Biografías
Francisco R. Undurraga, Fundador de la Viña Undurraga
(Entrevista realizada en 1936)
MEMORIA DE OCHENTA AÑOS DE DON FRANCISCO RAMON UNDURRAGA VICUÑA
La propiedad Viña Santa Ana, antes llamada de San Vicente de Talagante, la compré en remate público, en el año 1882, en la suma de ciento cincuenta y siete mil quinientos pesos, sin viña plantada. El nombre de Santa Ana se lo puse en honor de mi esposa doña Ana Fernández Iñiguez.
Antes era este predio de don José María Rozas, que lo había heredado de su antepasado don Juan Martínez de Rozas, como se sabe, muy amigo de O´Higgins, quien iba frecuentemente al fundo. Las casas patronales ya estaban construidas en este fundo. Existe un busto de mármol del prócer chileno el cual se encuentra todavía en el parque de las casas del fundo Santa Ana y que se caracteriza por ser el único busto de O´Higgins de civil. Hay también unos medallones de cerámica, de la familia Martínez de Rozas.
Encargué a M. Dubois, conocido paisajista francés, que había sido contratado por el gobierno chileno para arreglar varios parques públicos tales como el parque Forestal de Santiago, el diseño y plantación del parque de la viña. Muchos de los árboles de este parque datan de esa fecha, 1885 tales como las palmeras, encinas y araucarias.
Tuvo mucho interés por este fundo la señora Isidora Goyenechea de Cousiño, distinguida dama que me ofreció a ganar cien mil pesos, pues llegó tarde al remate y deseaba que trabajara allí su hijo Arturo Cousiño Goyenechea, mi amigo.
La viña la planté el año 1885 y tuvo primeramente 30 cuadras. Dirigió los trabajos de plantación M. Pressac, técnico agrónomo de la Quinta Normal de Agricultura y, personalmente acompañado de él, hice con barreta los hoyos para las primeras plantas. Después se siguieron los demás cuarteles hasta que se enteraron una cincuenta y cinco hectáreas. El fundo rematado tenía en todo doscientas cincuenta cuadras. Parte de la superficie de viñas se han ido renovando por parcialidades en años posteriores.
Las Bodegas como la cubería, se construyeron por un plano de las de Panquehue de don Maximiano Errázuriz, incluyendo subterráneos. Pocas bodegas de esa época tenían subterráneos. Después fueron agrandadas y modernizadas con turbina propia que produjo la luz eléctrica y se siguieron haciendo todos los adelantos y aplicando los medios modernos de la vitivinicultura hasta quedar en el pie que tienen en la actualidad.
El primer viñatero, M. Dalbaie, que hizo una fortuna a mi servicio, invirtiendo sus economías en terrenos en los alrededores de Talagante, aun siendo bodeguero mío, efectuó un viaje a Europa y trajo, por mi cuenta, los últimos y nuevos procedimientos de la industria vinícola.
Ordené ejecutar los trabajos para sacar el agua de un canal cercano y producir la fuerza motriz necesaria para la bodega y esto me ahorró una suma no inferior a diez mil pesos. Hoy día, además de la turbina propia, se ocupa parte de la luz eléctrica de Santiago, que pasa por el frente de las casas del fundo, aprovechándose para los trabajos vinícolas y también en los agrícolas del campo para el alumbrado de casas y del parque.
Todo los productos de la viña son muy conocidos y recomendados en el mercado, vino Cabernet, Semillón blanco y Pinot.
Pero el vino de mayor resonancia, del que merece ser explicada toda su laboriosa gestación es el Rhin Undurraga.
Al efectuarse la compra de vagones, carros y locomotoras que hice para el Gobierno de Chile, como Consejero en visita de los Ferrocarriles del Estado, adquirí de duelas de roble de Bosnia y Herzegovina en que venían acuñados desde Europa, todos estos equipos ferroviarios. Esta madera es de primera clase, muy olorosa y el aroma de la viruta de roble de Bosnia da al vino una fragancia especial, andando el tiempo, como ninguna otra madera la tiene, de exquisitez y bouquet de primera clase. Por esto se usa par las vasijas de oporto y jerez y llegan después de su uso en grandes bodegas a tener un precio subidísimo.
