisticadas. Desaparecieron los lagares y con ello el concepto. Ahora se habla de "pozo de recepción", lugar donde se reciben los racimos de uva para ser sometida a la acción de maquinarias que la aprieta y le extraen el esobajo o raquis (no son máquinas moledoras, como errónea y generalizadamente se dice, mal). Es más, incluso muchos de estos pozos ya están en desuso pues las técnicas modernas del manipuleo de la uva obvian todo efecto traumático sobre ellas, entre los principales el golpe de la caída del racimo, desde el vehículo que lo transporta, a los pozos. Ahora se han desarrollado varias alternativas que contribuyen a hacer desaparecer los citados pozos, también
Respecto a los lagares existentes en Chile era un tema casi absolutamente desconocida por la historiografía colonial chilena, hasta hace muy poco tiempo.. Ello ha quedado resuelto gracias a dos interesantes investigaciones logradas sobre la base el Proyecto CONICYT, ya mencionado. Dichos estudios se titulan:
Según Muñoz, los lagares chilenos del siglo XVII podían ser de tres materiales diferentes: De madera, de adobe y teja y de ladrillos. Su investigación detectó nueve lagares colchagüinos; los más frecuentes, fueron los de de madera y ladrillo, mientras que los de adobe y tejas eran excepcionales. Los de madera eran de roble o patagua. Los de ladrillo se consideraba otra opción de mayor costo, pero también de mayor durabilidad.
En la actual Cuyo, parte del Reino de Chile en aquellos años, los lagares más comunes eran de cueros completos de vaca o de buey, que una vez curtidos se suspendían de gruesos horcones de madera. Podían ser de uno o más cueros, de acuerdo a las necesidades de volumen requeridas.
En siglo XVIII también comenzaron a construirse lagares de cuero en Chile; constancia de ellos encontró en el obispado de Concepción, estudios recientes de Sánchez Andaur, específicamente en predios que fueron propiedad de la Compañía de Jesús. Entre otros destaca: "en la estancia de Cuchacucha había cuatro catres de lagares con sus correspondientes piqueras de pilones de barro. (se entiende por piquera,"ventana o rompimiento hecho en la pared de un lagar que da a la calle para descargar por él los carros de uvas".) Refiere otros en la hacienda de Perales, las Estancias La Magdalena , La Chacarita, Guanquegua y en San Joseph de Las Ñipas.
Ambos sistemas de lagares coexistieron hasta incluso el siglo XIX y excepcionalmente hasta comienzos del XX, inclusive los de cuero. El autor de este libro recuerda que en su niñez, en la costa de Santiago aledaña al balneario de Cartagena, personas de mucha edad se referían haber visto pisas de uvas en lagares de cuero, cuando ellos su vez eran niños. Corrobora lo anterior un lagar, perfectamente bien conservado, que se encuentra visible en el museo del pueblo de Lo Abarca, que se distante cuatro kilómetros hacia el nororiente del citado balneario.
Posiblemente, el término "exquisita" (que significa de extraordinaria calidad) no es exagerado para referirse a la cantidad de información que se dispone ahora sobre el tema.
Para comenzar se conoce la ubicación de virtualmente todos los lagares que existieron en Santiago, durante los siglos XVI y XVII, los nombres de sus primeros propietarios y, como si fuera poco, muchos (o todos) los sucesivos, posteriores. Esta información tiene un significado muy especial para quienes nos interesa la historia de la vitivinicultura, pero sin duda también, para genealogistas y urbanistas.
Para ratificar lo expuesto se estima pertinente, reproducir el siguiente párrafo de la investigación de Juan Guillermo Muñoz Correa:
"Empezando por los lagares ubicados en la traza (1), encontramos cinco en la parte sur poniente, cercanos a la Cañada de San Lázaro(al sur de la actual calle de las Agustinas y al poniente de Amunátegui), viniendo desde la Plaza Mayor hacia la viña de Diego García de Cáceres, primera chacra que flanqueaba la ciudad por el poniente por toda su anchura desde el río Mapocho a la Cañada, encontramos los dos primeros lagares a la misma altura, cuadra por medio el tercero, a igual distancia hacia el poniente, el cuarto y finalmente el último a la misma altura, pero lindero con La Cañada, uno al norponiente, a una cuadra del río Mapocho. En chacras o sitios colindantes a la traza hallamos uno al oriente del cerro Santa Lucía y del ejido(2) de la ciudad (Merced con Irene Morales) y otro al sur de la Cañada de San Lázaro ( al poniente de Vergara aproximadamente) Si bien hay antecedentes bibliográficos que la viña de García de Cáceres, también llamada de Saravia, habría habido lagar, no se ha encontrado referencia documental que lo confirme. En conclusión, se puede decir que están ubicados en los linderos de la traza concentrándose en el sector sur poniente, salvo uno que, solitariamente se alza en el extremo oriente."
Traza: Extensión de terreno que comprende los límites establecidos originalmente para el desarrollo de una ciudad
Ejido: Campo común de un pueblo, lindante con él, que no se labra y generalmente pastorean animales.
Primeros Propietarios de Lagares Ubicados Dentro de la Traza
Gaspar Calderón de la Torre fue el primer dueño en el pago de Manquehue, con viña bodega, lagar y vasija, a partir de 1651.(Aunque el informe pertinente no lo señala, es válido presumir que estos terrenos corresponden al actual barrio Santa María de Manquehue, hasta aproximadamente 1970 viñas de la Viña Manquehiue, propiedad de la familia Rabat)
Alonso de Sotomayor, gobernador del Reino , compró (1591) dos chacras contiguas una con viña, formando una propiedad que colindaba con el río Mapocho, el cerro Manquehue, El Salto y la chacra de Pérez Gavilán, posteriormente la vendió a otro ilustre vecino de Vitacura llamado Jerónimo de Molina.
Alonso Álvarez Berrío, ubicada lindera con la acequia que iba para Huechuraba y el cerro San Cristóbal, (donde actualmente se encuentra la Ciudad Empresarial)
Juan de Ahumada. Incluía una chacra en Conchalí lindero con lo cerros de Conchalí, el Salto y la acequia de Huechuraba.
En primer lugar cabe destacar la buena calidad de la investigación del historiador, Juan Guillermo Muñoz Correa. Sin embargo resulta indispensable continuarla para, sobre bases documentales, dentro de lo posible, orientarse del por qué de los lugares elegidos para establecer los lagares y entender la razón de la cercanía entre ellos. Además, la sumatoria de la capacidad de éstos podrían permitir una definición bastante aproximada de la extensión de los viñedos de Santiago en aquellos años.
Lo expuesto confirma lo que se expresó en los primeros capítulos de este libro, en el sentido que Santiago del Nuevo Extremo fue una ciudad- viña y que resulta inconsecuente atribuirle a una o más personas en particular la condición de "primeros viticultores de Chile", pues se insiste casi todos sus primeros habitantes fueron viticultores.
Nadie más ajeno al interés y capacitación en el tema de la genealogía que el autor de este libro, pero se estima válido indicar la valiosa fuente informativa que les provee a los especialistas en el tema. Finalmente una observación tangencial: es curioso que apellidos hoy tan comunes como González y Pérez, por ejemplo no aparezcan en este recuento.
Es de ordinaria ocurrencia qué los historiadores del vino, los enólogos y demás profesionales relacionados con la en vitivinicultura y también quienes escriben sobre ella desde puntos de vista comerciales, casi no se refieren a las múltiples facetas e importancia que tiene la vasija vinaria, en la determinación de las características del producto final. Se trata de una falencia de información generalizada, no sólo chilena. La escasa que existente sobre el tema durante la Antigüedad y todas las otras etapas históricas, coincide con lo expuesto.
Para equilibrar este déficit, aunque sea someramente, a través de este libro, se tendrá especial preocupación por el tema pues, se estima que ha sido uno de los factores principales que determinó el atraso del vino chileno para alcanzar los primeros niveles de jerarquía en el mercado mundial. Se recuerda que ello ocurrió recién al terminar el siglo XX Lo "curioso", es que, prácticamente, nadie tuvo conciencia que siquiera existiera la falencia expuesta. Por ende no se corrigió oportunamente.
Esta increíble inercia recién se comenzó a resolver a partir de 1979, con la llegada a Chile de empresas vitivinícolas europeas y estadounidenses, las que "les abrieron los ojos" a los empresarios nacionales, (no así de los enólogos chilenos quienes ya tenían muy presente el problema), a través de estrictos procedimientos que permitieran producir vinos asépticamente. Posible sólo con el empleo de estanques de acero inoxidable, vasija vinaria de maderas nobles nuevas, incontaminadas, aplicación de fermentaciones termocontroladas y otra serie de innovaciones técnicas menores, pero igualmente trascendentes. Ellas fueron "la llave maestra" que sentó las bases sobre cómo producir vinos aptos para entrar en el exclusivo "club" de los países productores y exportadores de vinos selectos.
