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Crónicas

Entrevista:
Encuentro con un hombre notable

Rodrigo Alvarado

El profesor y agrónomo Rodrigo Alvarado es un hombre que ha hecho mucho bien al mundo del vino, en particular al chileno. Con "46 años en torno al vino", fue presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos Enólogos, ha sido Gerente de cuatro viñas, Premio al Mérito Vitivinícola (1987), Personalidad del Mundo del vino (2003), Premio a la Trayectoria (2005) entre otros. Su vida ciertamente no deja indiferente al amante del vino. Con el don de su buena pluma ha escrito mas de 8 libros en los cuales nos ha enseñado (grandes y jóvenes por igual) a acercarnos al misterio del vino. Quisimos hablar con él y conocer en persona al hombre detrás de la crónica.

Amablemente nos recibió en su departamento donde vive con su esposa. Lo primero que me impresionó es la entereza de este hombre al recibirnos, pese al parkinson que padece. Una enfermedad que él mismo dice "lo tiene bien complicado". Pero el vino es su pasión, y como buen amante de él se distiende y relaja unos momentos mientras conversamos en torno a esta bebida. Una de sus primeras palabras cuando comenzamos la conversación están marcadas de su característica ironía y sentido del humor: "Con el tiempo soy mucho más escritor que enólogo, soy intelectual frustrado, enólogo que nunca ha hecho un vino". Su esfuerzo siempre ha sido "ser lo más abierto posible, lo menos rebuscado, usar la menor cantidad de frases" al momento de escribir sobre el vino. Y hoy, pese a autodefinirse como "retirado, pero siempre con el prurito de escribir", mantiene fielmente su columna en la CAV.

Se siente alagado cuando le decimos cuan deudores somos de su obra. ¿Y cómo no?, sumado a sus libros están las cientos de crónicas que ha escrito, como en la desaparecida Revista Diners Club en donde fue el primero en Chile en hablar con conocimiento de causa y un sano sentido pedagógico sobre el vino. Un Chile que en la década del 80 apenas sabía distinguir entre "tinto" y "blanco". Como él precisa "fui el primer columnista crítico del vino. Nunca fui un incondicional del vino". Algo que ciertamente tuvo -y tiene aún- un valor pedagógico. Con humor recuerda cómo un conocido le hizo ver que "yo enseñé a la gente a tomar".

¿Cómo se formó este destacado cronista? ¿Cómo nació su amor por el vino? Al preguntarle, nos traslada a sus años de infancia y juventud. Recuerda que en su hogar siempre estuvo rodeado de un ambiente humanista. De hecho su madre, la Sra. Silvia Moore fue poetisa y ganadora del Premio Municipal de Poesía en 1946. "Se respiraba mucha cultura en mi casa". También reconoce que su colegio, el Saint George's College tuvo "buenos profesores de castellano e historia" y pasaron por las aulas del colegio personajes importantes para el Chile humanista como "Armando Uribe y Carlos Ruiz Tagle".

Aunque ni él sabe bien el por qué, al entrar a la universidad decidió estudiar agronomía. Luego, la vida se encargó de ponerlo en "los caminos del vino" al postular como profesor asistente en enología en 1961. Tal como él explica, "ahí empecé a descubrir el vino." Sin embargo, la faceta de "escribidor" fue descubierta por el publicista Mario Fonseca, "él me descubrió como escritor". Luego de su primer libro, Chile, Tierra del vino, Fonseca le obligó a escribir columnas sobre vino en la recién aparecida revista Mundo Diners.

