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Crónicas

Brindemos por los brindis, Revista La Cav, 8.2007

Brindemos

La expresión brindar se refiere al acto de beber por la salud y prosperidad de la persona a quien se le ofrece un brindis. También, por el buen éxito de cualquier actividad o empresa humana desarrollada individual o colectivamente. Los historiadores lo relacionan, directamente, con la muy antigua costumbre, entre casi todas las civilizaciones primitivas, de ofrecer bebidas alcohólicas, especialmente vino tinto, como sacrificios incruentos a sus dioses.

En las religiones de las eras civilizadas, se encuentran reiteradas menciones al hecho de brindar y su relación con las deidades. Dos de las tres monoteístas nos ofrecen significativos ejemplos: La Biblia, Salmo CXVI, 12 y 13, expresa: "¿Qué puedo ofrecer al Señor por todas sus bondades hacia mí?". "Levantaré la copa de la salvación y la ofreceré en su nombre".

Varios siglos antes de la era cristiana, los invitados a una fiesta judía bebían por la salud de uno o más comensales expresando, generalmente a gritos, la fórmula hebrea lekhayyim, que significa por tu salud y por la vida.

Orígenes del brindis

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La expresión brindis tiene raíces muy diferentes en los distintos idiomas pues, prácticamente, casi no hay relaciones fonéticas respecto a ella. Los angloparlantes emplean la voz toast, originada en una palabra latina que, obviamente, significa pan tostado; era costumbre mezclar el vino con trozos de estos panes dentro de las copas, con el fin de mejorar su aroma. Originalmente la expresión se empleaba para brindis vulgares en honor de mujeres de dudosa reputación, hasta fines del siglo XVII. Pero, a continuación evolucionó con mucha fuerza para llegar a ser una elegante palabra que se emplea, sin variaciones hasta nuestros días, para referirse al brindis, en todos los círculos sociales.

Marcial, poeta latino del siglo I d.C., escribió muchos comentarios amenos referidos a la forma de tomar de entonces. Uno de ellos era el de "beberse los nombres". Consistía en la obligación de libar una copa llena por cada letra que componía el nombre de la persona homenajeada. Por ejemplo, "Lía", tres copas, "Esteban", ¡siete copas! Y así sucesivamente; mientras más extensos los nombres de los sujetos, más voluminosos los montos bebidos.

Brindemos

Un antiguo poema latino relata cómo los godos, al beber en grupos, expresaban la palabra eils que derivó a heil y después a health, expresión que significa salud, incorporada al idioma inglés por lo sajones. Entre los escandinavos, la costumbre es que los brindis sean muy formales; los buenos deseos se manifiestan con la palabra skoal, antigua expresión nórdica que significa copón en todos los idiomas de Escandinavia. En esos países la costumbre indica que el vino y otras bebidas alcohólicas sólo deben ser probados cuando el anfitrión ofrece el brindis inicial. Entonces los huéspedes levantan sus copas y simultáneamente miran a todos los presentes, acto que se repite después sin las solemnidades iniciales.

Los franceses denominan los brindis como santé, recordando así que lo esencial es beber siempre en pro de la salud de alguien. Cuando se comenzó a generalizar el consumo de destilados y vinos fortificados se acostumbró emplear la expresión trinquer, palabra derivada de la voz normanda drinc o drink. El idioma alemán tiene la misma raíz para el verbo trinken (beber), pero los teutones cuando levantan las copas para brindar dicen prosit, palabra de origen latino.

En este recuento se ha dejado para el final expresión brindar de nuestro idioma, de la que deriva la palabra brindis. Los especializados en etimología no se ponen de acuerdo, pero goza de más adeptos atribuir su origen en la voz alemana bringen, que significa ofrecer.

La costumbre de chocar las copas

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El brindis es la más elemental y práctica de las costumbres sociales para otorgar solemnidad a un acto o, simplemente, para reunirse y beber en conjunto. La práctica de hacer chocar las copas, que genera un grato sonido, similar al tañido de campanas, es parte esencial del brindis, pues dicho sonido, según la tradición, expulsa a los malos espíritus, especialmente a Satanás.

En esferas oficiales, sobre todo en las comidas que se ofrecen entre primeros mandatarios, el brindis es parte obligada del protocolo vigente, con el agregado de un breve discurso que debe expresar el anfitrión en honor del huésped, y éste a su vez responderlo.

