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Crónicas

La Vitivincultura Silenciosa

Es recomendable, aunque sea esporádicamente, salirse de los caminos pavimentados como también de los llamados "barrios acomodados", para conocer la verdadera realidad nacional. No se trata de mirar "el patio de atrás", ni tampoco de resaltar lo que no es exclusivamente hermoso y edificante. El objetivo es tender a alcanzar una cultura de la verdad integral, que es la éticamente correcta. Me atrevo a agregar, sin temor, que dicha actitud respecto a la vitivinicultura chilena casi no existe, tal vez por ignorancia, o por ser un reflejo de la exacerbación nacional, en todos los estratos y actividades sociales, que induce a mirar y admirar sólo lo "lindo" y exitoso que, de cierta manera, nos enceguece.

De acuerdo a los antecedentes actualizados hasta 2005, en Chile hay plantadas 114.448 has con viñedos destinadas a la producción de vinos. Dentro de ellas existen 25.816 has que son de secano, ubicadas en su casi totalidad en Maule (12.181 has), especialmente en la Comuna de Cauquenes y en diferentes comunas de la Octava Región (Concepción con12.381 has) Hasta antes del ajuste automático, que se registró a partir de 1975, la superficie de estos viñedos superaban las 60.000 has. Su paulatino reemplazo por plantaciones de pino insigne, las redujo a la extensión actual, que se ha estabilizado por no existir otra alternativa económicamente viable para reemplazarlas.

Estos viñedos en su gran mayoría están constituidos por la cepa País, (8.775 has en Maule y 5.713 en la VIII Región) en el caso de las variedades tintas. Moscatel de Alejandría, también llamada Italia, respecto a las cepas blancas, que se encuentran fundamentalmente en la VIII región con 5.705 has. Al sumar las cifras expuestas y restarlas del total, se concluye que sólo 5.523 has están plantadas con variedades distintas a las dos mayoritarias. Ambas son cepas cuyos vinos lamentablemente no califican, salvo escasas excepciones para ser considerados como aptos para competir en el mercado internacional. Por lo tanto, su destino es el consumo nacional, fundamentalmente regional y en una proporción importante satisfacer el autoconsumo. También debe tenerse en cuenta que la productividad unitaria de estos viñedos, por no recibir riego artificial y estar plantados, generalmente en suelos de baja fertilidad, alcanzan niveles de productividad unitaria que llegan apenas a un tercio del que se obtiene en la viticultura regada.

Esta integrante de la vitivinicultura chilena y por ende también de nuestra en realidad, poco o nada tiene que ver con la regada de la zona central y menos aún con las llamadas Viñas exportadoras modernas, provistas de bellísimas bodegas y tecnologías de última generación. Pero existen diferencias aún más marcadas; mientras el total nacional registrado de propietarios de viñedos llega a 13.844 personas (o roles) las 25.816 has de secano reúnen a 7.609 propietarios. (1.190 en Cauquenes y 6.419 en la VIII Región) Ello significa que mientras el promedio nacional de la extensión de los viñedos llega a 8,26 has por productor, en el secano es apenas es de 3,39 has. Pero lo expuesto es aún más drástico; ocurre que la gran mayoría de estas micro viñas están subdivididas, de hecho, entre parientes. En efecto, por ser virtualmente indivisibles dado sus pequeños tamaños, ocurre que al fallecer los jefes de familias los herederos, muy comúnmente acuerdan subdividírselas por hileras, e incluso por un determinado número de parras.

Detrás de esta realidad hay otras más desconocidas aún; la producción de la gran mayoría de las uvas que se obtienen son auto consumidas, salvo excepciones como la importante Cooperativa de Cauquenes y otras medianas empresas como Viña San Francisco que opera en Quillón ( VIII Región ) y muy esporádicamente compradores de las Viñas de la zona central cuando la producción nacional es escasa. La realidad expuesta condiciona la existencia de la llamadas "viñas cantinas", es decir mini viticultores que poseen instalaciones arcaicas para producir preferentemente chichas y en menor proporción vinos, productos que son auto consumidos o expendidos al vecindario. Dada la estructura expuesta la acción de las entidades fiscalizadoras como el SAG o el Servicio de Impuestos Internos, con la anuencia de todos los gobiernos que yo he conocido, sin excepción alguna, han observado y observan la doctrina de la "vista gorda".

Conociendo la realidad social que se esconde detrás de lo relatado, no obstante también haber sido y ser sujetos de muchos esfuerzos técnicos permanentes, también de todos los gobiernos por organizar el sector, existen algunos casos positivos y plausibles que han permitido superar el sub desarrollo relatado, pero la gran mayoría se desenvuelve aún según pautas que provienen de la era colonial y que resulta de hecho imposible modificar, sin generar un descalabro económico social. Chile dispone pues de una vitivinicultura silenciosa cuyos cultores no lloran sus penas; no son motivo de reportajes periodísticos escritos ni gráficos. Estoy seguro que, salvo los lugareños, muy pocos en Chile tiene alguna referencia de los viñedos de secano. Es el momento de enmendar el desinterés, pues se trata de una parte de nuestra desarrollada vitivinicultura chilena que aún no alcanza ese nivel.

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