Historia
La Primera Vendimia en Chile, por Manuel Gandarillas
En 1551, diez años después de la fundación de Santiago, don Pedro de Valdivia en su carta al rey de España le informaba que en su ciudad del Nuevo Extremo los vecinos disfrutaban de excelentes uvas de sus propios parrales, pero fue cinco años más tarde, en 1556, cuando los santiaguinos bebieron complacidos las primeras copas de vino chileno.
Ese vino provenía de la primera vendimia que se hizo en el reino, en la hacienda de don Francisco de Aguirre, compañero de Valdivia, poseía en Copiapó de la Selva. Este esforzado conquistador, que tuvo la gloria de refundar La Serena, tiene también el no menos valedero galardón de haber sido el primer viñatero o vitivinicultor de la más alejada de las colonias de don Carlos V, en cuyos dominios no se ponía el sol.
La primera vendimia en las tierras de don Francisco no fue la vendimia de chamantos multicolores de nuestros días. Esa vendimia se hizo con coraza y espada al cinto, porque los españoles para labrar la tierra tenían que trabajar con un ojo puesto en el surco y con el otro en el boscaje próximo de donde podía surgir la muerte inesperada en la punta de una flecha.
No todos los indios eran yanaconas sumisos que servían a los extraños hombres blancos con la humildad de perros fieles. Hubo indígenas libertarios que jamás aceptaron las cadenas y "que nunca murieron sin gloria" como dijo el poeta Antonio Bórquez Solar.
Es por eso que los conquistadores para labrar los campos y viajar a través del reino debieron hacerlo con cautela y con sentido militar, como que se estaba realmente en un territorio extraño y hostil.
Don Francisco de Aguirre hizo su primera vendimia con los exiguos medios de que podía echar mano; zarandas de palo y los pies lustrosamente lavados de sus cien o más yanaconas o indios de servicio que eran de su propiedad, porque los había recibido como parte de la encomienda que disfrutaba como compañero de Valdivia en la conquista de Chile.
Una alegra mañana copiapina, muy temprano, los indios de don Francisco iniciaron la recolección de los racimos a lo largo de la vifia, en grandes canastos de mimbre y en los hombros sudorosos y desnudos llevaron su fragante carga hasta el lagar y la zaranda que había improvisado el primer viñatero.
Con un cacique amigo logró hacerse de cuatro o cinco pilas de piedra, piezas ahuecadas por los antiguos incas para sus acarreos mineros. Con palos cortados a machete, o mejor dicho varillas de coligüe, se fabricaron unas zarandas que fueron las bisabuelas de las zarandas que se usaron hasta el siglo pasado.
Las zarandas de coligüe fueron auxiliares de los pies de los indígenas que bailaban jugosas zarabandas, triturando los maduros racimos en las pilas de piedras que desempeñaban a las mil maravillas el papel de cubas.
En esa fiesta de refriega, entre el perfume de la uva y el zumbido de los insectos de la región (1) se paseaba don Francisco de Aguirre, frotándose las manos y observando con semblante paternal y risueño la alegre faena de su gente.
-¡ La sorpresa que voy a dar a los del Nuevo Extremo! ...
- ¡ Por Dios vino, Juan José, que mi vinillo va a gustar a mis paisanos...! ¿No te parece?
-Así no más va a ser, vuesa mercé- respondió el llamado Juan José, mayordomo de confianza del capitán.
Don Francisco y su mayordomo siguieron con amorosos cuidados el proceso de elaboración del primer vino chileno y tantos desvelos por el recién nacido tuvieron que desembocar fatalmente en lo que le tuvo que acontecer a Noé, el hombre que según el Génesis plantó la primera vid, esto es, se pegaron la más gloriosa y virginal de las borracheras.
Don Francisco de Aguirre y su segundo, Juan José, como médicos parteros o comadronas, asistieron al nacimiento del vino chileno en todas sus fases. Premunidos de sendos y grandes mates amarillos se acercaban reverencialmente a las tinajas de greda en las cuales se depositó el zumo de la uva y bebieron un refrescante jugo el primer día, luego el jugo empezó a hervir y los flamantes catadores gustaron una dulce lagrimilla.
Los días pasaban y la lagrimilla fue tomando cuerpo y una mañana tibia y asoleada, amo y criado entraron al bodegón de las tinajas andando de puntillas como temerosos de despertar a un enfermo imaginario. El bodegón estaba en una penumbra acogedora y propicia, los indios lejos, entregados a sus diarias labores, y ellos portando sus mates amarillos, destaparon una tinaja. Los mates naufragaron col:mados, chorreantes y olorosos.
-¡ Qué bien huele el vinillo, Juan José!
Haría suspirar al mismo Baco si oliera esta delicia- dijo el capitán aspirando con fruición.
Como única respuesta llegó a oídos del amo el gorgoteo que producía el líquido al pasar del mate a la vigorosa garganta del mayordomo Don Francisco observó de reojo al sirviente, sonrió y sin decir ni chus ni mus siguió tan placentero ejemplo.
- ¡ Rayos y truenos! Este vino es digno de la mesa de su Majestad! ... ¡ Qué Dios guarde!
-contestó respetuoso Juan José y agregó Este vino hará famoso a vuesa mercé.
- ¡ Salud Juanucho!
-Salud vuesa mercé, nú señor capitán...
Y bebieron mates de ese caldo que reconforta el corazón y que suele entrabar las piernas.
El amo apoyado en el criado y el criado apoyándose en el señor salieron del bodegón con pasos cansinos y vacilantes rumbo a la casa.
Don Francisco y Juan José acababan de ser bautizados por el primer vino que se producía en el reino.
Fueron los frailes españoles los que implantaron en América el cultivo de la vid. Su origen en Chile se pierde en la noche del pasado.
Juan Jufré, compañero de Valdivia, fue el primero que tuvo una viña en Santiago en la actual comuna de Ñuñoa.
El abate Molina cuenta haber encontrado vides silvestres de la variedad moscatel en los valles cordilleranos de la provincia de Curicó, en sitiosjamás habitados.
Algunos cronistas sostienen que la primera vid fue traída desde el Cuzco por los conquista dores.
Según Garcilaso de la Vega, las vides del Cuzco provenían de España y fueron cultivadas en Perú por Bartolomé Terrazas.
En una fecha que se desconoce el eclesiástico Francisco de Caravantes trajo a Chile una cepa de uva negra y muy sabrosa que sirvió de base a las primeras plantaciones de Copiapó, Santiago y La Serena.
Sea que la vid fuera originaria de Chile, como dice el abate Molina, o que haya venido del Perú, lo cierto es que hoy nos encontramos frente al hecho irredargüible de que este país presenta el medio ambiente más apropiado del mundo para la producción vitivinícola.
En tiempos de la Colonia las mejores vendimias se hicieron en las viñas de los conventos. Fueron famosas las de los jesuitas en sus haciendas de Calera de Tango y la Compañía y los domínicos en su vieja viña de la Recoleta que con el devenir del tiempo dió el nombre a la Viñita, la capilla fundada por doña Inés de Suárez sobre el cerro Redondo o Blanco de nuestros días.
(1) Las abejas no existían en Chile. Las primeras colmenas las trajo de Italia don Patricio Larraín Gandarillas en 1853.
Extraído de: Revista "Tierra del Vino" N°2, Setiembre - Octubre 1974.
Director: Rodrigo Alvarado Moore.
Ilustración: Mario Cisternas de Francisco
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