Se cierra este amplio paréntesis para retornar a los siglos XVII y XVIII.
Los antecedentes documentales que se conocen respecto a este tema se pueden calificar como, casi nulos o muy amplios. Se explica esta incongruencia:
El historiador argentino, Pablo Lacoste, profesor de la Universidad de Talca, emitió recientemente (2006) una interesante publicación titulada.
Instalaciones y Equipamiento Vitivinícola en el Reino de Chile. Vasijas, Pipas, Lagares (Siglo XVIII) Antecedentes adicionales aporta la investigación con título muy curioso:"Mucho y Buen Vino. Producción Vitivinícola en la Zona Norte de Santiago", realizada por el profesor de la Universidad de Santiago, Carlos Ruiz Rodríguez.
El título del primer documento induce a confusión, que se origina por la rigurosidad del autor al someterse a lo históricamente correcto. Atiende al hecho que en estos siglos, las provincias cuyanas eran parte de Chile. Pero es contradictorio para el lector que el texto esté referido, casi exclusivamente, a lo que aconteció en el Chile trasandino de entonces. Sin embargo, es válido concebir que en Chile de este lado de la Cordillera, presentara características muy similares al otro y por lo tanto acudiendo a las adaptaciones e interpretaciones que señalan las circunstancias, obtener datos valiosos y de hecho fidedignos.
Durante el período que se analiza, la casi totalidad de la vasija vinaria era hecha de barro cocido o greda, hasta fines del siglo XVIII, Entonces se comenzó a emplear vasijas de madera. En este aspecto la evolución del uso de estas vasijas es muy similar y paralela con lo que ocurría en Europa.
Nacieron así las industrias botijeras y posteriormente la tonelera que, con mayor o menor importancia se mantiene vigente hasta la actualidad y a partir de 1997, aproximadamente, con una espectacular reactivación, posible gracias a la libre importación de maderas nobles; lo expuesto será desarrollado junto con el avance de los años que se analicen.
En el capítulo anterior fueron analizados los lagares; corresponde ahora detenerse a explicar la necesidad de contar con elementos donde poder realizar las faenas de vinificación, o transformación de los mostos de uva en vino para, posteriormente, guardar, criar, madurar y transportar el líquido obtenido. Es lo que ahora llamamos cubería, estanques, vasijas y otros.
En América, donde los conquistadores encontraron numerosas variables en el uso de la greda, desde un comienzo se optó y generalizó emplear botijas y tinajas de barro cocido o gredas.
Con toda seguridad, casi todos los lectores no saben que es una "botija", fenómeno similar que se describió antes respecto a la palabra "lagar". Lamentablemente los investigadores que se refieren al término en cuestión lo dan por sabido, lo que empaña la comprensión ágil de sus relatos.
Se define pues lo que significa botija, cuya raíz es el término latino butticula:
"Vasija de barro mediana, redonda y de cuello corto y estrecho"
Botija era una expresión muy empleada mientras ésta existió masivamente, pero el término dejó de emplearse junto con el reemplazo de ella por otros contenedores.
En cambio, la expresión "tinaja", aunque dejó de usarse, masivamente, hace más de un siglo, siguen siendo empleada, pues son un elemento decorativo muy recurrido en parques y jardines tradicionales chilenos. (Se trata de recipientes redondos como globo, que tienen una pequeña "boca" o entrada, en la parte superior).
Como norma, desde los albores de la Colonia, el gobernador Alonso de Sotomayor dispuso que la botija debiera tener la capacidad de una arroba. "De manera que los mercaderes no usasen botijas de paredes excesivamente gruesas o con base de tres dedos de grosor, como solían hacerlo". El Cabildo celebrado el 3 de junio de 1605, ratificó que las botijas debían fabricarse con la capacidad de una arroba entera y no menos (Medida de capacidad absolutamente heterogénea).En este caso específico y aparentemente, se insiste, aparentemente, tendrá una capacidad equivalente a 32 cuartillos. Si se tiene en cuenta que el cuartillo fue acotado, oficialmente, recién cuando se estableció el "Sistema Métrico Decimal" a principios del siglo XIX, y se definió que equivalía a 1,111, litros, la arroba de entonces habría tenido una capacidad equivalente 35,5552 litros. Sin embargo, no es realmente veraz que su capacidad haya sido la única descrita durante todo el período colonial. Reafirma la desuniformidad de la arroba, la cita aparecida en el libro " La Chicha en el Chile Precolombino" de Oriana Pardo y José Luís Pizarro,( Ed . Mare Nostrum página 50), que se reproduce en un anónimo, quien al referirse a la capacidad para beber chicha de los indígenas, escribe: "Todavía se hallaron hombres, que de una sentada se bebían en toda una tarde más de una arroba de aquel vino y estuvieron en su juicio como si no hubieran bebido".Imposible si la arroba tenía una capacidad de 35,5 lts.
En la actualidad, la propia Enciclopedia de la Real Academia de la Lengua, fija numerosas capacidades para la arroba, e incluso indica que "éste depende del lugar de donde provenga".
Respecto a la capacidad de las tinajas, según Carlos Ruiz, basado a su vez en Sergio Villalobos, variaban entre 15 y 25 arrobas. Cita que una conservada desde el siglo XVI, en Arequipa (Perú), tiene una capacidad de 828 litros, es decir equivalente a 23,283 arrobas de 35,55litros, cifras que parecen muy razonables.
En el transcurso de los análisis futuros nos basaremos en estas equivalencias.
Respecto a todos estos contenedores de barro es preciso destacar su efecto positivo en la economía de entonces. La demanda de botijas, empleadas fundamentalmente para el traslado de los vinos, casi siempre a lomo de mula en Chile y los procesos descritos respecto al empleo de las tinajas, indica que detrás de ellas existía una activa industria proveedora.
Respecto a este tema el historiador Lacoste, realiza una completa relación en la obra reseñada al comienzo, respecto a Cuyo. Allí el desarrollo de la industria botijera fue muy importante pues, en la actual Argentina, la comercialización del vino se orientaba hacia el litoral, es decir Buenos Aires, principalmente y Paraguay. El transporte era muy riesgoso y complejo. Para ello como contenedores transportables se empleaban botijas, y la gran mayoría del producto se vendía con ellas incluidas. Ello generó una muy significativa demanda fluida, mientras no fue reemplazada por las vasijas de madera, la que como ya se manifestó, se generalizó a partir del siglo XIX. En cambio en Chile el transporte de vinos siempre fue incipiente pues como se ha señalado el país completo era productor.
Carlos Ruiz Rodríguez, a través de su obra ya citada, expone algunos ejemplos muy gratos que permiten tener una visión clarísima de las vasijas de entonces, cuyos tamaños eran muy variables:
"En un testamento de 1616, el portugués Antonio González declaró tener en su chacra que lindaba con el Mapocho, 24 tinajas que hacían 600 arrobas. Al ser efectivo el dato, en promedio cada tinaja tendría 25 arrobas de capacidad"
En 1717 se daba en arriendo una chacra en Renca, donde se declara la existencia de una viña y cuatro tinajas que hacían 63 arrobas, por lo tanto en promedio sólo unas 15 arrobas de capacidad por tinaja.
El acucioso estudio de Ruiz se refiere a varias trasferencias y tenencias de propiedades ubicadas en el sector norte de Santiago que poseían viñas y vasijas necesarias para vinificar las uvas.
Todos los antecedentes históricos contenidos en este capítulo permiten a este autor, lograr algunas conclusiones técnicas de caracteres enológicos y agronómicos, que se plantean a continuación:
1. Sobre la base de la relación entre cantidades o pies, como se denominan las plantas, de vides (no se especificaban superficies entonces) y dimensión de las vasijas, es posible alcanzar una visión aproximada de la productividad de los viñedos. Se concluye, sobre la base de un simple análisis aritmético, que cada planta generaba un volumen de vino ligeramente inferior a un litro, lo que proyectado arbitrariamente a una superficie homogénea, sólo de vides, cubriendo una hectárea, con una densidad de plantación de 5 mil unidades por ha, se concluye que las producciones unitarias, por lo menos en el valle de Santiago, sujeto a regadío artificial, alcanzaba a promedios en torno a 4 mil litros por ha. Se trata de un volumen acorde con lo esperado.
2. No se referían "superficies de viñedos" pues las vides no se plantaban homogéneamente; en efecto, dentro de un potrero, por ejemplo, se podían cultivar conjuntamente pies de vides, otros frutales, siembras anuales e incluso ganadería.
3. El concepto de viñedo homogéneo recién comenzó a generalizarse al aplicar las normas técnicas sugeridas por Claudio Gay, sabio francés, fundador de la Quinta Normal, contratado por la reciente nación chilena, de categórica influencia en su vitivinicultura, cuando recién se organizaba la República, hacia 1830.Entre ellas destacan, las plantaciones homogéneas y la conducción de las parras con sistemas de hileras alambradas.
