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Historia

VIGÉSIMO QUINTO CAPÍTULO
Historias escritas con vino

Los Orígenes Prehistóricos de la Vid

Los paleontólogos han determinado que los orígenes más remotos del género vitis se remontan a aproximadamente 65 millones de años. Su evolución hasta alcanzar lo que ahora conocemos como vid ocurrió entre el Polo Norte y el Mar Mediterráneo en Europa, Eurasia y en Norteamérica hasta, aproximadamente , el límite definido por México.

Pero, es preciso no confundirse. Se ha expuesto que la vid está relacionada con diferentes especies parecidas, como lo son las vitis labrusca, berlandieri, rotundifolia y muchas otras existentes en América del Norte. Ellas originan frutos que son parecidos a la vid y “vinos” que nosotros no consumimos pues, de acuerdo a las normas enológicas vigentes en casi todos los países no lo son, además de tener gustos abominables para nuestras costumbres. Sin embargo, estas plantas tienen la virtud de servir como porta injertos para las vides europeas, devastadas en el siglo diecinueve por un insecto de origen norteamericano llamado phyloxera que al llegar accidentalmente a Europa a mediados del siglo XIX, arrasó con los viñedos de todo el continente y el resto del mundo, salvo Chile, por razones que aún no se han podido detectar.

Sin entrar al nivel de la erudición es preciso saber que dentro de Europa existen muchos otros representantes del género vitis pero el único que interesa es la vitis vinífera sativa.

La Vid y el Vino en la Antigüedad

Monte Ararat

Está plenamente demostrado que los primeros vinos obtenidos concientemente por el hombre, se lograron hace unos 7 mil años, en lo que hoy conocemos como Medio Oriente. Se precisa que ello ocurrió, según los antecedentes disponibles hasta hoy, en un lugar ubicado en el actual Iraq. Otras investigaciones han demostrado que las primeras vitis vinífera sativa, se habrían cultivado en lugares cercanos al Monte Ararat, que limita con Turquía, Irán y Armenia, lugar en el que según la Biblia se detuvo el arca de Noé, después del diluvio universal. Los antecedentes recogidos permiten afirmar que muy cerca de ahí, donde hoy se encuentra el monasterio de Eishmiadsin, se creó el más antiguo centro vitivinícola, conocido hasta ahora.

Las primeras manifestaciones más concretas sobre el cultivo de la vid, producción de vinos, comercio y consumo, se encuentran en la ciudad sumeria de Lagash.

En la antigua Mesopotamia el vino era la bebida preferida de reyes y mercaderes, pues se le consideraba una excelente representación simbólica de la fecundidad, atendida su exuberante floración y maduración.

Sin embargo donde se obtienen datos escritos más precisos referidos al vino, es en el delta del Nilo, en Egipto, tierra de los faraones. Textos jeroglíficos de la primera dinastía ya refieren prensas para obtener mostos, y las técnicas básicas para extraer escobajos, prensar las uvas y fermentar los mostos en forma ordenada. Se puede afirmar que, básicamente, son las mismas existentes hasta nuestros días, naturalmente, ahora perfeccionadas y mecanizadas.

El Vino Chileno del Comienzo de la República

Claudio Gay

En el transcurso de los primeros decenios del siglo XIX Chile se independiza y desarrolla una organizada república. Entre las progresistas actividades de los gobernantes de la época destaca, entre muchos otros hechos, la invitación a prestar sus servicios en Chile al sabio naturalista francés Claudio Gay, quien se avecindó entre nosotros a partir de 1830. Gay era, entre muchas otras disciplinas, un eximio viticultor y por ello entre sus actividades incluyó la creación de una verdadera Estación Experimental vitícola, en la Quinta Normal de Santiago. No está plenamente aclarado si él importó cepas nobles desde Europa; pero es presumible que haya influido en su coterráneo Nourichet, acreditado que lo hizo en 1845.

Sin embargo, se considera que el primer importador de una cantidad significativa de vides nobles desde Europa fue Silvestre Ochagavía en 1851, quien desarrolló una importante Viña, al sur de Santiago. Su ejemplo fue seguido por muchos otros empresarios provistos, casi todos, de generosas fortunas provenientes de rentables actividades mineras. Ello además impulsó la viticultura en suelos regados, lo que determinó un desplazamiento del cultivo de la vid preferentemente a la zona central que ya disponía de riego y además muy adecuadas, desde el punto de vista climático, para el cultivo de variedades nobles.

Al terminar el Siglo XIX Chile disponía de una industria vitivinícola que en opinión de respetables analistas de la época nada tenía que envidiar a las más evolucionadas de Europa. Lo más relevante es que junto con la traída de variedades nobles, muchos enólogos franceses fueron invitados a asentarse en Chile ente ellos Bertrand, Bachelet, Durand, Pacotet y otros; ambos factores, unidos al inmejorable clima mediterráneo de la zona central de Chile, determinaron la obtención de excelentes vinos que sorprendieron al mundo.



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