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Crónicas

Comprender el pasado

Comprender el pasado

Es válido mezclar los antecedentes que nos regala el pasado, compararlos con el presente y, con ambas fuentes, tratar de entender el futuro. Leslie Poles Hartley, escritor inglés, lo expresa muy acertadamente en una frase: "El pasado es un mundo extraño en el que la gente pensaba diferente".

Del aserto trascrito se pueden alcanzar varias conclusiones. La primera es no juzgar los hechos del pasado con el prisma del presente, pues casi todos los que hoy nos parecen erróneos, fueron resueltos por gente que "pensaba diferente" y que se desenvolvía en "un mundo extraño". La historiografía es la única ciencia autorizada para juzgar los hechos del pasado. De ello nace la expresión que señala "la historia lo juzgará".

En pocas palabras, por un rato me transformaré en narrador de algunos hechos que han quedado grabados en mi ser, relacionados con el vino chileno, cuando viví en un mundo extraño, avalado por más de 45 años a su vera.

Muy joven, con menos de 25 años, a comienzo de la década de los años 60, inicié mis funciones. Por entonces la actividad vitivinícola estaba orientada a lograr la mayor productividad por hectárea que fuese posible. Eran comunes viñedos conducidos en parronales, podas "huasca", altísimas cantidades de fertilizaciones nitrogenadas, abonos foliares, riegos con la mayor frecuencia posible y otros detalles conducentes a lograr altas productividades por unidad de superficie. Extraño país era Chile entonces si se usa el prisma actual. La búsqueda de la alta productividad unitaria era conducida por "gente que pensaba de otra manera". En "aquel país", en 1939, se dictó una ley que prohibió la plantación de nuevos viñedos. Por eso se buscaba la alta productividad, único camino para satisfacer el aumento de la demanda; la calidad del producto era un factor secundario, pues menos del 2% de la producción se vendía embotellada y apenas una cantidad parecida se exportaba.

Comprender el pasado

Durante los años 60 nos encontrábamos en la era de la Reforma Agraria, que se puso de moda con la llegada de Kennedy a la presidencia de Estados Unidos, y con la "Alianza para el Progreso", que condicionaba la ayuda al hecho de tener en marcha una legislación tendiente a lograrla. Los viticultores de entonces pensaban de otra manera y los gobernantes eran una amenaza para ellos. Frente a los problemas de comercialización, hubo una guerra de declaraciones por la prensa de los productores contra los distribuidores del vino elaborado o comerciantes mayoristas, los llamados catalanes de Vicuña Mackenna (casi todas sus bodegas se situaban en esa avenida).

En ese escenario, fácil es colegir que de tecnología vitivinícola casi no se hablaba y de inversiones en infraestructura, nada, ante una potencial expropiación. La maquinaria vitivinícola era anticuada y, necesariamente, sólo fabricada en Chile o en países de la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio). Todo era penosamente atrasado, si se compara con lo que estaba en boga en Australia, Estados Unidos y Europa. De la vasija vinaria valga recordar que por más de 60 años estuvo prohibida la importación de maderas nobles...

Chile era otro país, y la gente, incluidos los gobernantes, obviamente pensaban de otra manera. Gobernantes y gobernados tenían relaciones propias de enemigos. Y hay antecedentes para entender la conducta reformista de algunos sectores políticos de entonces, pues los agricultores mostraban muchos flancos de ineficiencia. Dos ejemplos quedaron marcados en mi mente. El administrador de una viña importante, consultado por mí si había iniciado las faenas de vendimia, me respondió sin pretender sorprenderme: "Ello se hará cuando el patrón termine sus vacaciones de verano". Otro: la más importante y selecta del viña del país tenía obreras para el lavado a mano de las botellas (eran retornables), y empleaban arena, para el enjuague final (año 1964).

Puedo afirmar, en consecuencia, que el pensamiento de Poles es completamente válido: Yo viví en un "mundo extraño" en el que, efectivamente, "la gente pensaba de otra manera". Felizmente, creo haberme adaptado al mundo actual.

Artículo original: www.cronistas.cl/articulo196_Comprender.html



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