4. Llama la atención que ninguna de las escrituras de transferencia de propiedades reproducidas por Ruiz, hagan referencia a las variedades de vides como tampoco a sus edades. Ambos hechos deben atribuirse a una evidente homogeneidad de los productos que se obtenían.
5.- No se mencionan la existencia de pestes ni enfermedades que pudieren haber afectado a las vides.
Al referir la profusión de antecedentes que existen sobre "Las Viñas y los Vinos en Chile Central Durante Los Siglos XVII y XVIII," que comprenden estos últimos cinco capítulos, se manifestó al comienzo que se trata de una investigación "exquisita" pero, la realidad va aún más lejos. Los métodos modernos de investigación y la capacidad de los historiadores que abordaron los estudios, han rescatado con estos trabajos una notable cantidad de antecedentes y detalles historiográficos, aún casi sin analizarse, que permiten lograr una visión más nítida de la vitivinicultura en los siglos reseñados. Ello induce a calificarlos como oportunos pues llenan un vacío muy antiguo. Además, se reitera, proporcionan informaciones de mucha importancia y de gran riqueza para los genealogistas al reseñar apellidos e interrelaciones de varias familias tradicionales arraigadas en Chile, propietarias de viñedos ,en aquellos siglos.
Al mencionar las características de los predios estos documentos no incluyen consideraciones y reflexiones de carácter técnico, salvo aspectos muy elementales, pero si descripciones elementales de las propiedades, construcciones, recuento de plantaciones y otros antecedentes que a los agrónomos, nos permiten colegir algunas consideraciones para técnicamente interpretar las realidades elementales de la viticultura de entonces y otros detalles vinícolas de notable significado. Todos ellos sumados ayudan a a reconstruir, con mayor aproximación, como se desenvolvía la vitivinicultura de entonces. A esta información hay que sumar lo que ya se ha expuesto sobre los diversos temas tratados, tales como los viticultores de la época de la fundación de Santiago, la posesión de los lagares, la vasija vinaria y otros rubros.
Aunque no se trata de estudios que se encuadran en una misma pauta expositiva, es posible al final "sacar" lo más relevante de cada uno, para sobre esa base, proponer las conclusiones generales del caso respaldadas con más antecedentes ya tratados en capítulos anteriores. En su mayoría refieren los nombres y demás antecedentes propios de los títulos de las propiedades y alguna escrituras de compraventa de los predios, más sus respectivos enseres, Algunos autores las reproducen completas, otros además del tenedor original, varios más, hasta completar, en muchos casos, los dos siglos completos. Lamentablemente, no todos cubren ambos siglos integralmente, pero ello no desmerece la calidad de la información proporcionada.
Algunas descripciones otorgan antecedentes y detalles que corresponden a lugares que hoy día nada tienen que ver con viñedos, pero si lo fueron en aquellos años; se estima que ello resulta ameno e ilustrativo y para muchos, sorprendentes. Se destacan los más representativos y relevantes
Autor: Juan Guillermo Muñoz Correa. Profesor de Historia de la Universidad de Santiago.(177 páginas)
Describe las viñas que se plantaron en la parte sur del valle del Mapocho, dentro de los límites de la ciudad, la traza, es decir desde los típicos parrones caseros referidos varias veces con anterioridad, y viñedos en sectores suburbanos, resultado de las primeras reparticiones de tierras(chacras) realizadas por los gobernadores y el Cabildo.
Se incluye una nómina de muchos propietarios y las formalidades legales de traspaso de los predios: Principalmente, mercedes, compraventas, herencias, dotes, donaciones y otras.
Durante el siglo XVI la ciudad no se extendió más allá de la actual Calle Teatinos. Las cuadras o chacras entre esa calle y la actual Brasil, llamada entonces como Cañada de Diego García de Cáceres, eran quintas de recreo o "cuadras de viñas", nombre genérico de entonces. Se posee constancia documental de diez de ellas.
Una cuadra o manzana completa ubicada a menos de doscientos metros de La Cañada. (actual Alameda) tenía ese nombre que se perdió en el tiempo. Primer propietario: Sebastián González Farías y Catalina González de Vargas, su mujer. 15XX), última mencionada, doña José Montoya Morales(1695)
Pertenecía al portugués, llegado a Chile en1554, llamado Antonio Núñez de Fonseca. Comprendía una propiedad de cuatro cuadras que plantó con viñedos y manzanos. El nombre de Camesual proviene de Portugal y obviamente no perduró. Se presume que la propiedad se ubicaba a una distancia de dos cuadras del convento de las monjas Agustinas. El último antecedente, señala que en 1671 su propietaria fue doña Ana de la Rocha Zegarra.
En este sector se describen la existencia de otras viñas y antecedentes completos de sus propietarios. Se incluyen, entre otros a Juan de Ahumada, Rodrigo Jofré, hijo del célebre Juan Jufré,(2) Diego de Guzmán Galindo, Luís de Monardes,Isabel de Aguilar.
Se destaca Juan García Cantero, quien compró a otros vecinos al norponiente de la traza donde instaló un molino y finalmente, el capitán Francisco Gómez de las Montañas, mestizo peruano casado con Beatriz de la Cruz, también mestiza.
1(Traza: Superficie de terreno pre establecido para un fin determinado)
2(El texto original indica diferencia entre el apellido de padre e hijo)
Mariana Osorio de Cáceres poseía dos cuadras. Por el poniente remataba con la acequia que la separaba de la viña del capitán Diego García de Cáceres, su padre y haciendo esquina encontrada con el Camesual de Núñez.Se identifican ocho propietarios posteriores, donde nuevamente aparece Rodrigo Jofré.
Este lugar también fue conocido con el nombre de Paredones del Inca. Sus límites eran el cascajal del norte de la traza, y la chacra de Diego García de Cáceres, cuya viña deslindaba en la parte sur poniente, y sur oriente con Juan García Cantero.(Se puede ubicar, posiblemente, como limite sur la Alameda entre el Cerro Santa Lucía, y Plaza Baquedano.)
El autor detalla otros cinco propietarios originales de lo que hoy llamamos el "centro" de Santiago, y sus sucesivas transferencias durante casi dos siglos. Reproducimos a continuación una pléyade de apellidos "muy chilenos", que aparecen en estas escrituras, tales como:
Jiménez, Navarro, Vásquez, Lantadilla, Araya, del Campo, Toledo, Fernández, Guerra, Fuentes, Toro Mazote, Álvarez, Escobar, Villarroel, Cáceres, Hernández, Chacón, Puebla, Torres, Fuenzalida, Arellano, Quiroga y muchos otros.
El actual cerro Santa Lucía, debe su nombre debido a una ermita que se llamaba así, ubicada a los pies del citado cerro o peñón.
Según Thayer, famoso historiador de la Colonia, ubicándose en el peñón de Santa Lucía, mirando hacia el norte y poniente, aparecen nuevamente las parras de una decena de propiedades. "En la estrecha lonja de terreno que quedó a sus espaldas, se formaron pequeñas viñas, pertenecientes a distintos propietarios, cuyos nombres no se ha podido conocer, pero es probable que algunos de ellos sean los mismos que figuran en escrituras otorgadas por los años de 1559 y 1566".
Entre estas propiedades destaca la del alemán Bartolomé Blumen o Flores, antepasado de la "célebre" Quintrala. Esta es una de muchas otras propiedades de Flores o Blumen, ubicadas al norte de Santiago, preferentemente.
Otras viñas vecinas pertenecieron al yerno de Flores, Pedro Lisperguer, Juan Rodulfo Lisperguer , nieto del anterior. Otros fueron Lorenza Irarrázaval Aguilera, Inés de Aguirre Cortés, y otros apellidados Almagro, Balmaceda,Salamanca , López, Paéz, Rodas, Díaz, Zamorano, Justiniano, Gómez, Sáez , Morales, Pascual y otros apellidos "chilenos" muy familiares para nosotros.
El autor de esta recopilación las clasifica en función de los propietarios originales a partir de la actual Iglesia de San Lázaro, ubicada en la actual calle Ejército esquina……,de Oriente a Poniente:
Bartolomé Flores.,Águeda Flores,Luis de Santa Clara,Barbola Flores(peruana),Pedro de Gamboa,Gregorio Blas,Luis de Cartagena Bartolomé de Medina,Hospital de San Juan de Dios, ubicado al oriente del Convento de San Francisco, frente a la actual Biblioteca Nacional. Pedro Gómez de don Benito, Juan Rubio, Hernán Paéz, Gaspar de la Barrera, Juan Gallego de Rubias, Marcos Rubio, Catalina de Cáceres, Juan de Astorga, Bartolomé Díaz, Juan Álvarez y Cristóbal Escobar.
Se puede apreciar en esta lista más apellidos "chilenos"
Se refieren a terrenos ubicados entre el río Mapocho y la Cañada de San Lázaro, al poniente de la Cañada de Diego García de Cáceres, hacia Chuchunco.
