Crónicas
Racimo 2, Uva 8: La magia del champagne
Extraído del libro "A propósito del vino", disponible en librerías.
El champagne es un vino espumoso, con denominación de origen, que se obtiene en la zona de Champagne, ubicada al norte de París. Sobre este gratísimo producto se han escrito versos, inspirado loas y formulado apreciaciones en una cantidad tal que superan, con creces, a la suma de las que han motivado todo el resto de los vinos que existen en la faz de la tierra.
Existen imitaciones del champagne genuino que van desde un modesto vino blanco, con agregado artificial de anhídrido carbónico, hasta muy elaborados procedimientos que reproducen, rigurosamente, los que se emplean en la bebida genuina. Tal vez, con la salvedad de algunas cavas españolas, las copias se tratan de procesos casi imposibles de ser exitosos y de ahí que ocurra, con estos intentos, algo comparable a nuestro popular "jurel tipo salmón".
El champagne envuelve una magia que nace a fines del siglo XVII, cuando el célebre monje ciego francés, Dom Perignon, lo inventa. Dicen las crónicas que cuando lo cató por primera vez corrió hasta donde se encontraban sus hermanos y eufórico gritaba: "Estoy bebiendo estrellas".
Al beber un sorbo de este vino se produce una inmediata sensación de cosquilleo fino y prudente, que induce a tragarlo rápido. Este hecho, unido a la circunstancia que su contenido de alcohol, al estar combinado con anhídrido carbónico, cataliza su introducción a nuestro flujo sanguíneo con una rapidez fulminante, determina que sea el vino obligado de las celebraciones bulliciosas de Año Nuevo, bautizos, matrimonios y cualquier expresión de alegría colectiva. A diferencia de un tranquilo vino tinto, el champagne no es apto para conversar (además, si el coloquio es largo, las gratas burbujas escapan).
Pero donde el champagne reina sin contrapeso es en las relaciones amorosas fugaces, las del amor "behind the door", pues su efecto erótico es, para muchos indiscutible e inmediato. Quien mejor grafica este hecho es Javier Domingo, notable e irreverente escritor español, especializado en vinos y gastronomía, quien en su libro El Vino Trago a Trago, dice textualmente:
"Claro que, salvo en un caso excepcional, el vino no es, afrodisíacamente hablando, inmediatamente operativo. En general, sus efectos se hacen sentir tras varias horas de haberlo consumido. Salvo en el caso excepcional del champagne o cava, que actúa inmediatamente. Si no ocurre así no le eche la culpa al vino sino a usted mismo. Si al liquidar una botella de un buen cava no se siente inmediatamente el incentivo del pecado y la atracción por cualquier falda o pantalón (eso opera rápidamente en los dos sexos) más inmediato, sin distinción de edad ni estética, es usted un caso perdido y más vale que se la corte o que eche cerrojo".
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