Ahora estamos en pleno siglo XXI y como él mismo reconoce, "el vino se ha hecho más culto que la gente". ¿Qué significa eso? Muy simple: el vino chileno ha mejorado. Luego de la llegada de Miguel Torres a nuestro país hubo un cambio radical, a juicio del profesor Alvarado, en el modo en que se producía vino en Chile. La tecnología contribuyó favorablemente en la calidad de nuestro vino. Por eso, ahora el vino es más complejo, "está tan perfeccionado, llegando a niveles que realmente son difíciles de apreciar por gente que no tiene cultura", y por ende, no se revela en su nueva faceta a quienes lo beben por moda o a granel . Baco es caprichoso y por ende, hay una necesidad urgente a no quedarnos con lo puramente snob. El profesor Alvarado piensa un momento al respecto y nos recuerda, cual un profeta, uno de sus tantos escritos en donde señala la "necesidad de contar con snobs", pues "sin ellos no es posible hacer cultura", una suerte de mal necesario. En este sentido la tarea no está terminada, se trata de "propagar el cántico del fruto" citando, como le gusta hacerlo, los versos de Neruda. Una tarea que él asume vitalmente, "mi razón de ser en estos momentos, en lo poco que me queda de vida". Con una sana envidia reconoce que "los argentinos nos llevan ventaja en esto de escribir sobre historia del vino". Y es cierto, sus librerías poseen más variedad de producción nacional sobre el tema. Al otro lado de la cordillera, es bueno recordarlo, se respira más cultura y eso no es un asunto de gusto: es un hecho.

Libro: Chile, Tierra del Vino

Cuando conversamos sobre la situación actual del vino chileno muestra su lado más patriótico. "Chile es el mejor lugar del mundo para hacer vinos, ¡lejos!". Lo dice con convicción de agrónomo y con intuición poética. "Un país que tiene un clima tan uniforme, tan bueno, con diferencias térmicas tan adecuadas, como Chile, es tierra del vino como dice mi primer libro (Chile, Tierra del Vino. 1982)" y no tiene nada que envidiarle a los franceses y sus terroirs. Pero, en el momento en que me hago partícipe de su entusiasmo me acota, "pero los australianos nos han superado". En efecto, "en el 2000 estuvimos empatados con ellos, pero ahora ya no. Hay que aprender de Australia". En este sentido la industria vitivinícola tiene también trabajo pendiente, porque muestra que nada esta dicho aún en el mundo del vino. En este sentido el profesor Alvarado me hace ver que hoy falta ver más pasión en los enólogos cuando le pregunto por la excesiva rotación que vemos entre viñas. "Es como los jugadores de fútbol" -acota con sentido del humor-. Los enólogos "tienen que casarse con el vino, a la antigua, sin divorcio". Por otra parte, él reconoce que se ha producido un cambio enorme en el consumidor. "en el caso del vino, quién iba a pensar que la gente hoy en día paga. La elite paga más por el vino que por el whiskey".

Pese a toda esta trayectoria, él mismo reconoce con humildad que "soy un simple recopilador de antecedentes y analista (...) soy un romántico del vino, no soy un científico de la historia". Según él, "lo que hay disponible, en información en antecedentes y en análisis son toneladas de toneladas de cosas." De aquí que se reconozca como cronista, a secas, "porque el cronista habla lo que quiera, lo que siente. No tiene que rendir cuenta de fuentes o de academicismos muchas veces inútiles." Y es que en el fondo para el profesor Alvarado, él no ha hecho más que consultar hasta donde ha podido en el vasto campo que es la historia.

Mientras conducimos de vuelta hacia nuestro hogar voy rumiando las palabras del profesor Alvarado, pensando en todo lo que ha compartido esta tarde con nosotros. Es que en el fondo el enólogo poeta aspira lo mínimo para su obra, "que en alguna parte se supiera que hice algo por el vino y que fui distinto. No tengo un alma gemela en mi campo que pueda reemplazarme. Si tuvieran que escribir mi epitafio, diría: el hombre que amó el vino por estimarlo como un congénere que sin duda alguna es de origen divino". De pronto, en plena Avda. Kennedy un taco enorme turba mi tranquilidad. En mi mente vuelven a sonar sus palabras: "en Chile, con el Transantiago, con gente que está extenuada (...) no creo que se llegue con ganas de tomar a la casa vino. El tipo que salía de su pega en el centro y se iba al Bar Nacional a jugar un dominó con tres amigos a tomarse una botella de vino. Eso ya nadie". "El vino es una bebida para conversarla".

Entrevista original:
www.lacavadebaco.cl//index.php?option=com_content&task=view&id=42&Itemid=3

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