Destacan propiedades de Salvador de Montoya, varias chacras de Alonso de Córdoba, Alonso de Córdoba el Mozo el gobernador Bravo de Saravia, Juan Hurtado, Inés de Córdoba Morales, Antonia Toro Mazote y otros.
Destaca el autor, la viña Cuduyapa, ubicada al oriente de la Ollería (actualmente avenida Providencia) cuya propietaria fue originalmete doña Águeda Flores.Hay antecedentes de la propiedad hasta el año 1756 cuyo propietario fue don Félix López Martínez y Cintero.
Pedro de Miranda quién compró cinco chacras al sur del camino a Apoquindo, las que habían pertenecido a compañeros suyos de la hueste de Pedro Valdivia que habían venido al comienzo de la Conquista.
Juan Valiente, africano que fue esclavo, compañero de Valdivia. Por merced del Cabildo en 1546, recibió en este sector recibió esta chacra.
Otras chacras pertenecieron a Gonzalo de los Ríos, casado con María de Encío, casado con Catalina Lisperguer Flores.
Se incluyen también a Diego de Oro, Pedro González de Utrera, Juan Bautista Pastene, Todos compañeros de Valdivia.
Francisco de Riberos, compañero de Valdivia, entre muchas otras mercedes recibió tierras que habían sido de propiedades de los caciques, Longopilla Pugalongo en 1546.Eran con cabezada o frente de 150 varas en el margen sur del río Mapocho, 450 varas.
La familia Riberos en forma indirecta mantuvo e incrementó esta propiedad hasta fines del siglo XVII. Se consigna como última propietaria a doña Teresa Gutiérrez Flores, según antecedente de 1663.
Alonso De Córdoba fue favorecido por el Cabildo para "sus simenteras y labranzas", tierras que también habían pertenecido a los caiques Palabanda y Pugalongo. Si se sigue la secuencia de transferencias de esta propiedad se alcanza hasta 1603, en que se registra como propietaria a doña Luciana de León .
La heredad de Vitacura, originalmente de los caciques Palabanda Pugalongo, ubicada junto al rio y al cerro colindaba con Manquehue,El Salto( actual Palacio Riesco) y tierras de Juan Pérez Gavilán.
Rodrigo de Quiroga, recibió una merced del Cabildo de 159 por 500 varas.
Otros importantes fueron Alonso de Sotomayor, Isabel de Zárate, su mujer y Alonso de Córdova. Otro célebre fue Jerónimo de Molina.
Lo expuesto explica por qué, muchas avenidas y calles de esta hermosa comuna santiaguina, tienen los nombres aquí reseñados.
El célebre Juan Jufré, como se ha expueto, varias veces uno de los más importantes y primeros vitivivinicultores en Chile, poseyó viñas en sus posesiones nuñoínas,en las que instalo sus indios de Macul. Se ha demostrado que ellos correspenden a la actual Viña Macul.
Al comenzar y referir la profusión de antecedentes que existen sobre "Las Viñas y los Vinos en Chile Central Durante Los Siglos XVII y XVIII," que comprenden estos últimos cinco capítulos, se manifestó al comienzo que se trata de una investigación "exquisita" pero; la realidad va aún más lejos. La historiografía moderna y los historiadores que abordaron el estudio, financiado por el proyecto FONDECYT, han descubierto una notable cantidad de antecedentes y detalles historiográficos que nos permiten lograr una visión muy nítida de la vitivinicultura en los siglos reseñados, que inducen a calificarla como sobresaliente. Además, indirectamente, como ya se mencionó en el capítulos anteriores, proporcionan informaciones de gran importancia y riqueza para los genealogistas pues, muchas de ellas, contienen los nombres y apellidos de varias familias tradicionales arraigadas en Chile, propietarias de viñedos en aquellos siglos.
Al mencionar las características de los predios estos documentos no incluyen consideraciones y reflexiones de carácter técnico, salvo aspectos muy elementales, pero si una amplia descripción de las propiedades, construcciones, recuento de plantaciones y otros antecedentes que a los agrónomos, nos permite analizar técnicamente las realidades elementales de la viticultura de entonces y otros detalles vinícolas de notable significado. Todos estos antecedentes sumados permiten reconstruir, con bastante certeza, como se desenvolvía la vitivinicultura de entonces. A estos antecedentes hay que sumar lo que se ha expuesto sobre los diversos temas tratados, a través de los capítulos anteriores. No se debe confundir el hecho de haber analizado, separadamente, a los viticultores de la época de la fundación de Santiago, la posesión de los lagares, la vasija vinaria y muchos otros rubros que se reiteran, aunque de distintos enfoques. El autor está conciente de esta circunstancia y la emplea a través del desarrollo del libro, como una forma de hacer que sea más amable para los lectores ir absorbiendo temas, a veces muy áridos, casi sin tener conciencia de ello, que a medida que se avanza en el desarrollo del libro, los conceptos y las apreciaciones globales se enriquecen con más antecedentes.
También se ha pretendido describir los temas tratados, de tal manera que cada capítulo sea "autónomo, es decir que sea entendible sin previamente haber leído los anteriores. En otras palabras, se intenta que, casi subliminalmente, los conceptos que se exponen, pasen a ser parte de los conocimientos del lector, sin que concientemente se de cuenta de ello. El objetivo de este método, es el de buscar la vía de "ir aprendiendo de a poco", sin tener que reiterarse la lectura completa. Así el lector culmina su estudio o análisis, absorbiendo lo que quiere recabar preferentemente, sobre la base de descripciones que pretenden ser amenas.
Se exponen los aspectos más importantes de cada uno de los documentos referidos. Aunque no se trata de estudios que se encuadran en una misma pauta expositiva, es posible al final "sacar" lo más relevante de cada uno, para sobre esa base, proponer las conclusiones generales del caso, más antecedentes ya tratados en capítulos anteriores.
Cabe señalar que los estudios en su mayoría refieren los nombres y demás antecedentes propios de los títulos de las propiedades y alguna escrituras de compraventa de predios rurales, más sus respectivos enseres, Algunos autores las reproducen completas, otros además exponen la tenencia de las propiedades desde el tenedor original, y varios más, hasta completar, en muchos casos, los dos siglos completos. Lamentablemente no todos cubren ambos siglos integralmente, pero ello no desmerece la calidad de la información proporcionada.
Algunas descripciones otorgan antecedentes y detalles que corresponden a lugares que hoy día nada tienen que ver con viñedos, pero si lo fueron en aquellos años; se estima que ello resulta ameno e ilustrativo y para muchos, sorprendentes. Se destacan los más representativos.
La información que de cada autor se pueda extraer será procesada tal como ya se indicó.
Autor: Juan Guillermo Muñoz Correa. Profesor de Historia de la Universidad de Santiago.(177 páginas)
Describe las viñas que se plantaron en la parte sur del valle del Mapocho, dentro de los límites de la ciudad, es decir los típicos parrones caseros referidos varias veces con anterioridad, en el sector suburbano, resultado de las primeras reparticiones de tierras(chacras) realizadas por los gobernadores y el Cabildo.
Se detallan los propietarios, mecanismo de traspaso de los predios: Principalmente, mercedes, compraventas, herencias, dotes, donaciones y otras.
Durante el siglo XVI la ciudad no se extendió más allá de la actual Calle Teatinos. Las cuadras o chacras entre esa calle y la actual Brasil, llamada entonces como Cañada de Diego García de Cáceres, eran quintas de recreo o cuadras de viñas, nombre genérico de entonces. Se posee constancia documental de diez de ellas.
Una cuadra o manzana completa ubicada a menos de doscientos metros de La Cañada. (actual Alameda) tenía ese nombre que se perdió en el tiempo.Primer propietario: Sebastián González Farías y Catalina González de Vargas, su mujer. 15XX), última mencionada, doña Josefa Montoya Morales(1695)
Pertenecía al portugués, llegado a Chile en1554, llamado Antonio Núñez de Fonseca. Comprendía una propiedad de cuatro cuadras que plantó con viñedos y manzanos. El nombre de Camesual proviene de Portugal y obviamente no perduró. Se presume que la propiedad se ubicaba a una distancia de dos cuadras del convento de las monjas Agustinas. El último antecedente, señala que en 1671 su propietaria fue doña Ana de la Rocha Zegarra.
En este sector se describen la existencia de otras viñas y antecedentes completos de sus propietarios. Se incluyen, entre otros a Juan de Ahumada, Rodrigo Jofré, hijo del célebre Juan Jufré, Diego de Guzmán Galindo, Luís de Monardes,Isabel de Aguilar.
Se destaca Juan García Cantero, quien compró a otros vecinos al norponiente de la traza donde instaló un molinoy finalmente, el capitán Francisco Gómez de las Montañas, mestizo peruano casado con Beatriz de la Cruz, también mestiza.
