Crónicas
Racimo 2, Uva 11: La mano de Maradona
Extraído del libro "A propósito del vino", disponible en librerías.
Así como las “imágenes país” pretenden buscar efectos positivos en el mercado exterior, sin pretenderlo, pueden causar el efecto contrario en el mundo del vino.
El conocimiento que los habitantes del llamado “Primer mundo” tienen respecto a los del “tercero”, es casi nulo, salvo en reducidos círculos cultos. Es lógico colegir que el fenómeno se manifiesta con mayor intensidad entre las personas que viven entre los “terceristas”, respecto a los distintos países que integran el grupo. En este campo, existen niveles tan altos de ignorancia que abisman.
Este esquema suele romperse cuando un país desconocido como el nuestro, genera personas y productos tan poco comunes como Salas o Zamorano, quienes, al igual que el vino chileno, son más conocidos que Chile. Lo expuesto es comparable con los héroes de algunas novelas que superan y opacan a sus autores. El público, en una alta proporción, conoce a Sherlock Holmes y a Robinson Crusoe, pero sus creadores, Conan Doyle y Daniel Defoe respectivamente, sólo están presentes en mentes muy cultas. ¿Quién es más conocido: El Quijote o Miguel de Cervantes?
En el grupo de los países vitivinícolas del Nuevo Mundo, donde estamos encasillados junto a Australia, Argentina y Sudáfrica, entre otros, lamentamos nuestra absoluta carencia de una imagen que nos represente. En realidad, si nos paramos delante de un espejo, no nos vemos ni nos ven en él. En cambio Australia nos apabulla con canguros, koalas y cocodrilo Dundee, al margen de ser una enorme isla que hasta las guaguas ubican en los mapas.
Por suerte ya se está agotando la majadera insistencia de representarnos a través de copihues y atuendos de huasos. Pero lo ingrato es que aún no se acierta con nada adecuado desde el punto de vista gráfico. Creo (lo vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo) que nuestra mejor imagen es la palabra Chile: breve, fácil de pronunciar y, el curioso hecho que sea sinónimo de ají en muchos países, la hace más recordable.
Pero así como las imágenes pretenden buscar efectos positivos, sin pretenderlo, causan el efecto contrario. Ejemplo de ello es lo que me relató un buen amigo empresario del vino:
“Al analizar con un especialista del mercado inglés el por qué el vino argentino se vende significativamente menos que el chileno, no recurrió a conceptos de calidad ni a una supuesta ojeriza motivada por la guerra de las Malvinas. Con mucha seguridad me indicó que la masa consumidora británica rechaza el vino argentino pues lo asocian con una imagen que quedó impresa en la mente de muchos: por el gol que con la mano Maradona le marcó a Inglaterra en el Campeonato Mundial de Fútbol de 1986 quien, además, muy irreverentemente, declaró que la mano no había sido suya sino que de Dios”.
Comparto plenamente la original opinión; después de todo, quienes consumen vinos, provienen mayoritariamente de las masas populares, obnubiladas por el fútbol, y no de las pequeñas elites preocupadas de la política internacional.
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