Crónicas
Racimo 2, Uva 13: Recado a los preguntones
Extraído del libro "A propósito del vino", disponible en librerías.
Cuando me iniciaba profesionalmente en los quehace¬res del vino, hace ya un número de décadas cuyo monto prefiero omitir, muchos amigos y conocidos me observaban con cierto grado de conmiseración, dado el género de mis actividades. En efecto, mi profesión de enólogo era conside¬rada como una que lindaba en lo pecaminoso. En aquellos años, el prestigio que irradiaba el vino alcanzaba sólo para los dueños de viñas con apellidos vinosos.
Pero, todo cambia: una muestra de ello es que des¬de hace unos cinco años hasta ahora, siento que me miran, a pesar de haber perdido mi juvenil esbeltez, como una estilizada y noble botella de vino (posiblemente Cabernet Sauvignon) de gran prosa¬pia a la que se permiten extraerle, con cero gasto y esfuerzo, hasta la última gota de su contenido. El mío, informar gratis sobre vinos. La explicación a este cambio es muy simple. El vino está "in", "super in", y de rebote mi ex "botellística" imagen. Seguramente muchos pensarán que "más vale tarde que nun¬ca", sin embargo, aclaro que pretiero mi condición antigua, por culpa de los inveterados preguntones, casi siempre, im¬prudentes.
Ocurre que mi vida activa gira sólo dentro del vino y para él, pero lejos estoy de ser fanático del tema. Cuando termino mis jornadas de trabajo deseo fervientemente "bajar la corti¬na" y, respecto al vino, sólo beberlo, hablar de fútbol, arte, música y otros temas gratos. Pero nunca falta el desubicado que me formula desde preguntas tan "brillantes" como; "qué dice el vino", pasando por otros que quieren la emisión in¬mediata de un informe organoléptico detallado de determinado producto, sin perjuicio de algunos que requieren de "el" dato relativo a un vino bueno y barato.
Creo que mi drama es también sufrido por los médicos. En más de algunas re¬uniones sociales, he estado presente en descripciones de ma¬les de pacientes espontáneos, que, además, quieren diag¬nóstico inmediato, y recetas. Es posible que se salven de esta lacra los proctólogos, urólogos y ginecólogos, felicitaciones para ellos (y un poco de envidia). Respeto al trato que merece el vino y otras bebidas nobles en reuniones sociales, me permito referir una anécdota del célebre diplomático decimonónico, Talleyrand: "Al final de una fiesta, cuan¬do era servido un fino brandy de champagne, un invitado levantó su copa y se tomó el líquido de un solo trago. El célebre anfitrión quedó muy sorprendido ante tal actitud y así lo notó el invitado, quien preguntó: ¿Qué he hecho de mal, mi señor? Bien, ya que me lo pregunta, déjeme decirle que un brandy de esta antigüedad y calidad, merece ser apreciado. "Indudablemente señor, pero yo no soy un iniciado" Bien, pero puede aprender. "¿Encantado señor, podría usted indicarme los rudimentos básicos? "Por supuesto, dijo Talleyrand. Prime¬ro toma usted el vaso con toda la mano, lo calienta y lo bate un poco para que el destilado despida sus aromas. Enton¬ces, uno levanta la nariz y lo respira... "¿Y luego señor?" Y luego uno baja la copa y... conversa al respecto.
Aclaro yo que Talleyrand insinuó que se conversara de cual¬quier cosa menos de brandy.
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