(Traza: Superficie de terreno pre establecido para un fin determinado)
Mariana Osorio de Cáceres poseía dos cuadras. Por el poniente remataba con la acequia que la separaba de la viña del capitán Diego García de Cáceres, su padre y haciendo esquina encontrada con el Camesual de Núñez.Se identifican ocho propietarios posteriores, donde nuevamente aparece Rodrigo Jofré.
Este lugar también fue conocido con el nombre de Tambillo del Inca. Sus límites eran el cascajal del norte de la traza, y de la chacra de Diego García de Cáceres, cuya viña deslindaba en la parte sur poniente, y sur oriente con Juan García Cantero.(Se puede ubicar, posiblemente, como limite sur la Alameda entre el Cerro Santa Lucía, y Plaza Baquedano.
El autor detalla otros cinco propietarios originales de lo que hoy llamamos el "centro" de Santiago, y sus sucesivas transferencias durante casi dos siglos. Reproducimos a continuación una pléyade de apellidos "muy chilenos" tales como Jiménez, Navarro, Vásquez, Lantadilla, Araya, del Campo, Toledo, Fernández, Guerra, Fuentes, Toro Mazote, Álvarez, Escobar, Villarroel, Cáceres, Hernández, Chacón, Puebla, Torres, Fuenzalida, Arellano, Quiroga y muchos otros.
El actual cerro Santa Lucía, debe su nombre debido a un ermita que se llamaba así, ubicada a los pies del citado cerro.
Según Thayer, famoso historiador de la Colonia, ubicándose en el peñón de Santa Lucía, mirando hacia el norte y poniente, aparecen nuevamente las parras de una decena de propiedades. "En la estrecha lonja de terreno que quedó a sus espaldas, se formaron pequeñas viñas, pertenecientes a distintos propietarios, cuyos nombres no se ha podido conocer, pero es probable que algunos de ellos sean los mismos que figuran en escrituras otorgadas por los años dee 1559 y 1566".
Entre estas propiedades destaca la del alemán Bartolomé Blumen o Flores, antepasado de la "célebre" Quintrala. Esta es una de uchas otras propiedades de Flores o Blumen, ubicadas al norte de santiagoo, preferentemente.
Otras viñas vecinas pertenecieron al yerno de Flores, Pedro Lisperguer, Juan Rodulfo Lisperguer , nieto del anterior. Otros fueron Lorenza Irarrázaval Aguilera, Inés de Aguirre Cortés, y otros apellidados Almagro, Balmaceda,Salamanca , López, Paéz, Rodas, Díaz, Zamorano,Justiniano, Gómez, Saéz , Morales, Pascual y otros "chilenos" muy familiares para nosotros.
El autor de esta recopilación las clasifica los propietarios originales a partir de la actual Iglesia de San Lázaro, de Oriente a Poniente:
Bartolomé Flores
Águeda Flores
Luis de Santa Clara
Barbola Flores (peruana)
Pedro de Gamboa
Gregorio Blas
Hospital de San Juan de Dios (Actual Avenida Matucana)
(Nueve más)
No debe olvidarse el hecho que en Chile, al comienzo de la Colonia, se distinguían sólo tres bases o polos de desarrollo. De norte a sur, La Serena, Santiago y Concepción: También es necesario recordar que el objetivo básico de los conquistadores era el de conquistar territorios hasta más allá del Estrecho de Magallanes, Por lo tanto, desde el comienzo de la Conquista el motivo primordial, fue avanzar hacia el sur.
Para abordar el análisis que sigue, se consideran como un todo las actuales regiones vitivinícolas denominadas valles de Itata, Bio Bio y Malleco, y recuerda que sólo hasta el siglo XVII incluido.Los siglos restantes hasta nuestros días serán motivo de otro libro. Desde el punto de vista geográfico, aproximadamente, incluye los territorios comprendidos entre las longitudes en que se ubican las ciudades de Chillan por el norte y Temuco por el sur.
Se reitera que los conquistadores, desde el punto de vista estratégico. tenían como misión primordial expandirse hacia el territorio austral. Pero se encontraron con los mapuches, pueblo autóctono que no permitió el avance terrestre más allá del rio Bio Bio, hasta fines del siglo XIX: .Por lo tanto, la primera prioridad fue combatir, (conocida como la guerra de Arauco), caracterizada por un respetable poder bélico y ferocidad de los autóctonos. En una de las tantas batallas que se registraron entre los conquistadores y ellos, en 1543, murió el Gobernador Pedro de Valdivia en la de Tucapel, después de un heroico combate.
Se debe tener presente que el régimen de lluvias en cuanto a cantidad y periodos de sequía, en Chile aumenta de norte a sur. A modo de ejemplo, téngase presente que la caída pluviométrica media anual es de 314 mm en Santiago y en Chillán, ligeramente superior a 1000. Respecto a los períodos de sequía habituales en la primera se extienden, desde octubre hasta mayo, mientras en Chillán y con mayor razón, más al sur casi no se registran, o bien se restringen raramente más allá de dos meses, Lo expuesto explica por qué, salvo sectores próximos a la influencia marítima, el viñedo de secano, es decir su cultivo carente de riego artificial, es posible desde aproximadamente la actual ciudad de Linares ubicada cien kilómetros al norte de Chillán, hacia el norte.
La formación de las parras eran similares, en cabeza, descrita en capítulos anteriores, tanto en suelos regados del centro, como en los de secano del centro sur En cuanto al relieve, hasta nuestros días (2009) hay marcadas diferencias. Mientras la vitivinicultura del centro ocupa exclusivamente suelos planos o con escaso relieve, que permitan el riego de las vides (hasta antes del empleo de riego tecnificado).la otra se desarrolló sobre lomajes suaves y también abruptos, de la Cordillera de la Costa. En estos casos se dependía del abundante riego proporcionado por un adecuado régimen de lluvias. Esta circunstancia facilitó muchísimo la plantación de nuevos viñedos; oportunamente se explicara que estos viñedos, hasta mediados del Siglo XIX, fueron los más extensos e importantes del país.
En cuanto a las variedades empleadas es muy probable que no se hayan registrado diferenciaciones significativas, respecto a lo ya explicado al respecto, por lo tanto se debe considerar lo ya escrito en capítulos anteriores.(Ver Cap. IV).
Es casi un hecho invariable que la escasa historia escrita sobre la vitivinicultura chilena se refiera con especial relevancia, respecto a sus comienzos e inicio de su desarrollo, casi exclusivamente, a la actual Región Metropolitana.
Sin pretender restar importancia frente a la indudable trascendencia de la Región indicada, ello ha determinado olvidar o, en el mejor de los casos, opacar, la notable influencia e importancia económica, social y técnica de la vitivinicultura de las antiguas provincias comprendidas desde las de actuales Sexta, y Séptima Regiones( que en este capítulo no se incluyen,) . Sin embargo, se prioriza el análisis del desarrollo vitivinícola, respecto a los siglos XVI a XVIII al sector comprendido entre los ríos Itata y Bío-Bio, y se hace abstracción respecto a las divisiones administrativas de ahora (2009). Se ha optado por esta subdivisión avalado por la notable obra, reseñada con mucho detalle en el Capítulo 6, de este libro, titulada " Viaje A Chile en 1600" pequeña gran libro escrito e ilustrado por el Fray Diego de Ocaña. A través de sus notables páginas, muy categóricamente señala que entre Santiago y Chillán, nada había que reseñar entonces y, en cambio, nos regala con interesantes detalles de su estadía entre Chillán, Concepción, Angol y Villarrica, poco antes que ésta última fuera desalojada por los mapuches.
En este capítulo se pretende salvar la omisión expuesta relativa al centro sur vitícola y demostrar, en la práctica, cuan improcedente e injusta es. Este objetivo implica pretender allegar antecedentes relativos de la historia integral del cultivo de la vid a Chile.
La ausencia, o más bien la coordinación de antecedentes históricos válidos para el sector que se analiza, casi nulo hasta hace muy poco tiempo, quedó salvada, en parte importante, por la publicación del notable libro "Viñas del Itata Una Historia de Cinco Siglos"; sus autores son los historiadores Arturo Cartes Montory y Fernando Arriagada Cortés(Editorial Pencopolitana ,2008)., obra respecto a la cual se recurrirá reiteradamente como fuente de información .Respecto al periodo que comprende este capítulo, con notable calidad historiográfica y profusa bibliografía desarrollan, temas tales como lo relativo a los primeros pobladores , el asentamiento hispano, descripción del valle del río Itata durante la Colonia y muchos antecedentes más que, que en cada caso, se irán citando.
La causa de la postergación, indicada al comienzo del párrafo anterior, no ha sido acordada por nadie ni, originada en intenciones negativamente concertadas. Es básicamente atribuible a la pasividad (podría ser válido, en este caso incluso, emplear el término "dejación", recién resuelta por la obra referida) de las entidades locales, estatales, universitarias, históricas y gremiales, todas las que unida o separadamente debieron haber actuado cuando correspondía, para hacer notar su importancia en el quehacer vitivinícola nacional. Este vacío histórico se pretende llenar, aunque sea en parte, con la publicación citada y el aporte de este libro.