Los estadounidenses han generalizado la costumbre de brindar en casi todas las reuniones sociales formales. El anfitrión debe expresar un brindis "original". Para satisfacer estas originalidades, asidos a su peculiar pragmatismo, disponen de varios libros, escritos por distintos autores, que contienen brindis aptos para cada ocasión, desde un simple cumpleaños hasta la inauguración de plantas nucleares. Uno de los libros relativos al tema ofrece 1.300 diferentes alternativas.

En Chile el brindis formal es poco común, tal vez consecuencia de nuestra sobriedad (lamentablemente en retirada) y del generalizado e intenso temor al ridículo que nos caracteriza. Por ello, decir ¡salud! con cierta solemnidad al invitar a beber se ha transformado en una costumbre casi desaparecida. En cambio se ha impuesto el chocante, cursi y de mal gusto uso de la expresión ¡salucita!, reflejo de nuestra criticable tendencia a emplear diminutivos. Sacan la cara por Chile los brindis folclóricos desarrollados especialmente por los payadores. Existe una excelente recopilación de los clásicos, en el notable libro de Ismael Espinoza titulado Coplas del vino chileno, verdadera antología de la Lira chilena, página rústica, periódica, de divulgación popular, que circuló profusamente a principios del siglo pasado.

Formas de brindar

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En torno a la forma de brindar existen muchas variantes. Tal vez la más curiosa sea la de los marinos, quienes la realizan sentados. Existen dos versiones que explican el origen de esta singular costumbre: una la atribuye al hecho de que el soberano inglés Guillermo IV (el rey navegante), al ponerse de pie para ofrecer un brindis durante una ceremonia solemne a bordo, se golpeó fuertemente la cabeza en un techo muy bajo, propio de las naves de aquellos años. Para solidarizar con él, la marina inglesa dispuso que los brindis, en lo sucesivo, fueran sentados, tanto a bordo como en tierra.

La otra sugiere que el rey Jorge IV, conocido como "Prinny", sufría de intensos mareos a bordo, lo que le imposibilitaba ponerse de pie y por lo tanto no le era posible brindar con dignidad. La costumbre fue asimilada y respetada por casi todas las marinas del mundo, hasta hoy. Se acepta faltar a ella sólo cuando el marino de mayor antigüedad o jerarquía, presente en un brindis, menciona la frase "en posición de árbol", la que obliga a brindar de pie.

Oreste Plath, el notable escritor chileno, que rescató gran parte de nuestras costumbres ancestrales, en su libro Epopeya del roto chileno señala: "En lo que se refiere a la bebida, a los españoles los ponía calentones, y no podía faltar el brindis a la flamenca, que era bullicioso. Los cronistas siguen afirmando que don Pedro de Valdivia recibió por esto una amonestación del rey. El brindis flamenco, tan bullanguero y novedoso, consistía en beber en cadena, con los brazos enlazados a la altura del codo, y bebiendo ‘al "seco’, es decir, hasta secar las copas. Y este tipo de brindis está vivo en el pueblo chileno".

Brindis con humor y picardía

Los brindis demuestran ser excelentes alternativas para expresar buen humor e ingenio. Al respecto se reproducen algunos que se han convertido en célebres:

James Walker, alcalde de Nueva York, pronunció el siguiente, al cumplirse el segundo año de la muerte de George Washington: "En memoria del hombre que supo ser el primero en la guerra, el primero en la paz y el primero en el corazón de los ciudadanos". Pero animado por el vino, Walker añadió: "Y lo que no comprendo es cómo, gustándole tanto ser primero en todo, se casó con una viuda…".

Mauricio Wiesenthal, célebre escritor español contemporáneo, nos deleita con el siguiente relato: "Conocí a un viejo bebedor y mejor comensal que se caracterizaba por su ingenio en los brindis. Acudió un día invitado a la mesa de un pedante, que había hecho fortuna componiendo canciones románticas que eran un sucedáneo de la sacarina, y pronunció un brindis escalofriante: ‘¡Levanto mi copa por las mujeres de los dos hemisferios!’. El viejo aristócrata saboreó impávidamente el vino; luego alzó su copa y… deshizo el equívoco: ‘¡Pues yo brindo por los dos hemisferios de las mujeres!’".

