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Crónicas

Racimo 2, Uva 3: La utilidad de los esnobs

A propósito del vino

Todas las expresiones humanas calificadas como cultas son realmente apreciadas por una mínima parte de la población. Se trata de una especie de pirámide, pues mientras más arriba subimos, más pequeños son los espacios.

Valga este breve preámbulo para señalar algunos ejemplos. Cuando se celebra un concierto de música muy docta, ejecutadas por celebridades, las entradas son muy caras. De ahí que asisten quienes pueden solventar estos gastos y son adictos a lo realmente selecto. Pero, como las personas que reúnen esta conjunción de valores son escasas, normalmente se suman a la concurrencia los esnobs, es decir aquellos que nada saben pero pretenden de cultos y se “pegan” soberanas latas, pues desean “ser vistos”. Se puede afirmar que el ejemplo expuesto ocurre en virtualmente todas las expresiones artísticas, literarias y, por supuesto, culinarias y vinícolas.

En, “mi” campo, los esnobs se presentan al momento de elegir y consumir vinos de elite. Se trata de aquellos que quieren impresionar expresando nombres rimbombantes y respaldados por una firme billetera pagan precios, algunas veces, exorbitantes por ellos.

¿Qué porcentaje de los bebedores de vinos finos es capaz de apreciar o detectar que un vino de treinta mil pesos por botella es diez veces superior a otro de tres mil? No me atrevo a dar cifras, pero presumo que es ínfimo.

Afirmo: la celebración de actividades artísticas de primera línea y la elaboración de vinos de elite, merece mi más estruendoso aplauso y los esnobs también. Sin la existencia de ellos no podríamos financiar “El Anillo de los Nibelungos” en el Teatro Municipal (hay que ser harto “gallo”, para oírse este “anillito” completo) ni elaborar los llamados vinos premium, caros, bien caros, que realmente valen la pena beberlos, si el bolsillo lo permite y el paladar los aprecia.

Para terminar vaya una anécdota. Un buen amigo me contó que en Asia presenció a una pareja de magnates en pleno desafío para determinar cuál quebraba más botellas de vino ultra sofisticadas y de gran precio, en menos rato. Bonita y extraña manera de fomentar y premiar a los de estos vinos de elite, con una demanda marginal. Tal vez sería bueno convidar gente así a Chile. Nos abriría un campo más amplio para el progreso del vino chileno y de paso, quienes tenemos bolsillos “normales”, saldríamos indirectamente beneficiados al generarse un campo de producción rentable, con una demanda marginal forzada.

¡Viva la teoría del chorreo!



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