Cabe recordar que la colonización sureña comenzó en la actual Concepción fundamentalmente a través de asentamientos militares. Dentro de la ciudad las plantaciones de vides , no podían tener buen éxito por razones climáticas(insuficiencia de calor) dentro de Concepción .Pero si lograron buen éxito al adentrarse por el valle del río Itata, y hacia el centro sur, especialmente en torno a la ciudad de Angol, donde se produjo mucho y buen vino hasta su destrucción . Por lo tanto, la vid prosperó hacia el interior y el centro sur ,alejándose de la influencia marítima..El Valle del rio Itata nos marca, a través de sus villorrios actuales los lugares donde la vid se adaptó plenamente. Como una de las tantas incursiones de los mapuches, se señala la ocurrida en 1576, cuando el tristemente célebre cacique mapuche Antinecul, destruye siete ciudades entre ellas Concepción y la citada Angol, situada a 18 leguas (unos 180 Kms.) al sur oriente de aquella, y todas sus viñas.
La ciudad de Concepción fue reconstruida varias veces, después de ser destruida por los mapuches; las crónicas recuerdan a Jerónimo de Villegas y Diego del Oro como ejecutores de una de las tantas, en 1558, y se les asigna el mérito de haber iniciado las primeras plantaciones en los lugares reseñados.
Las continuas y cruentas batallas entre españoles y mapuches, determinaron que los conquistadores se vieron en la absoluta necesidad de emigrar hacia el norte, para salvar las vidas de sus familias y las propias.
Se instalaron, preferentemente, en los Valles de Cauquenes y Mataquito, donde prácticamente se refugiaron y recomenzaron las explotaciones de viñedos. Pero no tuvieron buena suerte pues, una nueva rebelión indígena los destruyó en 1655. Durante el transcurso el siglo XVII, se registran varios intentos por plantar una y otra vez, viñedos en terrenos arrasados anteriormente, ahora con mejor resultado pues lograron establecerse en forma definitiva.
Resulta particularmente interesante informarse sobre las características agro climáticas del río Itata, y posiblemente muchos sectores cercanos al mismo, como también de sus primitivos pobladores a través de la obra de Cartes y Arriagada, referida al comienzo. Comprende una detallada descripción del curso del río, su flora autóctona y su fauna, además de sus habitantes originales. Se reproducen a continuación algunos párrafos que sintetizan lo expuesto:
"La región del Itata a pesar de sus profundas intervenciones que ha sufrido, continúa siendo un espacio natural privilegiado. Su flora autóctona alguna vez contempló canelos, avellanos, boldos, robles, palmas y quillayes." "Entre su fauna, destacan zorros, pumas y multitud de aves e insectos raros".
Es válido suponer que tan idílica belleza se repetía en muchos sectores del amplio territorio que analizamos. Pero un intenso y mantenido proceso de eliminar bosques naturales para dedicarlos a las siembras y la plantación de viñedos, entre otras causas la ha hecho desaparecer, casi por completo.
Sus habitantes eran mapuches muy belicosos; al respecto se mencionan una incursión de Valdivia, quien después de un cruento choque con los mapuches itatenses, estuvo muy cerca de sucumbir, según recogen los autores citados de una referencia del cronista Carvallo y Goyeneche: "..Pero lo recibieron con las armas en la mano y hubo con ellos muchas y reñidas escaramuzas. Acampando en la parcialidad de Quilicura, estuvieron a punto de sufrir una amplia derrota".
No es fácil entender como los el vino la chicha y posteriormente el aguardiente, fueron de especial interés y demanda por los mapuches, y particularmente si se tiene en cuenta que, durante todo el período de la Conquista, la guerra era la principal preocupación de todos. El historiador Eugenio Pereira Salas, explica asi el tema:
El progresivo crecimiento e interés por las viñas hizo que los españoles extendieran sus plantaciones hasta el Bio-Bio y Concepción. Pero en 1576 los mapuches recuperaron el área, destinando las viñas a la producción de chicha (los parronales que en etapas anteriores habían destruido, ahora decidieron aprovecharlos para recoger sus frutos), con lo que esta bebida llegó a ser más famosa que el mismo vino. Los españoles se restringieron a las zonas de Cauquenes y Mataquito, pero los araucanos tomaron el lugar en 1655. Por lo tanto, las plantaciones de viñas que abastecían a Santiago se remitieron a los alrededores de la ciudad.
Antes de la llegada de los españoles a su territorio, el pueblo mapuche ya conocía otras formas de bebidas alcohólicas como la fermentación del maíz, la papa o los piñones de las araucarias.(ver Cáp. I)-. Pero, como ya se ha reiterado el vino fue aceptado rápidamente por los indígenas.
El cronista Diego de Rosales también se refirió al tema, con una pasaje de ellas poco divulgado:
"Y dicen, que aquellas son sus viñas; porque aunque son muy amigos del vino, no plantan, ni cultivan las viñas. Porque no tienen el sufrimiento de los españoles, para esperar, que el vino se haga, ni para guardarle. Que los indios, si tienen algunas cepas, acabado de pisar, se lo beben en mosto, y no ay indio de Chile, que guarde vino de un día para otro; sino que por mucho que tengan, o compren, todo se lo han de beber de una asentada".
Existe una significativa cantidad de antecedentes similares a los expuestos en este libro, referidos a la ingesta excesiva de alcohol entre los aborígenes. Diversas prohibiciones como las de no plantar vides y prohibir el comercio con ellos fueron, de hecho, letra muerta. Las órdenes restrictivas provenían de la Corona española o del virreinato de Lima, pero en el Reino de Chile se acataban,mas no se aplicaban.
Pero contrariamente a lo que se supone las normas restrictivas no tuvieron como único objetivo el expuesto, también, proteger la competencia de los vinos de esta parte del mundo con los que producía España. En efecto, Felipe II prohibió el cultivo de la vid en Chile los años 1628, 1629, 1631,y 1654, atendiendo reclamos de vitivinicultores peninsulares.
En estas regiones el comercio fronterizo del vino, chicha y aguardiente, llamado conchavo era muy activo; los mapuches como ya se ha explicado eran especialmente aficionados al aguardiente; cronistas de la época sostenían que "diez litros eran suficientes para trocarlos por una ternera gorda". En efecto, el trueque entre los españoles y los mapuches era abierto y muy activo; tan es así que existían verdaderos corredores o promotores comerciales, llamados conchavadores, quienes concertaban las actividades comerciales entre las partes. Los indígenas como medios para el trueque proveían de géneros, ponchos y caballos; y los conquistadores vinos, chicha y aguardiente, además hierro y baratijas. Aquí, igual que en la zona central, pero con mucho más incidencia, el vino y sus derivados se transformaron en una frecuente moneda de cambio, que facilitaba el comercio.
La demanda por estas bebidas se acrecentaba durante los períodos de actividades bélicas pues, en ambos bandos, la ingesta de bebidas alcohólicas exacerbaba el espíritu combativo de los guerreros., Durante los llamados Parlamentos, amplias reuniones para concertar paz entre los contrincantes, el vino y sus derivados eran el acompañante obligado de lo participantes.
También practicaban el comercio con indios huilliches, pehuenches y de otras etnias.
Respecto a todas estas actividades, guardando las diferencias del caso, lo expuesto es muy similar al comercio que ejercían los romanos con los bárbaros y los colonizadores de Norteamérica con los indígenas "pieles rojas".
Está demostrado que los aborígenes, ya acostumbrados al vino y sus derivados, no fueron capaces de cultivar viñedos y menos producir y fermentar mostos; por lo tanto el trueque y los saqueos para obtenerlos, fueron prácticas habituales.
A partir de 1594, por orden del Rey, se prohibió la venta de vinos a los indios, pero, como ya se indicó ello en la práctica no tuvo efecto alguno, sólo que el comercio cambió su estatus legal a otro clandestino.
El "Vino de Concepción" que era el nombre genérico con que se identificaban todos los producidos en las regiones reseñadas, eran especialmente apetecidos y muy bien considerados en todo Chile.
Avanzado el Siglo XVIII el "Vino de Concepción tenía un mercado abierto y bien asentado en Santiago, Valparaíso y exportaciones a Lima. Un activo mercado facilitado por el cabotaje que satisfacía la demanda de los nacientes puertos del norte, existentes en el llamado Reino de Chile.
Existen registros oficiales que indican para el período 1767-1781, la cantidad de 31.373 arrobas, exportadas a distintos países preferentemente a Perú.
