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Crónicas

Racimo 2, Uva 9: Gracias California

Gracias California

En 1976, la situación económica chilena era muy difícil, pero los empresarios comenzaban a renacer. Entre ellos la empresa Wagner y Stein, propietaria de Viña San Pedro y Santa Helena, había adquirido a la Comunidad Bulnes Cerda, lo poco que quedaba de la gloriosa Viña Errázuriz Panquehue, recién rescatada de la reforma agraria. Para intentar "resucitarla" la empresa me ofreció afrontar el desafío, con poderes absolutos y sin apoyo financiero, "pues se trataba de un área de mi exclusiva incumbencia". La misión encomendada era crear una especie de viña "boutique", para lo cual debía además instalar en Santiago una oficina "elegante" y, por supuesto, tratar de producir buenos vinos. La acepté casi sin reflexionar; no estaba fuera de mis cabales, sólo me sobraba juventud, entusiasmo y audacia.

Terminó el primer mes de mi gestión y no lograba conseguir fondos ni siquiera para pagar la planilla de salarios de los pocos obreros que empleaba; pero salvé el bochorno. Por arte de magia apareció en mis oficinas Juan California, el rey de los gitanos, para ofrecerme un negocio: rescatar todos los saldos de cañerías y trozos de bronce y cobre que estaban dispersos en la bodega por "una suma alzada". Acepté de inmediato. El regateo con el personaje está dentro de mi bagaje de recuerdos insólitos. Pero ahora reconozco que si California hubiera sido mujer, le habría dado un beso; la oferta del "paisano" salvó las finanzas de la "empresa" y mi reputación ante mis subordinados.

Bajo mi tuición quedaba una verdadera joya arquitectónica tradicional, pero en estado ruinoso: la bodega inspirada y construida por Maximiano Errázuriz, tal vez la más bella de Chile. Estaba severamente afectada por el terremoto ocurrido en 1965. Era urgente repararla pues su casi carencia de techo no le permitiría soportar otro invierno. Lo logré (con enorme esfuerzo), y ello se inscribe dentro de mis más significativos recuerdos en torno al amor que tengo por el vino chileno.

En cuanto a suelos, disponía de 20 hectáreas, todos en laderas, doce descubiertas y ocho cubiertas por un naranjal improductivo y eucaliptos centenarios enormes. Logré plantar 18 hectáreas de viñedos en ladras y curvas de nivel, pues no disponía de riego tecnificado, (de esos suelos proviene el excelente vino Maximiano), previo complejo arranque de los árboles antiguos. Para ello logré la colaboración gratuita del Regimiento de San Felipe que, con diversas cargas de dinamita, consiguió desarraigarlos. Terminada la primera etapa, con sano orgullo invité a visitar "mi obra" a Guillermo Stein Morig, Presidente del "holding". Con mucha ansiedad esperaba de él, por lo menos, palabras de aliento; no fue así, pues no le gustó que hubiera derribado árboles centenarios. El hombre era muy germano y naturalista de nota.

Abrevio el relato: Errázuriz Panquehue, bajo mi exclusiva responsabilidad hasta 1980, alcanzó a vender en promedio superior cien mil botellas mensuales, partiendo de cero. Se exportaron vinos a Brasil y a Argentina, sin perjuicio de distribuirse en todos los supermercados y botillerías importantes de Santiago y Valparaíso. Hago presente, sin falsa modestia, que recibí ruinas y entregué una viña "hecha y derecha" a cuya gerencia renuncié cuando se anunció que el "holding" Wagner Stein se traspasaba al grupo español "Rumasa", (el de la abejita), del cual yo tenía pésimos antecedentes, que los porfiados hechos se encargaron muy pronto de confirmar. Hoy, Viña Errázuriz, magistralmente administrada y provista de generosos capitales es, al igual que a comienzos del siglo XX, una de las más importantes de Chile. Por razones obvias le guardo enorme cariño y por lo que hice por ella, creo merecer una modesta línea (no más), cuando se cuenta su historia.



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