Historia
Historias escritas con vino, cuarta parte
La llegada de la Vid a Argentina
Desde Chile, en 1557, la vid fue llevada a Argentina, gracias a la iniciativa de los colonos de Santiago del Estero: Bartolomé de Mansilla, Nicolás Guernica, Hernán Macia Miraval, Pedro de Cáceres y Rodrigo de Quiroga. Estos progresistas y arriesgados hombres supieron de la existencia de vides a este lado de Los Andes. Se trasladaron a la recién fundada ciudad de La Serena donde, junto con obtener estacas de vides, contrataron los servicios del experto fraile Juan Cidrón (también recordado como Cederrón), quien supervisó el cultivo de ellas.
La vid llegó a San Juan y Mendoza, pocos años después, por obra del gran pionero de la vitivinicultura chilena y hombre de empresa, Juan Jufré, quien en 1561 fundó la ciudad de San Juan. Además, se preocupó de divulgar el cultivo de la vid en todo Cuyo.
El Segundo Viaje de Cristóbal Colón a América y su Relación con la Vid
Atendido el revuelo que originó el primer viaje de Cristóbal Colón a la futura América, el segundo estuvo dispuesto muy pronto, el 25 de septiembre de 1493.Antes de cinco meses la flor y nata de los navegantes, empresarios y aventureros de aquellos años, estuvieron preparados para iniciar la segunda expedición a su mando.
Las crónicas señalan que en total la expedición se proveyó de vino para dos años. Ello implicó que en total se embarcaron 2500 botas de 500 litros cada una, aproximadamente 100 por embarcación. Los registros de aquellos días indican que se consideraba adecuado disponer entre 1,5 a 2 litros, el consumo por tripulante al día.
Desde Cádiz zarparon 17 naves y 1500 hombres, y recalaron en las Islas Canarias; el viaje se extendería hasta el 11 de junio de 1496.
Está demostrado que las primeras vides que llegaron a América fueron traídas personalmente por Colón en el buque que él comandaba. Ello consta en el Memorial del Almirante de los Reyes, que elevara por medio de D. Antonio de Torrres. El referido documento dice textualmente como sigue:
".. y de unos poquitos sarmientos que se pusieron es cierto que no hará mengua el andalucía ni el sicilia aquí".
Como se sabe arribó, entre otras islas a cuba, Puerto Rico, Jamaica y varias más de las Antillas.
En climas tropicales la vid crece con mucha fuerza, pero su ciclo vegetativo en lugar de durar un año, no alcanza a más de dos meses; crece, florece, genera frutos pero éstos jamás maduran y menos aún la planta se lignifica, ni tampoco entra en estado de latencia invernal.: Las vides echaban pámpanos en 7 días y a los 24 agraces.
Por lo tanto, las plantas de Colón no fueron ni remotamente una base de descendencia para las futuras vides que prosperarían en México, 31 años más tarde. Lo más pertinente es afirmar que sus vides "se perdieron en la noche de los tiempos"
La Viticultura Chilena: Patrimonio Cultural de la Humanidad
En 1999 el doctor en viticultura de la Universidad de Piacenza, Italia, Mario Fregoni, una de las principales autoridades del mundo en esta área, después de visitar más 40.000 has, aproximadamente, a través de distintas regiones vitivinícolas chilenas, emitió un riguroso y extenso informe que, en su párrafo final dice textualmente:

"Al cierre de esta relación reitero que la viticultura chilena podría ser reconocida como "Patrimonio cultural de la humanidad" por parte de la UNESCO y estimulo a las autoridades chilenas para proceder en tal sentido, presentando la candidatura correspondiente"
Características del vino de misa católica y de otros credos cristianos
El Cánon 924 del Códice Canónico advierte que "Vinum debet esse naturale de gemine vite et non corruptum".En sus orígenes el vino litúrgico debía ser tinto, al igual que el de las cenas pascuales de los judíos. En 1565 por acuerdo del primer Sínodo de Milán, se estableció el uso preferente del vino blanco.
Sin embargo, diferentes credos cristianos en sus liturgias ofrecen distintas alternativas respecto a que tipo de vino se debe emplear. Los coptos de Egipto utilizan vinos provenientes de uvas pasificadas. La liturgia Armenia obliga a mezclar el vino con agua al consagrarlo, mientras que los católicos lo hacen una vez consagrado. Es curiosa la norma maronita, que emplea el árabe como lengua litúrgica, y desde 1736 celebra sus misas con un rito abstemio, posiblemente por efecto de influencias islámicas.
Pero, especialmente curioso y extravagante e registra en los ritos rusos ortodoxos, de los siglos XVI y XVII, sometidos al poder absoluto de los zares, al extremo que Iván El Terrible obligó el uso de vodka, en lugar de vino.
Las normas vaticanas señalan que el vino de misa debe estar fermentado por lo menos en dos tercios de su azúcar total, por ende la residual (no fermentada) no puede alcanzar a más de un tercio del potencial alcohólico del vino. Están prohibidas todo tipo de correcciones, frente a su posible avinagramiento.
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