Comparativamente con los volúmenes de vinos con que se opera en nuestros días, los de entonces eran ínfimos. No es clara ni menos precisa la cantidad de vinos que se producían en distintas etapas; una de ellas señala que en 1656 la zona produjo 600 arrobas, es decir, apenas, 23 mil litros, lo que obviamente tiene que ser erróneo. Aunque no existen datos sobre este importante aspecto, sobre la base de calcular el número total de pies de parras plantadas, se puede presumir que la producción, hacia 1750 llegaba a volúmenes razonables y se incrementa notablemente hacia fines del siglo XVIII a 70 mil arrobas, que equivalen a un poco más de 2,5 millones de litros.
Alonso Ovalle refiere en una de sus crónicas, entusiastas referencias a los vinos aquí producidos:
Entre todos son los mejores y de más estima los moscateles; he visto que, al parecer son como el agua ,tan claros y cristalinos como ella, pero en efecto es muy diferente en el estómago , porque lo calientan como si fuera aguardiente.
Respecto a volúmenes e incidencia de la producción de vinos, chichas y aguardientes en esta parte de Chile, es válido basarse en datos de extensiones de viñedos plantados, en todo Chile que, nos proporciona el primer censo vitícola, que fue realizado por el científico francés Claudio Gay, en 1830.No existe otro antecedente valido, pero éste se puede presumir, con un alto grado de certeza que esta cantidad de viñedos plantados en las diferentes zonas ya se habían gestado y consolidado hacia fines de la Colonia, por lo tanto es pertinente aceptarlos.
El Censo otorgó los siguientes resultados:
| Has | |
|---|---|
| Concepción | 15.000 |
| Aconcagua | 5.000 |
| Cauquenes | 4.500 |
| Santiago | 2.000 |
| Coquimbo | 1.600 |
| Colchagua | 1.240 |
| Talca | 700 |
Las cifras reseñadas indican claramente que el mayor potencial vitivinícola estaba, hacia fines el siglo XVIII, en la región que se comenta.. Pero, a partir de 1850 con la introducción de cepas nobles europeas en la zona central, el incremento de la superficie de suelos regados, sumado al impacto económico de la extensión y desarrollo del ferrocarril, entre otras razones, este liderazgo comienza a perderse irrevocablemente, hasta nuestros días.(Se trata de un tema trascendente, que induce ser analizado en otra oportunidad, detalladamente.)
Igual a lo que ocurre con los antecedentes relativos a las variedades que se emplearon en la zona central en estaa, no se reflejan menciones de ellas en escrituras ni crónicas. Sin embargo, es presumible que al igual que en esa zona, predominaron la Listán Prieto (país) y la Moscatel de Alejandría. El padre Alonso Ovalle hace referencias a vinos torrontés y albillo y una "uva negra" que provee de vinos "muy gruesos" De ser cierta esta observación debe considerarse como un rareza o bien sólo a pequeñas extensiones caseras, que no trascendieron.
La mencionada obra de Cartes y Arriagada nos proporciona una detallada información relativa a la propiedad agrícola en Conuco ( actual comuna de Coelemu) . Entre los propietarios mencionan Francisco Villaseñor y Acuña, Anna López, Feliciano Sosa, Melchor de Villalobos y otros, de apellidos Ximénez, Herrera, López, Verdugo y Huirao: Las Estancias, comprendían extensiones que alcanzaban a ,mínimo 300 cuadras y un máximo de 800.
Desde el punto de vista legal no hay diferentas con relación ya reseñada para la zona central. En cambio si existen diferencias importantes con aquellas. En efecto atendida las características de los suelos y en especial la orografía de ellos, sus aptitudes inducían a crear propiedades ganaderas extensivas. Al comienzo prevalecían las grandes haciendas y no se concebía el concepto de chacra, que existía en el centro del país.
Sin embargo durante los tres siglos que se analizan se registra progresivamente una significativa subdivisión de las propiedades provistas de viñedos. En la actualidad,(2009) las zonas que se analizan registran 6.415 propiedades que implican 13.871 has, es decir apenas 2.16 has por propietario, cifra que representa menos de un tercio del promedio nacional Ello ha generado un minifundio que ha sido permanente motivo de problemas de evasión tributaria y consumo desordenada de vinos y chichas, producidos artesanalmente. Desgraciadamente las Cooperativas vitivinícolas de Coelemu y Quillón, muy especialmente esta última,que tuvo algunos años de buen éxito, no fueron capaces de competir airosamente en el sistema mercantil abierto, y tampoco no hubo empresarios independientes capaces de hacerlo.
Al referir este tema en capítulos anteriores, a sopesar de las diferencias de clima y suelo, la impresión general es que ellos no deben haber alcanzado en cuanto a su calidad,.características para presumir diferencias con los de la zona central. Las variedades eran las mismas para ambas regiones y el clima más templado de la zona central es posible que haya permitido vendimias más tempranas: pero, a su vez la cosecha tardía del centro sur permite obtener vinos más aromáticos.
Es probable que la capacidad y la disciplina jesuita, tan abundante aquí, haya tenido efectos diferenciadores positivos .Algo de ello se puede apreciar en las descripciones de los lagares, que parecen más "modernos" que el resto.
Especial importancia tuvieron las estancias jesuitas en esta zona, tanto por su cantidad y extensión como también por ser evidentes polos de progreso, hasta su expulsión en 17 67. Las haciendas mayores eran, entre otras, Perales, La Ñipa,y Cucha Cucha y muchas otras propiedades más pequeñas. Atendiendo a cartas y crónicas de visitantes de aquellas épocas se puede presumir que sus procesos de vinificación y la calidad de sus vinos eran muy eficientes.
El nombre de la Hacienda Cucha Cucha, que significa "punta" se mantiene hasta nuestros días. Al momento de su liquidación fue rematada por um señor llamado Alejandro de Urrejola ;se subdividió luego para denominarse como Cucha Cox y Cucha El Carmen. Según algunos observadores las bases de la subdivisión fueron tres "Cuchas" de cerros que convergen".
Atendiendo al hecho que el desarrollo de este libro, respecto a los períodos siguientes, se encuentran en proceso de análisis y en algunos aspectos sólo de investigación, se ha estimado pertinente darlo por finalizado provisoriamente. En todo caso, a continuación se expone un análisis básico que permite lograr una visión de carácter general del período momentáneamente omitido.
Estimados lectores, agradezco de antemano vuestra comprensión.
Prácticamente no existen antecedentes históricos de importancia nacional respecto a las VI y VII Regiones, relacionados con al período comprendido entre los siglos XVI hasta el XVII. La política colonizadora seguida por los Conquistadores determinó que durante los siglos reseñados no se fundara ninguna ciudad en esta zona, hasta mediados del siglo XVIII. Ya se han descrito los esfuerzos colonizadores desplegados hacia los extremos del país de entonces, la Serena y Copiapó en el norte y Concepción en el sur.
El desarrolló se desenvolvió en torno a pequeños núcleos rurales y haciendas o propiedades de gran extensión. Contrariamente a lo que indicaría nuestra lógica actual de construir sendas que transcurrieran por el Valle Centraln, no fue así, pues las principales atravesaban los valles costeros aproximadamente desde Valparaíso hacia el sur, hasta el seno de Reloncaví. Se le denominaba Camino Costino o del Maule, unía aldeas de pescadores y algunos asentamientos indígenas, mucho de los cuales fueron la base de nuevos pueblos.
El camino a través del Valle Central fue empleado por los conquistadores muy posteriormente, cuando se desarrollaron obras de regadío lo que multiplicó el valor y capacidad productiva de los suelos. Recién a mediados del siglo XVIII por instrucciones perentorias del rey de España, los gobernantes de Chile llevaron a cabo, después de muchos esfuerzos, un proceso de urbanización del territorio. Fundaron ciudades cabeceras, partidas y villas, tanto para españoles como para nativos. El Gobernador Manso de Velasco fundó las ciudades de Talca y Cauquenes (1742), Curicó (1743) y Linares (1755).
El emplazamiento y ubicación de estas urbes obedecía a estrictas ordenanzas, que respetaban, entre otras normas, distancias equidistantes entre ellas, muy bien estudiadas, para consolidar y facilitar el tránsito a través del Valle Central del país. Además desde estos centros se construyeron caminos transversales entre los que destacan los valles de los rios Cachapoal, Tinguiririca, Maule y muchos otros que, al unirse a los antiguos caminos costeros permitieron, paulatinamente, interconectar todo este territorio, cuyo potencial agropecuario de primer nivel se desarrollaba en la medida que se construyeran obras de regadío.
En consecuencia, comparativamente con el norte, centro y sur (La Serena, Santiago y Concepción) la región que se analiza comienza su desarrollo organizado casi doscientos años después, con la excepción de Cauquenes y Mataquito, donde las condiciones agro climáticas permitieron el desarrollo exitoso del cultivo de la vid sólo con riego natural suficiente. (Lluvias)
Existen crónicas que lo sindican ser, originalmente, el más extenso espinal del mundo El célebre Benjamín Vicuña Mackenna en sus crónicas, relativas al siglo XVIII, lo denomina "El pequeño Sahara".obviamente refiriéndose al desierto más grande del mundo.
