Historia
TRIGÉSIMO PRIMER CAPÍTULO
Historias escritas con vino
RECUERDOS DIECIOCHEROS EN LA VÍSPERA DEL BICENTENARIO
Por años, el vino fue el primer actor y llenó las gargantas de quienes se sentían en la necesidad patriótica de brindar “por la patria”.
Con la vorágine propia de los tiempos que corren, desde hace varios años han volado, a través de la inmensidad del recuerdo, costumbres propias de nuestras Fiestas Patrias “dieciocheras” que eran intrínsecamente buenas. Resaltan, por ejemplo, aquella de estrenar una “pinta nueva”, generalmente traje azul, en el caso de los hombres, y tenida de colores vistosos para las mujeres. Cualquiera fuera la potencia del bolsillo alguna prenda flamante a todos acompañaban. Las casas, desde las mansiones hasta las más modestas, se coronaban con una bandera chilena y todo hogar, regularmente acomodado, poseía y difundía más de una vez un disco de acetato que contenía por un lado la canción nacional y por el otro la canción de Yungay, verdadero himno nacional de reserva, hoy casi olvidado.
En aquellos años el vino era primer actor y llenó las gargantas de quienes se sentían en la necesidad patriótica de brindar por la patria. Es cierto que, en algunos casos, el efecto era lamentable, pues muchos tomaban demasiado en serio la solemnidad de las fiestas y el volumen de lo libado, tanto que, aunque circulaban pocos autos; éstos debían ser conducidos siguiendo el curso de verdaderas eses para no atropellar a nadie.
Las viñas, los entonces “comerciantes mayoristas de vinos” hoy inexistentes, las cantinas y demás lugares de expendio, en septiembre vendían una cantidad tal de vinos que permitían a sus propietarios equilibrar las cuentas del año.
BOTIJAS Y OTROS ENVASES
Durante el período colonial, la casi totalidad de la vasija vinaria era hecha de barro cocido o greda, hasta fines del siglo XVIII, Entonces se comenzó a emplear vasijas de madera. En este aspecto la evolución del uso de estas vasijas es muy similar y paralela con lo que ocurría en Europa.
Nacieron así las industrias botijeras y posteriormente la tonelera que, con mayor o menor importancia se mantiene vigente hasta la actualidad y a partir de 1997, aproximadamente, con una espectacular reactivación, posible gracias a la libre importación de maderas nobles. Corresponde detenerse a explicar la necesidad de contar con elementos donde poder realizar las faenas de vinificación, o transformación de los mostos de uva en vino para, posteriormente, guardar, criar, madurar y transportar el líquido obtenido. Es lo que ahora llamamos cubería, estanques, vasijas y otros.
En América, donde los conquistadores encontraron numerosas variables en el uso de la greda, desde un comienzo se optó y generalizó emplear botijas y tinajas de barro cocido o gredas.
Con toda seguridad, casi todos los lectores no saben que es una “botija”, fenómeno similar que se describió antes respecto a la palabra “lagar”. Lamentablemente los investigadores que se refieren al término en cuestión lo dan por sabido, lo que empaña la comprensión ágil de sus relatos.
Se define pues lo que significa botija, cuya raíz es el término latino butticula:
“Vasija de barro mediana, redonda
y de cuello corto y estrecho”
Botija era una expresión muy empleada mientras ésta existió masivamente, pero el término dejó de usarse junto con el reemplazo de ella por otros contenedores. La expresión tinaja, aunque entró en desuso hace más de un siglo, siguen siendo empleada, pues son un elemento decorativo muy recurrido en parques y jardines tradicionales chilenos. (se trata de recipientes redondos como globo, que tienen una pequeña “boca” o entrada, en la parte superior)
LA DIFICIL DEFINICIÓN DE LAS UNIDADES DE MEDIDA; El CUARTILLO, PRECURSOR INMEDIATO DE LA BOTELLA
Como norma, desde los albores de la Colonia, el gobernador Alonso de Sotomayor dispuso que la botija debiera tener la capacidad de una arroba. “De manera que los mercaderes no usasen botijas de paredes excesivamente gruesas o con base de tres dedos de grosor, como solían hacerlo”. El Cabildo celebrado el 3 de junio de 1605, ratificó que las botijas debían fabricarse con la capacidad de una arroba entera y no menos (Medida de capacidad heterogénea)
En este caso específico y aparentemente, se insiste, aparentemente, desde esa fecha en adelante la arroba (hasta nuevo aviso), como medida de capacidad para vinos tendrá una capacidad equivalente a 32 cuartillos. Si se tiene en cuenta que el cuartillo fue acotado, oficialmente, recién cuando se estableció el “Sistema Métrico Decimal” a principios del siglo XIX, y se definió que equivalía a 1,111, litros, la arroba habría tenido una capacidad equivalente 35,552 litros.(En 2010 la arroba chilena tiene una capacidad de 40 litros, lo que se señala taxativamente en todos los contratos que amparan las transacciones de vinos a granel)
En la actualidad, la propia Enciclopedia de la Real Academia de la Lengua, fija numerosas capacidades para la arroba, e incluso indica que éste depende del lugar de donde provenga.
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