Crónicas
La Vid y el Vino en la Biblia
Para comprender la profundidad y alcances de la Biblia, que en griego quiere decir "libro" -es decir, escrito o libro por excelencia-, es indispensable ser erudito o bien tener gran sensibilidad religiosa: ser devoto. Advierto que no cumplo con ninguna de las condiciones mencionadas, aunque la Biblia me impresiona tan profundamente que muchos de sus pasajes me han causado verdadero temor y, por supuesto, enorme curiosidad. Paul Caudel lo dice mejor: "Hemos extraído de ella (de la Biblia) todas nuestras ideas morales, artísticas y literarias; de ella desborda, como en un río gigantesco de aguas fecundas, un tesoro inagotable de santidad y de genio, desde las catedrales románicas hasta el Mesías de Haendel, pasando por la Capilla Sixtina".
Con criterio de enólogo me he permitido, tal vez con mucha irreverencia, escudriñar algo de lo que este libro sagrado menciona con respecto a la vitivinicultura, e interpretarlo a mi antojo. De antemano pido perdón al Supremo, a los devotos y a los lectores...

Al margen del agua, la Biblia no hace referencia a ninguna otra bebida que no sea al vino y deja meridianamente claro que se trata de verdadero vino, proveniente de la especie vegetal Vítis vinifera, pues -obviamente- las vitis americanas no eran conocidas en aquellos tiempos. En el Génesis (9:20 a 25) Noé nos da una lección de cómo producir vinos, al tiempo que condena seriamente a sus hijos por mofarse de su embriaguez. Es la primera referencia, olvidada, del hecho de que el vino es intrínsecamente bueno y que es medio y no causa de males. El concepto se repite en Proverbios (20:1): "El vino es mofador, el licor alborotador; nunca será sabio el que a ellos se entrega". En el 23:29 insiste en el concepto y deja entender que los vinos más buscados son los aromáticos. ¿Tecnología similar a la que propiciamos ahora?
En Éxodo (22:5) se manda compensar muy especialmente a quien introduzca ganado para que paste en su viñedo. Norma de manejo muy elemental y necesaria, que muchos viticultores del siglo 20 aún no aplican rigurosamente. El mismo Éxodo (29:39) menciona al vino como elemento indispensable de sacrificio perpetuo. ¿Cuántos siglos antes de Cristo y la última cena?
Una buena práctica cultural deriva de las leyes morales establecidas en Levítico (19:10), que ordenan no rebuscar uvas no cosechadas (se debe referir a los pámpanos que no generan buenos vinos) ni uvas caídas, excelente recomendación técnica para evitar contaminaciones y otros males en la fermentación. Del Levítico (25:4) también se desprende otra práctica técnica, cuando, al referirse al año sabático, prohíbe podar los viñedos cada siete años. ¿Se habrá investigado qué ocurriría si se aplicara esta técnica?
Igual que ahora, en épocas bíblicas resultaba común encontrar algún lugar geográfico o una ciudad que llevara en su nombre la influencia de la vid. Ejemplo actual y muy cercano es nuestra chilena Viña del Mar. En Números (13:22), en el Valle de Escol, los hijos de Israel encontraron un enorme racimo y por ello dicho punto geográfico se denominó con ese nombre. En el mismo libro (15:5), al referirse a las leyes rituales, nuevamente se hace referencia al vino como libación obligada para el holocausto.
El Deuteronomio (23:24) establece una pauta de conducta llena de sabiduría; permite que, al visitar un viñedo, se coma uva hasta saciarse, "más no las pondrás en tu cesta". Es obvio que nadie puede substraerse a la tentación de comer algunos granos o racimos al entrar en un viñedo, y poco daño causa el que se sacia con la uva. Pero de allí a llevársela... Esto es un ejemplo de respeto al derecho de propiedad y una excelente advertencia para los ladrones de antes y de ahora. Tener viñedos implica contar con cuidadores diurnos y nocturnos, práctica de manejo que sigue llevándose a cabo en la actualidad.
En tiempos bíblicos poseer viñedos era sinónimo de riqueza y poder. El Libro III de los Reyes (4:25), al referirse al reino de Salomón, señala textualmente: "Judá e Israel habitan seguros, cada cual bajo su parra y su higuera". Es decir, poseían vinos y frutas (¿qué más podían pedir?). Este mismo libro (21:1 a 16) menciona el notable viñedo de Nabot, quien fue mandado matar por la malvada Jezabel, para adueñarse de su viña. Acab, su marido y rey de Israel, tomó posesión del viñedo después del asesinato.