Consolidada la independencia y posterior organización del país como una República independiente y autónoma, a partir de 1820. se registran avances importantes en el desarrollo de la actividad vitivinícola, cuyos aspectos más relevantes, se exponen a continuación:
El gobierno, en 1830, invita a prestar sus servicios en Chile al célebre naturalista francés Claudio Gay. Entre muchas otras virtudes este personaje era un destacado estudioso de la viticultura. Su experiencia la expuso con la creación de la Quinta Normal de Agricultura ubicada en Santiago, donde desarrolló una Estación Experimental Vitícola. Aunque no está plenamente demostrado fue él quien primero trajo variedades de vides nobles desde Europa, o bien indujo a varios importantes hombres de empresa de la época para que lo hicieran. Entre ellos, Silvestre Ochagavía, Luis Pereira, Isidora Goyenechea, Maximiano Errázuriz y otros. Salvo este último, que poseía sus viñedos en Aconcagua, y los hermanos Bonifacio y José Gregorio Correa Albano Correa Albano quienes fundaron una importante viña en Lontué, todos los nombrados las poseían en el valle del Maipo.
Según Gay en 1850 existían treinta mil has de viñedos, de acuerdo a la siguiente distribución regional(Ya reseñada en el Cap.XIII):
| Has | |
|---|---|
| Coquimbo | 1.600 |
| Aconcagua | 5.000 |
| Santiago | 2.000 |
| Talca | 700 |
| Cauquenes | 4.500 |
| Concepción | 15.500 |
Sobre la base de estas cifras se concluye que durante el siglo XIX y también hasta mediados del XX, la viticultura se desarrolló de sur a norte. Especial incidencia tuvieron las plantaciones en suelos de secano que en 1938 alcanzaron a más de 60 mil has, dentro de un total de 108 mil , (Menos de 15 mil en 2008, cuando se superan las 120 mil has)
Al terminar el siglo XIX , Chile disponía de una industria vitivinícola que en opinión de expertos muy respetables, nada tenían que envidiar a las más evolucionadas de Europa.
Es válido afirmar que existe una similitud o paralelismo muy curioso entre esta realidad y el período que comprende el fin del siglo XX. Ambos manifiestan momentos de grato esplendor y de cierta manera, prestigio social.
Al comenzar el Siglo XX Chile disponía de abundante cantidad de vinos buenos. Una muestra de ello es que la alta sociedad desplazó a los vinos franceses, que marcaban sus preferencias desde el siglo anterior. Se suman a estos cambios, algunas exportaciones en cantidades pequeñas, pero significativas, tanto a Europa como a Estados Unidos, más la obtención de premios en concursos internacionales.
Es preciso tener presente que durante la Colonia y hasta el último tercio del Siglo XIX el pueblo chileno consumía preferentemente chicha y aguardiente, lo que recién comenzó a cambiar cuando se generalizó el uso del ferrocarril. Con anterioridad debido a la inestabilidad propia de los vinos y posiblemente su calidad no muy atrayente, inclinaban el consumo hacia las bebidas indicadas.
Según los registros de la época el consumo per cápita/ año llegó a superar los 90 litros, nivel de ingesta que causó estragos en la masa popular, al generarse un agudo alcoholismo y enfermedades conexas al mismo. Este ingrato fenómeno fue, paulatinamente, deteriorando la imagen del vino entre la opinión pública y la clase política.
Ello explica, por ejemplo, que en el año 1902 se creara el ente de recaudación tributaria, conocido hoy como Servicio de Impuestos Internos, precisamente para establecer impuestos directos a los alcoholes y posteriormente, en el año1916, al vino. Desde entonces éste fue sujeto de numerosos incrementos de tasas, por estimársele un factor de fácil ingreso para las arcas fiscales y teóricamente mitigar así la demanda al suponer que subiría el precio del producto, por efecto de las tasas tributarias más elevadas. Obviamente que ello no ocurrió así y como contrapartida hubo un incremento de la evasión tributaria, que generó la aparición de numerosos lugares de consumo llamados "clandestinos", con lo cual el alcoholismo, en lugar de morigerarse, se incrementó.
En el año 1938, para abastecer una población que reunía un tercio de la actual, Chile disponía de 110.000 has, el 70% en suelos de secano y 30% de riego. El alcoholismo era las más importante enfermedad social e influida por este grave problema, la clase política acordó por unanimidad, a través de una ley que se promulgó en 1939, prohibir nuevas plantaciones de viñedos, de cierta manera premiar a quienes las arrancaran, y crear un elevado impuesto a la producción del producto, por el sólo hecho de producirlo. Esta modalidad de impuesto ha sido la única de esta clase aplicada en Chile. Fue derogada en 1967, después de una inédita huelga tributaria organizada de los productores.
Esta norma legal fue la causante directa de una abrupta caída en la calidad del vino chileno pues los viticultores, para satisfacer la creciente demanda, optaron por cambiar las técnicas de producción orientadas originalmente hacia la calidad hacia inspirada por los enólogos franceses que arribaron en el S. XIX, junto con la introducción de variedades nobles ,por otras que apuntaron hacia el incremento ilimitado de la producción unitaria a través de sistemas frondosos de conducción, excesivas fertilizaciones y otra serie de prácticas, que sólo se orientaban a obtener la mayor cantidad posible de uvas por ha cultivada, en desmedro directo de la calidad.
No disminuyó la producción, no bajaron los índices de alcoholismo y se destruyó "el alma" del viñedo chileno, al desdeñarse la calidad por la productividad.
El oscuro panorama expuesto se complicó aún más con las políticas de Estado, que apuntaban hacia el autoabastecimiento y por ende prohibición para importar maquinarias modernas y materias primas, como maderas nobles, Este sistema rigió hasta la década de los años setenta Todo ello nos mantuvo aislados del mundo, mientras tanto países como Australia, Estados Unidos, Sudáfrica y Nueva Zelanda y por supuesto toda Europa, progresaban significativamente.
Al margen de lo anterior tuvo una influencia negativa fundamental la ley de Reforma Agraria dictada en 1966 pues creó un clima de incertidumbre generalizada, deteniéndose toda iniciativa progresista que implicara inversiones en suelos rurales susceptibles de ser expropiados.
A mediados de la década de los setenta comienza a desarrollarse un severo ajuste económico que afectó toda la actividad vitivinícola, con síntomas negativos y positivos. Entre los primeros destaca la contracción o arranque de viñedos que disminuyeron desde 106.000 has en 1975 a sólo 54.000 en 1994. Lo positivo de este duro ajuste, al margen del agudo problema social que generó, es que el arranque afectó, fundamentalmente a viñedos de secano de cepas corrientes, que disminuyeron desde 60.000 a 20.000 has.
Sin embargo se registró una sucesión notable de hechos positivos que cambiaron totalmente las características de la vitivinicultura chilena:
Se derogó la ley de Reforma Agraria y se restituyeron muchos suelos a sus propietarios originales y se derogó también la restrictiva ley de 1939.
La importación de bienes de capital e insumos se liberó, o quedaron sujetos a aranceles bajos.
Destacados empresarios con ideas progresistas adquirieron viñas de marcas tradiconales en poder de familias fundadoras , lo que infundó nuevos bríos a la actividad.
El número de Viñas dotadas de infraestructuras aptas y muchas de ellas hermosas, para satisfacer el mercado internacional, se elevó desde doce a más de ciento cincuenta, lo que implicó una inversión de magnitud muy significativa, sin precedentes.
Se instalaron en Chile famosas empresas vitivinícolas extranjeras, europeas y norteamericanas, que han sido una notable "carta de presentación" en el mercado mundial.
Nuevas variedades de vidfes se incorporan a la producción entre la que destaca el redescubrimiento en Chile de la variedad bordalesa, carmenere. Incorporación de la sauvignon blanc y reemplazo sostenido de la anterior sauvignon vert. Incorporación de la sangiovese,syrah y otras.
Aunque resulta difícil fijar un orden de preferencias, sin duda alguna la innovación más significativa ha sido la incorporación de nuevos territorios, extraordinariamente aptos para el cultivo de la vid,, tales como los valles de Casablanca, Limarí,Elqui, San Antonio, Bio Bio , Malleco y varios más. Sus aportes han sido muy trascendentes, pues permiten ofrecer una cantidad de vinos más diversificada.
Los cambios políticos de los comienzos de los noventa, unido a una circunstancial escasez de vinos finos en el mundo, permitió su triunfal ingreso masivo a él. En efecto, mientras en la década de los ochenta las exportaciones promedio alcanzaron a quince millones de dólares al año, se llegó al término del milenio con cifras que llegaron a 600 millones de la misma moneda y durante el primer decenio del nuevo siglo se superaron los 1.000 millones.
Chile es en 2009, un importante exportador de vinos, superado sólo por Francia, Italia, España y Australia.