El brindis de La Traviata

Brindemos

Tal vez el brindis más popular es el de la famosa ópera La Traviata de Giuseppe Verdi, incluido en el Acto I. Resulta difícil encontrar a alguien que desconozca el célebre pasaje musical, aunque haya tenido una superficial relación con la música docta. Pero es muy raro que alguien sepa en que consiste el texto de dicho brindis, escrito por Francesco María Piave. A continuación se salva el vacío:

Alfredo: Bebamos alegremente de este vaso / resplandeciente de belleza / y que la hora efímera / se embriague de deleite. /Bebamos con el dulce estremecimiento / que el amor despierta, / puesto que estos bellos ojos / nos atraviesan el corazón. / Bebamos porque el vino / avivará los besos del amor.

Todos: Bebamos porque el vino/ avivará los besos del amor.

Violeta: Yo quiero compartir / mi alegría con todos vosotros; / todo en la vida es locura / salvo el placer. / Alegrémonos, / el amor es rápido y fugitivo. / Es una flor que nace y muere / y del cual no siempre se puede disfrutar. / Alegrémonos pues una voz encantadora / ferviente, nos invita.

Todos: ¡Alegrémonos! El vino y los cantos / y las risas embellecen la noche; / y que el nuevo día / nos devolverá el paraíso.

En relación con los brindis operáticos, existe otro notable, conocido entre los iniciados en el tema. Se trata de la ópera El holandés errante de Richard Wagner. En la escena primera del Acto III, los marineros de dos barcos se ofrecen brindis de muy diferente contenido. Una de esas tripulaciones es la del buque fantasma del holandés.

Un brindis en honor del vino chileno

Guardando las correspondientes distancias respecto a los brindis expuestos, se ha estimado pertinente reproducir uno del autor de esta crónica:

"¡Brindo por el vino chileno. / Por el trabajador que plantó la vid, / la mano femenina que cortó la uva / y el enólogo que la vio nacer! / ¡Por el sol y la tierra que unidos / junto con el agua y los desvelos del hombre, / nos dan con regular estacionalidad la uva, / compendio de sucesivos milagros de la naturaleza, / cuyo jugo por obra y gracia de la voluntad divina, / expresada a través de microscópicas levaduras, / se transforma en vino, bebida cercana a lo sublime. / Brindo un vino de honor, en honor del vino: ¡Del vino chileno!

Para cerrar estas consideraciones sobre el brindis, se exponen a continuación algunas elucubraciones:

Brindemos

Decir ¡salud! al brindar a muchos nos resulta incómodo. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la expresión obedece a un ancestral origen lógico y válido, similar por ejemplo, a dar la mano para saludar, que proviene de la costumbre de demostrar que se está desarmado. Al brindar y decir "salud" se invoca al mayor bien que se puede desear a un ser humano. En la trilogía de las bondades (salud, dinero y amor), ésta ocupa el primer lugar, porque, además de ser la más importante, es la única que resulta aceptable mencionar. Los problemas de dinero son de un materialismo puro y los del amor, absolutamente privados. Además, al decir la palabra "salud", no sólo debemos entenderla desde el punto de vista físico. Ella también comprende a un estado de gracia espiritual y, según los creyentes, nada menos que la salvación del alma. Resulta por lo tanto, explicable que Jesús haya elegido al vino como un medio tangible del camino espiritual que marcó para redimirnos. (Para quienes creemos en Él, la Última Cena es sin duda alguna el más trascendental brindis de la historia.)

Brindar un vino de honor es una iniciativa plausible, porque sirve para cimentar un homenaje con la bebida más eximia jamás creada. Ser receptor de ese honor es convertirse en sujeto de gloria, buena reputación, consecuencia de poseer cualidades sobresalientes y ser depositario de acciones meritorias. El vino es, por ende, honorable, por ser un medio para honrar. Se honra con él porque, además, es lejos la bebida que ha inspirado una mayor cantidad de expresiones nobles de los seres humanos, como lo son las obras de arte poéticas, musicales y plásticas, referidas a él, entre otras.

Es la bebida de nuestra cultura, la que, según Homero, enciende la llama del entendimiento.

Link: Artículo Original en cronistas.cl
http://www.cronistas.cl/articulo75_Brindemos_brindis.html

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