Conocedor de esto y de que estas duelas iban a ser vendidas par leña, le ofrecí comprárselas al capitán del barco, pero las vendía a un precio demasiado alto. Le ofrecí entonces, algo que creí razonable, pero me repuso que a ese precio las dejaría para combustible del buque. Y, conversando le dije: “Mandemos buscar donde Larios Hnos. dos duelas”, y con ellas a la vista le expliqué que cada una de ellas salían cuatro de las de él, que eran a simple vista más delgadas que las que le mostraba. “Tiene razón, señor, me contestó. Se las voy a dar al precio de combustible, que Ud. me ofrece”, y se las compré todas en diez mil pesos.
Las vasijas me la hizo el famosos tonelero Perromau. Recuerdo haberle regalado un cierto número de estas duelas a mi amigo Julio Segundo Zegers, quien destiló un poco de oporto, el más rico que se ha hecho en Chile.
He dicho, en otra parte de estas reminiscencias, que el primer vino del Rhin estaba embotellado y listo par beberlo, cuando di el paseo al Duque de los Abruzzos por el año 1896.
La plantación del Rhin la traje en sarmientos de Bonn, Francfort, Coblenza y Colonia, durante el viaje que hice con el Vizconde de Porto Seguro, como Secretario al Congreso Estadístico de Estocolmo, cuando era estudiante de la Sapienza.
Las plantas venían en tubo refrigerados par evitar que se brotara al paso de línea. Una hectárea de Rhin se alcanzó a plantar con estas cepas auténticas del Rhin europeo, y las reproducciones que se hicieron de año en año, posteriormente, enteraron las hectáreas actuales de Rhin Undurraga, excepto los cuarteles destinados a Cabernet y Pinot, que forman el resto de la viña.
La plantación de Rhin dio cosecha a los tres años y se guardó en vasijas hechas con las duelas de roble de Bosnia y Herzogovina, entregándose a la venta siete años después.
El primer pedido de vino del extranjero fue una partida de mil cajones que me compró el Gerente General de Grace y Cía. Mr Ear, con la obligación de distribuirlo en todos los Estados Unidos. Esto ocurría por el año 1903, y en ese tiempo el valor de cada cajón, puesto en estación era de veinte pesos moneda corriente.
La segunda partida grande de vino al extranjero, fue la que compró el Duque de los Abruzzos, de 25 cajones.
Las ventas tanto en Chile como en los Estados Unidos y Japón, en los últimos tiempos fueron subiendo paulatinamente de año en año. El precio durante este siglo ha fluctuado por el cajón de Rhin Undurraga, entre veinte peso los primeros años y hoy día ciento treinta pesos, puesto en Santa Ana. Pero es preciso tener presente, que partidas extras escogidas de Rhin, han merecido sobreprecios extraordinarios hasta de trescientos pesos por cajón.
El Presidente Montt, el año 1910, cuando se trasladó a Buenos Aires con motivo del Centenario argentino, llevó en uno de los buques de la Escuadra que solemnizaron las fiestas mayas, doscientos cajones para los festejos y regalos del caso. Fue entonces, muy apreciado el Rhin Undurraga, haciendo el Ministro de Obras Públicas argentino, Dr. Ramos Mejía, grandes elogios de su aroma y sabor en un brindis oficial, dada la suprema calidad y exquisitez de este producto chileno, lo que mereció que en la Exposición Internacional de Buenos Aires, fuera ese brindis, un aliento y una segura esperanza de obtener como lo obtuvo, nuestro Rhin de Santa Ana, el Premio Nacional con el escudo argentino, cuyo emblema está en todas las etiquetas del Vino Rhin. Además ha merecido premios y honrosos diplomas, medalla de oro en el Exposición de Chicago, pero la que me complació más que ninguna y he estimado más, es la medalla de oro que obtuvo en la exposición de Bruselas logrado entre mil y tantas clases tipo Rhin, en una ciudad que dista 7 horas de la zona autentica del Rhin en Europa. Otro galardón se obtuvo en la Exposición Universal de Sevilla para el Rhin el premio mundial.
(Texto copiado de las memorias de don Francisco Ramón Undurraga Vicuña nacido en 1855 en Santiago de Chile y fallecido el año 1948)
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