Los Salmos (79 y 80) asimilan a la idea de pueblo la de viñedo. En verdaderas súplicas se pide al Supremo la restauración de las viñas. "¡Oh Dios de los ejércitos, restaúranos! / Haz resplandecer tu rostro y seremos salvos." El concepto es plenamente válido. Conceptos similares se encuentran en Isaías (5:1 a 23).
Para quienes deseen conducir campañas para evitar que se beba inmoderadamente (Comité de Seguridad en el Tránsito, Cuerpo de Carabineros), la biblia está en la Biblia: Eclesiástico (31:30 a 42), del que sólo transcribo tres citas: "Vida tranquila para los hombres, es el vino usado con sobriedad; serás sabio si lo bebes con moderación".. "El beberlo con templanza es salud para el alma y para el cuerpo". "La embriaguez estimula al necio a ofender, enerva las fuerzas, y es ocasión de heridas" (¿accidentes automovilísticos?).
El "vino de mi ira" es para Yahvé, el Dios de Israel, una verdadera arma contra los enemigos babilónicos, según se lee en Jeremías (25:12 a 29). ¿Sería como el que usaba Lucrecia Borgia?
Los hijos de la estirpe de los recabitas parecen ser los primeros abstemios de la humanidad, ya que obedecían a su padre Recab, quien les ordenó: "Nunca jamás beberéis vino, ni vuestros hijos", Jeremías (35:1 a 11). En realidad no he encontrado en el sagrado libro qué pasó después con los recabitas, pero al parecer tienen algunos fieles seguidores en algunas iglesias cristianas.
En el Nuevo Testamento el vino y los viñedos llegan a la cúspide de su importancia. Éste es nada menos que materia del primer milagro de Jesucristo y expresión de su propia sangre. Pero vayamos por partes.
San Mateo (20:1 a 16) en la parábola de la viña ("Los últimos serán los primeros y los primeros, últimos") se refiere a ella no sólo por ser ésta una explotación agrícola familiar a todos sus contemporáneos, sino porque, además, se consideraba (y se considera) un trabajo duro y especializado con respecto a la mayoría de los demás cultivos. Nuevamente San Mateo (21:33 a 46) recurre a la vitivinicultura para exponer la notable parábola de los viñadores homicidas, y en parecidos términos lo expone San Marcos (12:1 a 12) y San Lucas (20:9 a 20).
El pasaje de San Juan (15:1 a 8), al margen de ser una hermosa alegoría de la unión de los hombres con Cristo, es una expresión de prácticas vitícolas que se aplican hoy igual a como lo menciona el Evangelista. Incluso propone que quememos los sarmientos cortados, norma que últimamente se considera obligatoria para prevenir la aparición de pestes y enfermedades. El mismo San Juan nos relata (2:1 a 11) cómo Jesús, a instancias de María, no sólo resolvió el problema de falta de vino en las bodas de Cana, sino que lo hizo tan bien que los invitados se preguntaban por qué el dueño de casa había dejado el mejor vino para el final del festejo.
Al margen de toda consideración religiosa, para quienes nos preocupa el quehacer vitivinícola, resulta verdaderamente motivo de orgullo, respeto y de una elocuencia que llama al silencio, el hecho de que la sangre de Dios se exprese a través del vino.

Y termino esta crónica irreverente con los dos últimos versículos del Antiguo Testamento, tan útiles para cerrarla y para mencionar, una vez más, al vino. Del Libro II de Macabeos (15:39 y 40): "Si ella ha salido bien, y cual conviene a una historia, es ciertamente lo que yo deseaba; pero si, por el contrario, es menos digna del asunto de lo que debería, se me debe disimular la falta"... "Pues, así como es cosa dañosa el beber siempre vino, o siempre agua, al paso que es grato el usar, ora de uno, ora de otro, así también un discurso gustaría poco a los lectores si el estilo fuese siempre limitado." Y con esto doy fin.
Extraído del libro "El Mundo del Vino", Crónicas de un Enólogo de Rodrigo Alvarado Moore. Editorial Turiscom. 1997.
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