Crónicas
Bodas de Plata, Rodrigo Ortega
Fue enólogo de pura casualidad. Cuando joven, lo suyo era la ganadería. Pero la pasión por las letras heredada de su madre y sus estudios de agronomía le picaron el bichito de escribir sobre vinos. De su primera obra han pasado 25 años. Y entremedio, una montonera de trabajos más. Por eso hemos querido soplar las velas de sus bodas de plata: Chile, Tierra del Vino. El primer hijo editorial de Rodrigo Alvarado. Un ejemplar que se ha convertido en un verdadero clásico para los más neófitos y también para los más mateos que quieren indagar sobre el vino. Un libro de guarda que tienen que tener sí o sí al lado de su cava.
La historia partió el año 82. Una fecha que Rodrigo Alvarado recuerda como si fuera ayer. Ya se ha dicho tantas veces. A finales de los 70 y comienzos de los 80, la industria cojeaba en medio de una crisis económica y no tenía mucho que mostrar. Por eso mismo le pregunto, qué diablos le pasó por la cabeza que le dieron ganas de escribir un libro. Suena casi heroico en un contexto tan difícil. Me contesta que fue parte del desafío y que los enólogos en esa época sabían todo lo que tenían que hacer. No había ni maquinaria ni tecnología, ni menos capitales para desarrollar la industria. El punto de inflexión lo marcó Miguel Torres. Fue el pilar. Y así empezó una renovación y un traspaso de conocimientos, y con ello el primer escalón de la escalera, nos comenta.
El texto en particular nació como idea de su amigo Mario Fonseca, que le pidió que escribiera un libro como regalo institucional para el extinto Banco del Trabajo. Al igual que Francisco Coloane con "El último grumete de la Baquedano", en 15 días terminó la obra. La diferencia es que no se vendió ni un mísero ejemplar a público. Los cinco mil que se imprimieron se repartieron todos. Cosas que pasan con los héroes que escriben libros.
Bueno, hay que recordar que era una época sin denominaciones de origen ni decretos 464. Los vinos se clasificaban como corrientes y de marca. Nada más. Es algo que a nosotros puede resultarnos mínimo y lejano, pero hay que haberlo vivido para saberlo. Por eso la enciclopedia Alvarado valora el avance que ha tenido la industria desde el año 62. "Es increíble –nos comenta–. Yo me acuerdo que fui invitado a Estados Unidos el 74. Y era una diferencia monstruosa. Hoy esa diferencia no existe. E incluso en Chile hay bodegas con sistemas más modernos. Una cierta ventaja, porque partimos después. Es como los nuevos ricos con auto nuevo, que dejan al vecino con el auto pasado de moda", precisa.
Explicar lo que era el vino Después del golpe militar vino una crisis espantosa, nos comenta. La cesantía fue enorme en los 80. Ahí se dedicó a escribir. Y los temas que se tocaban no eran como los de hoy. De lo que se hablaba entonces era explicar lo que era el vino. Los temas no eran tan específicos como hoy, nos explica. El único referente por esos años era el profesor de la Universidad Católica Alejandro Hernández. Un par de años después también apareció el crítico gastronómico César Fredes y otro periodista llamado Juan Gana. Era la tímida movida editorial por esos años.
Alvarado es de una generación en que la enología era otra cosa. Donde los ramos de agronomía eran nada que ver con los de hoy día. Había cosas tan bizarras como construcción de establos, junto a otros clásicos, como viticultura, fruticultura y lechería. Él prefirió la ganadería. "Era lo que me gustaba", recuerda. Hasta que vio en el diario un aviso en que pedían agrónomos con buena redacción. Ahí se metió a trabajar a una bodega, y de ahí en adelante su obsesión por escribir no se detuvo más. Sin conocer ninguna tecnología gramatical, recuerda. Como enólogo trabajó en el área de uva de mesa, pero en sus ratos libres llegó a escribir cerca de 115 artículos para la también desaparecida revista Mundo Diners, y, entremedio, más de algún dolor de cabeza con Hernán Maino en la Editorial Origo. Alvarado no es muy amigo de las tijeras y las ediciones, así que, editorialmente, es un hueso duro de roer.
"Lo que a mí me ha llamado la atención es que este libro tiene 25 años, y marcó la pauta en la industria del vino. Y en general nadie ha valorado eso. Es un clásico por todas las cosas que han pasado", dice. Si volviera a escribirlo, le pregunto, qué le sacaría, y me contesta que lo dejaría igual. ¡Vaya respuesta!
Le hago la pregunta pesada. ¿Qué opina de los libros hoy en día? Me comenta que cada uno tiene su estilo, pero que a veces parece haber mucho de lo mismo. Hace falta un libro algo más novedoso. Por eso ya está en su nuevo proyecto sobre la Historia Enológica de Chile. Desde la Colonia hasta nuestros días. Bueno, es su tema. Un apasionado con la historia y con los libros, que claramente no piensa en hacerse rico. "Esto no es ningún negocio. Creo que todavía estoy debiendo plata", dice.
Ver artículo original:
www.cronistas.cl/articulo91_Bodas_plata.html
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