Crónicas
Uva 2: Estética y vino
Extraído del libro "A propósito del vino", disponible en librerías.
La estética se define como “ciencia que trata de la belleza”. Por lo tanto el vino y su entorno son promotores y sujetos muy activos de esta noble ciencia.
Para comenzar con la cadena que genera al vino, empiezo con las vides o parras. Al respecto, no me cabe duda alguna, que Vivaldi se inspiró en ellas para componer sus inmortales “Cuatro Estacio¬nes”. En efecto, al iniciar su obra con el invierno, evoca notas de una desnudez digna, con visos de majestuosidad trascendente, más válido aún, cuando se trata de plantas añosas. La primavera, al estallar (como dice Neruda) otorga a través de los viñedos, una muestra de verdor que anuncia vida des¬pués de la muerte invernal. El verano es una expresión de lujuria cromática, com¬plementada entre el verde intenso de la vida plena y los diferentes colores de los racimos en proceso de maduración. Final¬mente, el otoño entrega el fruto a través de parras que semejan una sinfonía poli cromática que parte del verde, seguido de tonos amarillos, distintas variables de café y, en algunos casos tonalidades rojizas, como si el vino tratara de abrazarse en sus hojas, que se preparan para el más allá. Al seguir con la cadena propuesta, resulta redundante elogiar la belleza de las bode¬gas tradicionales antiguas y en especial sus subterráneos. Pero vayan loas para los arquitectos de hoy quienes nos regalan con instalaciones que complementan la funcionalidad con la belleza. Esta calidad es válida en el Chile actual, donde hay muchos ejemplos de construcciones recién hechas (no especifico, para no dejar ninguna sin mencionar), que mueven a elogios.
Las barricas nuevas de madera son una muestra de elementos decorativos y estéticos por definición, aunque desgraciadamente se abusa de ellas para estos fines, debido a su indiscriminado uso. Las antiguas cubas de madera, son bellas, pero condenadas a desaparecer, pues han sido reemplazadas por las de acero inoxidable, metal que a pesar de su natural frialdad, envuelve una belleza asimilable a muchas expresiones nobles de las artes plásticas modernistas.
Las botellas para vinos son también muestras estéticas maravillosas que han soportado, a través de los años, reiteradas intenciones de atentar contra su natural belleza. Básicamente, sus respectivas estructuras son las mismas definidas en el siglo XVII y coinciden con los vinos originarios de la región de donde proceden. Aunque hay estilizaciones contemporáneas aceptables, quienes han osado crear nuevas figuras han caído en el fracaso o el descrédito. Lo mismo vale para sus colores ¿le gustan las botellas azules? Las etiquetas constituyen un amplio campo para honrar y deshonrar la estética. Dan para toda clase de expresiones, colores, tamaños y formas. En mi opinión, las botellas chilenas carecen de personalidad propia y, casi sin excepciones, son burdas imitaciones de las europeas y californianas. Tendrán que pasar varias décadas antes que seamos capaces de tener una imagen propia. Lamentablemente, no se trata del único ejemplo que nos rodea.
Para terminar, vaya un homenaje a la notable misión estética de las hojas de parras, todas distintas según sea la variedad de vid de que se trate. En efecto, tuvieron la noble y exclusiva función, según casi todos los ilustradores de la Biblia, de cubrir las partes pudendas de Adán y Eva, en el paraíso terrenal.
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