Historia
DÉCIMO CAPÍTULO
Historias escritas con vino
Por Rodrigo Alvarado Moore
Gentileza Revista La Cav
LOS PRIMEROS ELOGIOS DE UN INGLÉS AL VINO CHILENO
En abril de 1594 el corsario inglés Richard Hawkins arribó al puerto de Valparaíso, se apoderó de la ciudad, en forma incruenta, y exigió rescate por ésta, y por los cuatro navíos que se encontraban anclados en la bahía. La población del puerto observó atónita el comportamiento de estos corsarios que no repitieron los atropellos, violaciones y matanzas perpetradas por Francis Drake y su gente, pocos años antes.
Hawkins llegó a establecer una relación amistosa con varios vecinos y vecinas, incluso con la autoridad local, don Alonso Sotomayor, quien una vez acordado el monto de rescate, y previo al zarpe de los corsarios, le confesó que había estado esperando, con hombre ocultos y armados, un momento de descuido de él o sus hombres para atacarlos.
Para suerte de Hawkins y su gente ese descuido no se produjo, gracias a la disciplina que él impuso.
Al respecto, en sus memorias publicadas en Inglaterra en 1622, Hawkins textualmente escribió: "pero yo temía más al vino que a los enemigos".
Efectivamente, en bodegas del puerto los corsarios habían encontrado entre muchos otros productos 500 botijas de vino destinadas a ser embarcadas al Callao, Perú.
Las palabras de este singular corsario, caballeroso, y eximio navegante, constituyen uno de los primeros elogios a este grato producto de nuestra tierra.
ALONSO DE CORDOBA, EL CONQUISTADOR (NO LA CALLE)
Según el historiador José Toribio Medina, Alonso de Córdoba nació en Valdepeñas La Mancha, el año 1507. Vecino fundador de Santiago y encomendero en Vitacura, Principal en Pirque y Rancagua.
Le entregaron bajo su tuición los caciques don Alonso y Baltasarillo, "con sus indios principales a ellos sujetos" y también del cacique Guandarongo. Además el Gobernador García Hurtado de Mendoza, agregó mas caciques y sus indios dependientes a don Alonso, siendo heredados por su hijo de igual nombre, quien cultivó vides en plena armonía con el cacique Vitacura.
RODRIGO DE QUIROGA (OTRO CONQUISTADOR DEL "BARRIO ALTO")
Don José Toribio también nos relata que Rodrigo de Quiroga fue encomendero en Colchagua, Peumo y Teno, además Apoquindo y Melipilla. Se le señala como uno de los compañeros de las huestes conquistadoras que más se destacó en la actividad vitivinícola. El 3 de septiembre de 1546 el Cabildo le otorgó una merced de 150 por 400 varas en Vitacura, que antiguamente pertenecía a los caciques Palabanda y Pugalongo. Además poseía tierras "al otro lado del río", en Renca, que cedió en 1550 a los padres mercedarios, para que cuidaran y usufructuaran de la viña que ahí había ordenado plantar. Ello permitió a los frailes fundar una capellanía que "si no tuvieran la dicha viña murieran de hambre".
ODRES O PELLEJOS, PRECURSORES DE LAS BOTELLAS
Los odres o pellejos, envases para vinos y otros líquidos, eran casi todos hechos con piel de cabra; se curtían y cosían con mucha precisión. Fueron muy apreciadas porque permitían cómodamente llenar vasos sólo al ejercer una pequeña presión. Por otra parte su flexibilidad las hacía muy adecuadas para ser transportados en el lomo de mulas, caballos y otras bestias de carga. Además su comportamiento para guardar los vinos era bastante aceptable.
Para el empleo individual de los viajeros las botas, llamados así los odres pequeños, resultaban muy prácticos ya que eran virtualmente irrompibles.
LOS DESPRECIADOS VINOS DE NAPOLEÓN EN SANTA ELENA
Napoleón en la isla de Santa Elena tuvo que soportar el disgusto de estar a bajo la tuición del gobernador sir Hudson Lowe, quien carecía de toda bondad, ni menos aún simpatía por el célebre prisionero.
Cuando el Emperador murió, en 1821, se encontraron en su morada importantes cantidades de vinos claretes, de Champagne y de Madeira, considerados como los más selectos del mundo, en aquellos tiempos. Pero por desgracia él, ni ninguno de sus leales compañeros, se interesaban por la cocina y los vinos lo que determinó la acumulación descrita.
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