Crónicas
Racimo 2, Uva 2: Cuidado con los abstemios
Extraído del libro "A propósito del vino", disponible en librerías.
Recuerdo desde mi juventud un pasaje del libro titulado La Esfera y la Cruz del célebre escritor inglés Gilberth Keith Chesterton, que jamás se me ha olvidado: dicho personaje de las letras señala, después de varias consideraciones, su desconfianza, en términos generales, respecto de los abstemios. Para él, quienes no beben, tienen claros temores de ser sinceros, muchas veces por razones inconfesables, o bien son excesivamente reservados, lo que estaría muy cerca del egoísmo.
Lo expuesto por Chesterton lo respaldan numerosos dichos célebres que me permito reproducir: tal vez el más profundo sea un pasaje de Don Quijote de la Mancha, donde aconseja a Sancho, “Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”. Respalda a Cervantes un antiquísimo aforismo castellano que dice: “Donde el vino entra la verdad sale”. Cierro esta revisión con una opinión de García Lorca cuando cierta vez, al señalar una botella de vino, exclamó “¡Cuanta conversación hay allí dentro!”
No está de más formular algunas excepciones. Es plenamente aceptable que existan abstemios entre los ex alcohólicos, quienes merecen todo respeto y apoyo, como también los que, por otras razones médicas, no deben ingerir alcohol e incluso deben ser respetados quienes, sencillamente, abominan de él. Finalmente, tampoco merecen reparos quienes no beben por razones religiosas.
Lo que se debe buscar es un justo equilibrio respecto al cual San Agustín formula en Confesiones una recomendación muy práctica, que merece ser referida: “Las riendas del apetito de comer y beber se han de gobernar de modo que no aflojen mucho ni se tiren demasiado”.
En otras palabras más directas, es preciso recordar también que el exceso o la inmoderación en el beber transforma al ser humano en un espécimen desagradable, el “curadito”, quien no sólo expone todo lo que no sabe ni debe decir sino que además, literalmente molesta. Pero quienes beben vino moderadamente, además de experimentar ellos mismos momentos gratos, transmiten igual sensación a sus contertulios. Al respecto el escritor gastronómico español Javier Domingo, en uno de sus libros, reseña que toda mujer inteligente es capaz de intuir al bebedor moderado y conversador quien siempre es rodeado por ellas.
Finalmente, insisto en conceptos que muchas veces he referido. El vino bien bebido (moderadamente) no solo suelta la lengua, sino que también los sentimientos nobles. Quienes tienen la suerte de poseerlos pueden beber sin temor. Los que encierran la desgracia de guardar odios, rencores o temores, deben tener cuidado pues el consejo de Quijote a Sancho y el aforismo castellano, reproducidos al comienzo, sin duda que funcionan y con mucha fuerza.
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