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Crónicas

Racimo 3, Uva 6: Incultura para consumir

Incultura para consumir

Neruda definió las celebraciones dieciocheras como “Nave de vino”; acertadísima metáfora, pues hasta hace unos treinta años los chilenos para las fiestas patrias, exagerando el concepto, consumíamos más vino que todo el resto del año completo.

Es una de las tantas muestras de nuestra atávica falta de cultura para beber, que se resume en la poco académica pero muy gráfica expresión popular que señala: “al tomar se nos calienta el hocico”, es decir, que no operan entre muchos de nosotros las elementales normas de control frente a la ingesta de bebidas alcohólicas. Es cierto que hemos mejorado significativamente, pero competimos con mucho ahínco para ser campeones mundiales entre los incultos para beber.

Lo expuesto se trata de una opinión que no podía sustentar objetivamente hasta ahora. Me ha favorecido la nueva costumbre de realizar encuestas. Y, apareció la que esperaba: una entidad denominada World Advertising Research Center (Warc), publicó recién un sesudo estudio denominado “Tendencias de Consumo de Alcohol en 2004”. En él se aprecia una sorpresa que intuía: somos moderados para tomar, pues en función del volumen que ingerimos, comparativamente, bebemos poco.

De un total de cuarenta y cinco países analizados ocupamos el lugar treinta y cinco. Nos superan todos los países de Europa y, fuera del viejo continente, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, Japón, Argentina y Uruguay. Le “ganamos” sólo a diez países, ninguno productor de vinos, salvo Sudáfrica que ocupa el lugar treinta y ocho. Queda objetivamente demostrada mi sospecha, pero el análisis no permite demostrar que la nave de Neruda la descargamos los fines de semana, o en una sola noche. Es “público y notorio” que forma parte de nuestra idiosincrasia empezar a consumir desordenadamente el viernes en la noche y frenarse el domingo a mediodía, para amanecer con el “cuerpo malo” el lunes y retornar al trabajo, por lo menos sobrio. Si en lugar de lo reseñado las conductas se orientaran a descargar la nave en siete días, lo que se acostumbra en dos, no existirían los graves problemas derivados del consumo desordenado cuyas consecuencias está de más referir.

El fenómeno expuesto es un fértil campo de análisis para disciplinas relacionadas con el comportamiento humano. Quedando a la espera de algunas luces provenientes de dichos expertos, estimo que los responsables de la conducción de la actividad vitivinícola deberían orientar, preferentemente, sus esfuerzos a combatir el consumo inculto.

Al margen de tratarse de una iniciativa intrínsecamente plausible, envuelve una excelente inversión, sin duda mejor que promover la marca “x”, “y” o “z”. Nada más positivo que controlar la incidencia del alcoholismo entre nosotros; ello aumenta el consumo, los bebedores ordenados viven más, se disminuyen las consecuencias perversas que encierra y entrarían en proceso de extinción los desagradables “curaditos”. Linda oportunidad para los genios de las artes de la comunicación.

Cuando yo “era chico” una prestigiosa viña difundía un acertado aviso publicitario que decía: “Beber bien no es beber mucho, es beber bueno”. Por ahí está “la punta de la hebra”.



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